lunes, 30 de abril de 2018

La vida de las hormigas, de Maurice Maeterlinck

Maurice Maeterlinck (1862-1949)
LA VIDA DE LAS HORMIGAS
[ La vie des fourmis, 1930]
Trad. (de 1946) J. Campo Moreno
Ariel, 2018 - 192 págs. - inicio
[una traducción actual no le habría venido mal]
«Cada hembra tiene cinco o seis esposos que se lleva a veces en su vuelo, y que guardan turno, después de lo cual, derribados al suelo, perecen al cabo de unas horas. La hembra fecundada desciende, buscando albergue entre la hierba, se desprende de las cuatro alas, que caen a sus pies como un traje de novia cuando termina la fiesta; se limpia el coselete y se pone a escarbar el suelo para encerrarse en un cuarto subterráneo y ver de fundar en él una colonia nueva. La fundación de la colonia, que muy a menudo acaba desastrosamente, es uno de los episodios más patéticos y mas heroicos de la vida de los insectos.

La que acaso llegue a ser madre de un pueblo innumerable, se hunde en la tierra, y allí se arregla una cárcel estrecha. No dispone de más víveres que los que lleva consigo, es decir, de los del buche social: un poco de rocío meloso, su carne y sus músculos, sobre todo, los poderosos músculos de sus alas sacrificadas, que acaban por ser completamente absorbidos. En su sepultura no entra nada mas que un poco de humedad procedente de las lluvias y acaso de misteriosos efluvios, cuya naturaleza se ignora todavía. Allí espera que se realice la misteriosa obra. Por fin se reparten en torno suyo unos cuantos huevecillos. A poco, de uno sale una larva que teje su capullo; añádense a los primeros otros huevecillos, de los que salen otras larvas. ¿Quién las alimenta? No puede ser nadie más que la madre, puesto que la celda está cerrada para todo, excepto para la humedad. Ya lleva enterrada cinco o seis meses, y no puede más; se ha convertido en un esqueleto. Entonces empieza la espantosa tragedia. A punto de morir de una muerte que aniquilaría de un solo golpe el porvenir en preparación, se resuelve la hormiga a comerse uno o dos de sus huevos, lo cual le da fuerzas para poner tres o cuatro, o se resigna a ronzar una de las larvas, y esto le permite, merced a las aportaciones imponderables, cuya composición nos es desconocida, criar y nutrir a otras dos, y así, de infanticidio en alumbramiento, y de alumbramiento en infanticidio, dando tres pasos hacia delante y retrocediendo dos, pero aventajando siempre a la muerte, se desarrolla el fúnebre drama durante cerca de un año, hasta que se forman dos o tres obreritas débiles por haber sido mal alimentadas desde que estuvieron en el huevo, y ellas son las que perforan las paredes del in pace o, mejor dicho, del in dolore, y salen al exterior en busca de los primeros víveres, para llevárselos a su madre. Desde ese momento deja ésta de trabajar, no se ocupa en nada, ni hace otra cosa que poner huevos hasta que se muere. Se ha acabado la época heroica; al hambre tan prolongada sustituyen la abundancia y la prosperidad; la cárcel se ensancha, convirtiéndose en un pueblo que, de año en año, se extiende más bajo tierra, y la Naturaleza, acabada ya una de sus jugadas más crueles y más inexplicables, se va más lejos, para repetir el mismo experimento, cuya moral y cuya utilidad no comprendemos todavía.

Acerca de estas génesis puede hacerse una observación muy interesante respecto a la herencia y a las ideas innatas. He aquí una hembra que antes del vuelo nupcial ni había salido, ni había tomado parte nunca en los trabajos del hormiguero. De la noche a la mañana, en su sepulcro, donde nada puede entrar, sabe todos los oficios sin haber aprendido ninguno. Excava la tierra, hace habitaciones en ella, nutre a sus huevos y a sus larvas, abre el cascarón de las ninfas; en una palabra: aunque está provista de útiles menos perfectos que los de las obreras, consigue hacer lo mismo que ellas. ¿No es esto, como dije antes, el alma colectiva y difusa de la ciudad, que quiere que cada célula de las que la constituyen, aun estando separada de ella, la lleve toda en su ser y continúe la vida de la comunidad en el tiempo y en el espacio, como si se tratase de la existencia de un ser único que todo lo sabe y no ha de morirse hasta que la Tierra se muera?» (págs. 52-54)


