martes, 27 de mayo de 2014

Wajdi Mouawad: Ànima (violència ets tu)

«Se l'ha acostat, l'ha obligat a girar-se de costat i se li ha enganxat a l'esquena.
—Quan un mascle tèrmit troba una femella tèrmit, el mascle vol ficar-se al forat de la femella. Però el mascle, el forat, no el busca, ho entens? No té temps, no li interessa buscar. El forat, la vagina, tot això no li interessa. Simplement vol tirar-se la femella. Només vol ficar-s'hi. És l'única cosa que entén. No sap què fer amb el seu penis perquè tot ell s'ha tornat un penis. El desig li fa mal! Les ganes el cremen! Està tan obsessionat pel seu ciri que el forat de la femella no es para a buscar-lo, se'l fa. I vols saber com el fa?
—No... Si us plau!
—Amb les dents, les clava al tòrax de la femella i se la tira pel trau que li ha obert. Ejacula a la ferida, li clava el ciri tantes vegades com cal fins que buida al cos de la femella tot el que hi tenia. Ets una femella, tu?
—Deixi'm!
—No ets una femella?
—No!!
—Tens sort, perquè jo sí que sóc un tèrmit.» (p. 271)

 Wajdi Mouawad (Líban, 1968)
 (Anima, Actes Sud, 2012)
 Ànima (Ed. del Periscopi, 2014)
 Trad. català d'Anna Casassas
[Recuerdos de Sabra y Chatila]

 Ánima (Ed. Destino 2014)
 Trad. cast. Pablo M. Sánchez
(primeras páginas)
«[...] El sacrifici de veritat, va dir en Maroun, és el sacrifici de l'ànima. Li vam dir que hi estàvem d'acord. Aleshores vam prendre heroïna pura, cocaïna pura, tot el que teníem, i vam anar-hi cantant. Ens sentíem forts, la nit no s'acabaria, duraria mil anys. Vam tirar-nos-hi cridant com bojos. Matàvem lentament, per fer patir. Miràvem a veure qui podia matar més lentament. Els palestins eren com instruments de música a les nostres mans i cadascun de nosaltres intentava treure'n una nota de dolor que encara no haguéssim sentit mai. Els jueus ens donaven el material. Ens feien llum. Era com una pel·lícula a càmera lenta. Tot era groc i roig. Groc dels llums, roig de la sang. Entràvem a les cases i metràllavem, degollàvem, afegíem roig al roig. Un de nosaltres, un fill de carnisser, buscava els nens petits. Anava cridant Traieu els bebès, traieu els bebès! Quan en trobava un, li obria el ventre, li arrencava el fetge i se'l menjava fumejant, calent [...]» (pp. 399-400)

jueves, 22 de mayo de 2014

Estar prohibida

   «En su Libro de los días, Mila contó cinco días de sangre y siete limpios. Durante los siete días limpios, llevó ropa interior blanca y durmió en sábanas también blancas. Por la tarde y la noche se introducía un trozo de tela blanca bien adentro y la giraba, extraía y examinaba según lo prescrito. Si encontraba alguna mancha rojiza, tenía que marcar la tela o la ropa interior con la hora y el día del recuento: una mancha roja no era lo mismo que una rosada o marrón; sólo un rabino podía establecer si la tonalidad obligaba a prolongar la separación.
  Mila era escrupulosa con las leyes de pureza familiar que controlaban los impulsos, incrementaban la fertilidad y aseguraban que los hijos naciesen con almas puras.
  El séptimo día limpio, espero que anocheciese y fue al baño ritual. Se pasó hilo dental por la boca, se limó las uñas. Se enjabonó y aclaró. La encargada comprobó que ninguna hatzitzá ("barrera"), pelos sueltos o suciedad, se interponía entre las aguas rituales y la piel.
  Mila descendió los peldaños de la pequeña piscina rec- tangular de agua natural, que procedía de la gravedad, no era bombeada. Se sumergió con los brazos extendidos, los ojos y la boca cerrados pero sin apretar.
  —Casher! —exclamó alegremente la encargada cuando la cabeza de Mila emergió.
  Con los brazos cruzados debajo del corazón, para separar los dominios superiores de los inferiores, Mila susurró la bendición de la inmersión ritual y se zambulló dos veces más.
  —Casher! Casher!
  Al ponerse la bata, se sintió pura, blanca y orgullosa de ser una judía que los rabinos pudiesen declarar casher. Rompió a llorar de gratitud a Hashem por guiarla y ayudarla a resistir las tentaciones de París.
  Como aconsejaban los rabinos, se puso ropa interior de color para no ver ninguna pequeña irregularidad en los días permitidos. De camino a casa, apretó el paso a fin de reducir las posibilidades de toparse con un animal impuro, una persona ignorante, un gentil, cualquier encuentro que pudiera comprometer sus opciones de concebir a un erudito de la Torá.
  En el dormitorio, ante el espejo triple y bajo la lámpara, se envolvió los hombros con la estola de seda gris perla y lavanda, la señal que indicaría a Josef que estaba permitida. En el silencio de la habitación creyó oír a sus padres, que rezaban para volver a la vida en las generaciones que Josef y Mila concebirían.» (pp. 140-141)
Williamsburg: guardería
Williamsburg: familias jasídicas
· De la secta al best seller.
· Boda ultraortodoxa.
· Sexo casher.
· Abuso teológico.
· Los jasídicos de Williamsburg.

