viernes, 1 de marzo de 2013

Memorias líquidas (y telegráficas) de Enric González

"Estoy convencido de que un periodista gana fiabilidad si vive como vive la mayoría de la gente. Desplazarse en metro o autobús y comer menús baratos ayuda a saber lo que pasa en la calle y vacuna contra el mal típico del político, del ejecutivo y del periodista acomodado: el aislamiento en comunidades endogámicas que miran desde arriba al resto de los ciudadanos y los ven como números, porcentajes y estadísticas". / "Me parece que un periodista ha de leer como si le fuera la vida en ello, porque le va la vida en ello".
Enric González
Memorias líquidas
Jot Down Books, 2013
   «Me sentaba junto a Arcadi Espada, con quien ya me había cruzado allá por el pleistoceno, cuando él trabajaba en el Noticiero y yo en el Correu. Arcadi había sido incorporado a El País por Xavier Vidal-Folch para renovar un poco la gama de columnistas en la última página y elevar el nivel de las crónicas en el cuadernillo catalán, que ya contaba con firmas tan excelentes como la de Jacinto Antón o Agustí Fancelli. Un tipo como Arcadi, capaz de parir una pieza titulada Llegan los Reyes Magos, según fuentes municipales, hace falta en cualquier periódico.
   Me pareció percibir que Arcadi no gozaba de muchas simpatías en la redacción barcelonesa. Eso podría atribuirse a su carácter difícil, puñetero y puntualmente insufrible. También podría atribuirse, sin embargo, a lo difícil que resulta encajar en El País cualquier "cuerpo extraño" que piense distinto y actúe distinto. Arcadi Espada y Hermann Tertsch encarnan, en mi opinión, la resistencia del periódico a aceptar lo que dentro del "intelectual colectivo" vendrían a representar posiciones heterodoxas o, dicho con peor gusto, disidentes.» (pp. 134-135)

4 comentarios:

la sargenta dijo...

"Lo que más me cabrea –y termino- es que el libro ya está escrito y publicado. Qué no hubiera sacado un buen editor de este material. Se coge el texto; se lo poda y se lo adecenta; luego se sienta al autor en una mesa y látigo en mano –como cuenta él que hacía algunos de los jefes de redacción que tuvo en Barcelona- se le obliga a desarrollar algunos episodios y a describir mejor otros; se le añaden datos históricos que permitan al lector situarse en la época en que ocurren los hechos (si este libro lo coge mi nieto , no se entera de nada); se le añade sal y pimienta… bueno, pimienta no, que ya lleva demasiada; se le coloca una portada decente (que con esta de tela parece más el libro de firmas de una boda apresurada) y se pone a la venta con un precio más decente." [+]

Elena dijo...

Y aunque las opiniones de la Patrulla de salvación hace tiempo que dejaron de interesarme, creo que esta vez tienen algo de razón.

Aun así, yo he disfrutado leyéndolo tanto como lo hice con las anteriores historias de Enric. Quizás este texto es más superficial y sabe a poco, pero -como me dijo ayer otro Enric- solo pretendía ser un CV.

porlatangente dijo...

Elena, Enric Gonzalez tiene fama de ser un periodista excelente, pero este libro me lo ahorraré por dos motivos: el primero es la revista Jotdown- se vende como revista cultural y sinceramente parece la Man. Su explicación por mail ante semejante desproporción hombre/mujer fue patética pq ya no refleja la realidad en el ámbito cultural y me parece que no es de recibo. Así que no espero gran cosa a nivel editorial... cosa que la Sargento me lo confirma.
el segundo: este texto que me pones del metro y los menús no lo entiendo. El 99% de periodistas que conozco son mileuristas y viven como el resto de la gente (o peor, según se compare). De hecho, sus condiciones laborales explicaría en parte la caída en picado de la calidad de estos medios. Así que ese tono paternalista me parece fuera de lugar y suena a falsa humildad. Quema mucho ser periodista y mucho ni necesitan largate a Ruanda para darse cuenta.
X lo demás, ¡a ver si nos vemos!

Elena dijo...

Cierto es, Tangente, que desde el punto de vista de su edición el libro es nefasto, excepción hecha de las ilustraciones de Oriol Malet. A mí -con todos los respetos póstumos- el libro me recuerda a las entrañables (1) autoediciones que se hacía nuestro amigo Angelo Gutt.

Siento decir que no me había fijado en la patética desproporción hombre/mujer ente los colaboradores de Jot Down, pero tienes razón en que no refleja el mundo real. La verdad es que el JD solo lo leo cuando hay alguna firma que me interese y, aparte de alguna gloriosa (para mí) entrevista, a ellos debo el descubrimiento de la serie OZ (que tantos inolvidables momentos carcelarios no ha proporcionado).

En cuanto a esos comentarios de Enric González sobre los periodistas, creo que se refería a una época y unos personajes que ya no existen.

(I wish) See you soon.

(1) y mira que odio esa palabra!