Maurice Maeterlinck visto por Narciso Ibáñez Serrador
(Un escritor en busca de empleo, de la serie El Premio, TVE 1968)

jueves, 26 de abril de 2018

No sabes lo que me cuesta escribir esto, de Olivia Rueda

Olivia Rueda
NO SABES LO QUE ME CUESTA ESCRIBIR ESTO
Blackie Books, 2018 - 216 págs.
Olivia en Páginas Dos de TVE
[interesante ejercicio de superación]
«Entro en la librería Abacus con Mariajo. Ella no compra nada, yo sí. Dublinesca, de Enrique Vila-Matas. Desde que he dejado el trabajo (bueno, el trabajo me ha dejado a mí, ya no puedo hacerlo) leo más. Leer mola porque, entre otras cosas, es una actividad solitaria. No requiere comunicarse con los demás, que es lo que más me sigue costando. Leyendo a veces me voy lejos y me olvido por un rato de todo lo que me ha pasado, y solo cuando levanto la vista de la página vuelvo a recordar que ya no soy la Olivia de antes. Ojalá pudiera vivir leyendo. [...] Empiezo el libro de Vila-Matas, uno de mis autores favoritos. Sus frases te sorprenden. Sus palabras no son góticas ni enrevesadas, pero las conclusiones te deslumbran. No tengo prisa. Sigo avanzando. En mi cabeza los textos pasan rápidamente, como el telepromter que usan los presentadores de la tele para leer las noticias. [...] Yo, ahora, leo rápido: “Pertenece a la cada vez más rara estirpe de los editores cultos, literarios.” Me quedan las palabras “pertenece”, “rara”, “editores”, “literarios”. Estas palabras son las más importantes, pero me olvido del relleno, me dejo las palabras como “a”, “la”, “ya”, “más”... para leer como siemre, rápidamente. Tengo que leer más tranquila. Mejorará con la práctica.» (págs. 166 y 171)