 ANOUK MARKOVITS
 LAS HIJAS DE ZALMAN
 (I am Forbidden, 2012)
 Trad. Magdalena Palmer Molera
 Salamandra, 2014
 256 págs. (como que no)

lunes, 19 de mayo de 2014

Peste & Cólera: Deville (me) descubre a Yersin

«Empiezan a acusarle de dispersión. Verdaderamente, no faltan razones. Yersin es el descubridor del bacilo de la peste y el inventor de la vacuna contra la peste. Debería estar en París o en Ginebra, a la cabeza de un laboratorio o de un hospital, en las Academia. En suma: ser un mandarín. Se le sabe retirado en una aldea de pescadores al otro lado del mundo. Los periodistas, que él se niega a recibir, se ven obligados a inventar, a trazar su leyenda negra. Se dice que a veces está solo al fondo de una cabaña, caminando sobre su propia barba de eremita. Se le describe como el rey loco de un pueblo embrutecido con el que él practica experimentos crueles y difícilmente imaginables. Un nabab, un ricachón que saca provecho de la ciencia y de sus juegos malabares ante ingenuos guerreros de los que se proclama jefe enviado por el cielo. Un tirano que toma como pretexto la magia del gas y de la electricidad para sojuzgar a unas tribus sanguinarias que le rinden culto y le sacrifican vírgenes. Un Kurtz o un Mayrena, solitario y de espíritu tan extraviado como su reino. Es verdad que la primera barra de hielo triturada a martillazos en Nha Trang debe de producir su efecto. En la salida de la máquina de gas Picter está ese lecho, blanco y resplandeciente de destellos desconocidos que queman las manos, sobre el cual los pescados se mantienen frescos hasta el día siguiente, algo ciertamente tan fuerte como multiplicarlos al borde del Jordán.» (pp. 165-166)

ALEXANDRE YERSIN
(1863-1943)
LA VIDA ALUCINANTE DEL CIENTÍFICO OLVIDADO
Alberto Manguel, El País, 19/04/2014
Yersinia pestis
La peste en una ilustración de la Biblia Toggenburg (1411)