lunes, 23 de abril de 2018

El arte de la ficción, de James Salter

James Salter (1925-2015)
EL ARTE DE LA FICCIÓN
[The Art of Fiction, 2016]
Trad. Eugenia Vázquez Nacarino
Salamandra, 2018 - 112 págs. - inicio
Lecciones de escritura, prólogo de AMM
[delicioso rato de lectura]
«Leo por el placer de leer. Ya no tengo ni siento ninguna obligación de leer nada, aunque hay ciertos libros que me gustaría leer antes de morir, por razones difíciles de expresar. Si no, de alguna manera me sentiría incompleto, no del todo preparado. Me gustaría leer Las hermanas Makioka, de Junichirō Tanizaki. Quiero leer la Trilogía transilvana, de Miklós Bánffy, y Los sonámbulos, de Hermann Broch. Me veo leyendo al final como Edmund Wilson poco antes de morir aprendía hebreo con botellas de oxígeno al pie de la cama. [...]
    Nunca he llegado a tener afinidad ni a sentirme realmente cómodo con personas que no leen o que nunca han leído. Para mí es un requisito esencial. De lo contrario echo en falta algo, amplitud de miras, noción de la historia, una sintonía compartida. Los libros son contraseñas. El cine es demasiado simple. Quizá me equivoque. Una vez estaba en un bar ruidoso, en mi ciudad, y un hombre se acercó y me dijo algo que no alcancé a oír, así que se inclinó un poco más y repitió: «¿Qué le parece Neruda?» La verdad es que yo no tenía una opinión sobre Neruda, pero me resultó simpá­tico aquel intento llano de entablar amistad. Leí a Neruda después, algo que tal vez no habría hecho, o apenas.
    Es imposible leerlo todo. Por más leída que sea una persona, siempre habrá muchos libros, tanto fundamentales como menos reconocidos, que no ha leído, que debería leer o, como dice un amigo bibliófilo, Jacques Bonnet, que leerá en algún momento. Y luego uno siempre topa con escritores que suenan interesantes y de los que no había oído hablar. Fue por Bonnet que leí a Nagai Kafū, «Una extraña historia al este del río», y a dos o tres escritores más. Hay demasiado que leer y siempre lo habrá.
    Los libros que he leído y he disfrutado los recuerdo bastante bien, y con esos autores desarrollo una especie de vínculo [...] » (págs. 20-21)
[LIBROS QUE LLEVAN A LIBROS] Marguerite Duras, El amante :: Balzac, El pobre Goriot :: Junichiro Tanizaki, Las hermanas Makioka :: Miklós Bánffy, Trilogía transilvana :: Hermann Broch, Los sonámbulos :: Nagai Kafü, Una extraña historia al este del río :: Robert Phelps, The Literary Life :: Colette, Paraíso terrenal :: Isaak Bábel, Cuentos :: Guy de Maupassant, Bola de sebo :: Schiller, Sobre poesía ingenua y poesía sentimental :: Gustave Flaubert, Madame Bovary :: Jack Kerouac, La ciudad y el campo :: Willa Cather, Mi Ántonia :: E.M. Forster, Aspectos de la novela :: Sherezade, Las mil y una noches :: Vladimir, Nabokov, Lolita :: Ernest Hemingway, Adiós a las armas :: Malcolm Lowry, Bajo el volcán :: Voltaire, Candido :: Theodore Dreiser, Nuestra hermana Carrie :: Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche, Muerte a crédito :: J.D. Salinger, El guardián entre el centeno :: Paul Léautaud, Diario literario :: Scott Fitgerald, El gran Gatsby :: Thomas Mann, La montaña mágicaLos BuddenbrokMuerte en Venecia :: John O'Hara, Cita en Samarra :: Truman Capote, A sangre fría :: Saul Bellow, Las aventuras de Augie March :: William Kennedy, "Legs" Diamond :: Joe Heller, Trampa 22 :: James Jones, De aquí a la eternidad :: Harper Lee, Matar a un ruiseñor :: Lawrence Durrell, Cuarteto  de Alejandría :: Winston Churchill, Mi juventud. Autobiografía :: V.S. Naipaul :: William Faulkner :: Thomas Wolfe :: [+]

jueves, 19 de abril de 2018

Biblioteca bizarra, de Eduardo Halfon

Eduardo Halfon (Guatemala, 1971)
BIBLIOTECA BIZARRA (ejemplar 0293)
Jekyll & Jill, 2018 - 120 págs.
[pequeño pero matón; lo único bizarro es la portada;
a Deborahlibros también le ha encantado]
«Un año después empecé a trabajar en la universidad —primero como asistente, luego como profesor de letras—, mientras al mismo tiempo, tímida y secretamente, intentaba escribir ya mis primeros cuentos. Todos muy malos, claro. Quería escribir un cuento entero antes de poder escribir una buena oración. Aún no entendía que teclear no es escribir, que escribir está mucho más cercano a la música, a respirar, a caminar sobre el agua. Pero tenía hambre de aprender, y tuve la suerte de encontrarme con los instructores correctos, en especial con dos: Ernesto Loukota y Osvaldo Salazar, ambos filósofos y colegas míos en la universidad. Ernesto Loukota me enseñó la artesanía del lenguaje. Me pedía que escribiera una línea sobre algo —un árbol, un perro, una silla— y al día siguiente nos juntábamos en la universidad para comentar esa línea, su gramática y puntuación. Luego él me asignaba otra línea sobre otra cosa para el día siguiente. Y así. Una sola línea, todos los días. Como si fuera nuestro propio ejercicio zen. Pasó al menos un mes antes de que me permitiera escribir dos líneas. Osvaldo Salazar, en cambio, me enseñó a ser mi propio lector. De vez en cuando, yo le entregaba alguna cosa que había escrito, y la estudiábamos juntos, la desmenuzábamos, editábamos no su lenguaje, sino su estructura, su desarrollo y sus temas y su contenido en general. Si Ernesto Loukota me enseñó la artesanía del lenguaje, Osvaldo Salazar me enseñó cómo ser mi propio y más exigente lector.

Biblioteca bizarra en la pizarra de la librería Nollegiu de Barcelona
      Yo pasaba aquellos días dando clases, y leyendo libros al igual que un viciado, y aprendiendo a escribir como si mi vida dependiese de ello (quizás mi vida sí dependía de ello), y antes de darme cuenta ya había publicado mi primer libro. Así nomás. Casi por accidente. Me había tropezado con los libros, y luego había caído en la escritura. Pero algo finalmente me empezaba a hacer sentido, sobre mí mismo, sobre mi país. Y entonces llegó un salvadoreño endiablado y me dijo que huyera de Guatemala lo más pronto posible.» (págs. 101-102)

domingo, 15 de abril de 2018

El orden del día, de Éric Vuillard

Éric Vuillard (Lyon, 1968)
EL ORDEN DEL DÍA
[L'ordre du jour, 2017]
Trad. Javier Albiñana Serain
Tusquets, 2018 - 144 págs. - inicio
[la (intra)historia contada de otra manera]
«Y lo que vio, lo que emergió lentamente de las sombras, eran decenas de miles de cadáveres, los trabajadores forzados, aquellos que las SS habían suministrado para sus fábricas. Surgían de la nada.
    Durante años había reclutado deportados en Buchenwald, en Flossenbürg, en Ravensbrück, en Sachsenhausen, en Auschwitz y en muchos otros campos. La esperanza de vida de esos deportados era de unos meses. Si el prisionero escapaba a las enfermedades infecciosas, moría literalmente de hambre. Pero Krupp no fue el único en emplear tales servicios. También sus comparsas de la reunión del 20 de febrero se beneficiaron de ellos; tras las pasiones criminales y las gesticulaciones políticas, sus intereses obtenían provecho. La guerra había resultado rentable. Bayer utilizó mano de obra procedente de Mauthausen. BMW reclutaba en Dachau, en Papenburg, en Sachsenhausen, en Natzweiler-Struthof y en Buchenwald. Daimler en Schirmeck. IG Farben en Dora-Mittelbau, en Gross-Rosen, en Sachsenhausen, en Buchenwald, en Ravensbrück, en Dachau, en Mauthausen, y explotaba una gigantesca fábrica en el campo de Auschwitz: IG Auschwitz, que de un modo totalmente impúdico figura con ese nombre en el organigrama de la firma. Agfa reclutaba en Dachau. Shell en Neuengamme. Schneider en Buchenwald. Telefunken en Gross-Rosen y Siemens en Buchenwald, en Flossenbürg, en Neuengamme, en Gross-Rosen y en Auschwitz. Todo el mundo se había abalanzado sobre una mano de obra tan barata. Por lo tanto, no es Gustav quien alucina esa noche, en plena cena familiar; son Bertha y su hijo los que no quieren ver. Porque están ahí, en la oscuridad, todos esos muertos.
    De seiscientos deportados que llegaron en 1943 a las fábricas Krupp, un año después sólo quedaban veinte. Uno de los últimos actos oficiales de Gustav, antes de que pasara las riendas a su hijo, fue la creación del Berthawerk, una fábrica concentracionaria con el nombre de su mujer; sería una suerte de homenaje. Vivían allí negros de mugre, infestados de piojos, caminando cinco kilómetros tanto en invierno como en verano calzados con simples zuecos para ir del campo a la fábrica y de la fábrica al campo. Los despertaban a las cuatro y media, flanqueados por guardias SS y perros adiestrados, los golpeaban y torturaban. En cuanto a la comida de la noche, duraba a veces dos horas; no porque se tardase ese tiempo en comer, sino porque había que esperar; no había suficientes tazones para servir la sopa.» (págs. 137-138)

lunes, 9 de abril de 2018

La ciudad solitaria, de Olivia Laing

Olivia Laing (Reino Unido, 1977)
LA CIUDAD SOLITARIA
Aventuras en el arte de estar solo

[The Lonely City, Adventures in the Art of Being Alone, 2017]
Trad. de Catalina Martínez Muñoz
Capitán Swing, 2017 - 288 págs. - bibl. vila de gracia

[un recorrido por la soledad propia y de Edward Hopper, Andy Warhol, David Worjnarowicz, Henry Danger y Klaus Nomi en Nueva York, que a Maira Herrero le ha gustado mucho, y lo explica]
«Josh Harris era un emprendedor en Internet, el chico del puro que simboliza los excesos de Silicon Alley, el nombre con que se conoce a las industrias digitales que proliferaron en Nueva York a finales del siglo XX. En 1986, cuando tenía veintiséis años, fundó la empresa Jupiter Communications, la primera compañía de investigación de mercado en Internet. En 1988, la empresa salió a bolsa y Harris se hizo millonario. Seis años más tarde fundó una red de televisión pionera en Internet, Pseudo, que ofrecía numerosos canales de entretenimiento para todos los gustos y distintas subculturas, desde el hip hop y el juego a canales eróticos: la misma panoplia de comunidades que hoy sigue colonizando la Red.
    Años antes de que existieran las redes sociales, antes de Facebook (2004) y Twitter (2006), antes de Grindr (2009), ChatRoulette (2009), Snapchat (2002), MySpace (2003) y Second Life (2003), por no hablar de la banda ancha que los hizo viables, Harris comprendió que el atractivo más poderoso de Internet no iba a ser el intercambio de información, sino el espacio de relación que ofrecía. Previó desde el principio que abriría el apetito de entretenimiento interactivo y que la gente estaría dispuesta a pagar mucho dinero para participar en el mundo virtual.
    Lo que intento decir es que Harris predijo la función social de Internet, que intuyó en cierto modo el poder de la soledad como fuerza motriz. Comprendió la intensidad del anhelo de contacto y atención, además de sus contrapartidas: el miedo a la intimidad y la necesidad de pantallas de todas clases. Como dice en el documental We Live in Public: «Si tengo determinado estado de ánimo y estoy bloqueado con mi familia o mis amigos, el remedio para mí son los mundos virtuales», una afirmación que hoy parece obvia, pero que en 1990 hizo gracia y causó perplejidad, cuando no se tachó directamente de ridícula.» (pág. 206)


Klaus Nomi interpreta The Cold Song, de Henry Purcell

jueves, 5 de abril de 2018

Las manos de los maestros, de J.M. Coetzee

J.M. Coetzee
LAS MANOS DE
LOS MAESTROS

Ensayos selectos I, 224 págs - inicio
Ensayos selectos II, 240 págs - inicio
Trad. Javier Calvo, E. Hojman, P. Tena...
Random House, 2016
Biblioteca Lesseps

· RN, El Cultural
· JAGS, ABC
· LgM, Babelia
· [diverso y brillante]

[de LA AUTOBIOGRAFÍA DE DORIS LESSING]
«La idea de que las que guían el rumbo de la historia son corrientes más profundas que la consciencia —una idea que ilustra, de un modo algo excéntrico, su hipótesis de la existencia de un ritmo profundo— es recurrente en la autobiografía de Lessing; de hecho, el giro desde una concepción de la historia marxista y materialista ya se había sugerido simbólicamente en Al final de la tormenta, donde Martha sueña con un enorme saurio, fosilizado pero aún vivo, que la mira con pesar desde un abismo terrenal, un poder arcaico que no se extinguirá. Uno de los problemas que plantea el actual proyecto autobiográfico —un problema del que ella es consciente— es que la ficción cuenta con mejores recursos para manejar fuerzas inconscientes que el autoanálisis discursivo. Las exploraciones más satisfactorias que ella misma ha realizado sobre los estratos históricos de la psique se encuentran en El cuaderno dorado y en la visionaria narración simbólico-alegórica Memorias de una superviviente (en la que, por cierto, ella trata de reposicionarse a sí misma como madre de una hija antes que como hija de una madre). Así pues, una vez recorridas tres cuartas partes del proyecto actual, en su condición de novelista y no de memorialista, pronuncia un conciso veredicto sobre este: "No hay duda de que la ficción hace que la verdad sea más realista".» (págs. 130-131, vol. I)
∗ ∗ ∗
[de EL JOVEN BECKETT]
«Fue hasta cierto punto producto del azar que el irlandés Samuel Beckett terminara su vida siendo uno de los maestros de las letras francesas modernas. De niño lo mandaron a una escuela bilingüe francesa e inglesa no porque sus padres lo quisieran preparar para una carrera literaria, sino por el prestigio social del francés. [...] Una de las preguntas recurrentes acerca de Beckett es por qué cambió su idioma literario principal del inglés al francés. Sobre esta cuestión hay un documento muy revelador, una carta que escribió en alemán a un joven llamado Axel Kaun [...] A Kaun le describe el lenguaje como un velo que el escritor moderno necesita rasgar si quiere alcanzar lo que hay detrás, por mucho que lo que haya detrás únicamente pueda ser silencio y vacío. En este sentido los escritores llevan retraso respecto a los pintores y músicos (Beckett señala a Beethoven, por ejemplo, y los silencios de sus partituras). Gertrude Stein, con su estilo verbal minimalista, va por el buen camino, mientras que Joyce avanza en la dirección equivocada, hacia "la apoteosis de la palabra". Aunque Beckett no le explica a Kaun por qué el francés debería ser un mejor vehículo que el inglés para la "literatura de la no-palabra" a la que él aspira, sí que especifica el "offizielles Englisch", el inglés formal o culto, como el mayor obstáculo a sus ambiciones. Un año más tarde empezaba a abandonar el inglés y a componer sus nuevos poemas en francés.» (págs. 174-175, vol. II)

domingo, 1 de abril de 2018

Una tomba per a Boris Davidovic, de Danilo Kis

Danilo Kis (Sèrbia, 1935 - París, 1989)
UNA TOMBA PER A BORIS DAVIDOVIC
Set capítols d'una sola historia comuna
[Grobnica za Borisa Davidovica, 1976]
Trad. Simona Skrabec
Angle Editorial, 2003 - 152 pàgs. - bibl. vila de gràcia
[no estava preparada per a aquest llibre]
«Els antics grecs tenien un costum digne d'admiració: a aquells que havien estat cremats, que se'ls havia empassat el cràter dels volcans, que havien quedat coberts per la lava, que els havien esquarterats les feres salvatges o se'ls havien menjat els taurons, a aquells que havien estat escampats pels carronyaires arreu del desert, se'ls construïa en la seva pàtria els així anomenats cenotafis, monuments sepulcrals buits, ja que el cos és foc, aigua o terra, però l'ànima és l'alfa i l'omega, és a ella que cal aixecar un temple.» (pág. 82)
∗ ∗ ∗
«Durant tres dies els gossos llop enfurismats i amb escuma a la boca pretenen trencar les cadenes d'acer, i arrossegaven els exhaustos rastrejadors per profundes congestes. El quart dia, un guàrdia el troba a prop d'una foneria, amb la barba crescuda i amb aparença d'un fantasma, mentre s'escalfa a prop d'una gran caldera en la qual es guarda l'escoria líquida. L'encerclen i deixen anar els gossos. Atrets pels udols dels gossos, es precipiten a la sala de calderes: el fugitiu és a dalt la bastida que hi ha damunt la caldera, il·luminat per les flames. Un guàrdia aplicat es comença a enfilar a la bastida. Quan se li acosta, el fugitiu salta dins la massa roent, líquida, i els guàrdies veuen com desapareix davant els seus ulls, com es cargola com un fil de fum, sord a totes les ordres, insubmís, alliberat dels gossos, del fred, de la calor, de la condemna i del penediment.» (págs. 117-118)
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