PESTE & CÓLERA
PATRICK DEVILLE
(Peste & Choléra, 2012)
Trad. José Manuel Fajardo
Anagrama, Barcelona, 2014
234 págs. (too short)
(versión vietnamita)
La maison de Yersin à Nha Trang, vers 1900
«Están delante del mar, en medio de las flores y de las cajas de pájaros. El loro del pirata y el ruido de las olas. Jacotot y Bernard toman notas: cada uno por su lado se ha puesto a escribir una Vida de Yersin. Hace mucho tiempo que su madre y su hermana han desaparecido [...] Ya no queda en Europa ningún rastro suyo. Y puede que tampoco quede ningún rastro de Europa [...] Yersin está persuadido de que todas sus cartas a Fanny y a Émilie, que constituyen un verdadero relato de su vida, hace tiempo que han desaparecido. Así que responde a las preguntas. Cómo descubrió y venció al bacilo de la peste. Su abandono de Suiza por Alemania, del Instituto Pateur por las Mensajerías Marítimas, de la medicina por la etnología, de ésta por la agricultura y la arboricultura. Cómo se hizo en Indochina un aventurero de la bacteriología, un explorador y un cartógrafo. Cómo recorrió durante dos años el país de los mois, antes de llegar al de los sedangs. Los dos científicos le interrogan sobre sus caprichos y sus inventos, la horticultura y la cría de ganado, la mecánica y la física, la electricidad y la astronomía, la aviación y la fotografía. Sobre cómo se convirtió en rey del caucho y de la quinina, y cómo llegó a pie desde Nha Trang hasta el Mekong y luego a Pnom Penh, para vivir finalmente cincuenta años en una aldea al borde del mar de China. Los dos científicos llenan sus cuadernos. Ellos miran los ojos azules de Yersin, que han visto los ojos azules de Pasteur.» (pp. 216-217)

domingo, 18 de mayo de 2014

20 referencias literarias en Peste & Cólera de Patrick Deville

Arthur Rimbaud
  1. El sueño de Bismark, Arthur Rimbaud, p. 19
  2. Pescadores de Islandia, Pierre Loti, p. 35
  3. Los trabajadores del mar, Victor Hugo, p. 35
  4. París en el siglo XX, Julio Verne, p. 40
  5. En las tinieblas de África, Henry Stanley, p. 50
  6. El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad, p. 50
  7. Ultramarina, Malcolm Lowry, p. 51
  8. En busca del tiempo perdido, Marcel Proust, p. 67
  9. Diccionario portugués-annamita-latín, Alexandre de Rhodes, p. 69
  10. Blaise Cendrars, p. 80, 191
  11. Informe sobre Ogadine, Arthur Rimbaud, p. 86
  12. Sciascia: "Sabido es que la ciencia, como la poesía, está a un paso de la locura" p. 98
  13. La India sin los ingleses, Pierre Loti, p. 139
  14. El libro de la selva, Rudyard Kipling, p. 141
  15. Finnegans Wake, James Joyce, p. 143
  16. Fábulas, La Fontaine, p. 143
  17. Rimbaud en Aden (Arabia), p. 163
  18. Una avanzada del progreso, Joseph Conrad, p. 166
  19. Viaje al fin de la noche, Louis-Ferdinad Celine, p. 204
  20. "Ahora él es un personaje de Gracq. Vigila el mar, de donde puede que venga el enemigo". p. 215
De Peste & Cólera, Patrick Deville a propósito de Alexandre Yersin (Ed. Anagrama 2014)

jueves, 15 de mayo de 2014

La muerte del padre de Knausgård

«[...] era un típico profesor de bachillerato elemental, teniendo en cuenta que se trataba de una época en la que lo de enseñar en el bachillerato elemental tenía todavía cierto prestigio [...] Otro de los vecinos era Knudsen, subdirector de otro instituto de enseñanza media. De modo que cuando mi padre levantó el mazo por encima de la cabeza y lo dejó caer contra la roca esa tarde primaveral a mediados de la década de 1970, lo hizo en un mundo que conocía y con el que se sentía familiarizado. Hasta que alcancé su misma edad, no comprendí que también había que pagar un precio por eso. Cuando la visión de conjunto del mundo se amplía, no sólo disminuye el dolor que causa, sino también el sentido. Entender el mundo equivale a colocarse a cierta distancia de él. Lo que es demasiado pequeño para verlo a simple vista, como las moléculas, lo ampliamos; lo que es demasiado grande, como el sistema de las nubes, los deltas de los ríos, las constelaciones, lo reducimos. Cuando lo tenemos al alcance de nuestros sentidos, lo fijamos. A lo fijado lo llamamos conocimiento. Durante toda nuestra infancia y juventud nos esforzamos por establecer la distancia correcta de cosas y fenómenos. Leemos, aprendemos, experimentamos, corregimos. Y un día llegamos a un mundo en el que se han fijado todas las distancias necesarias, y establecido todos los sistemas. Es entonces cuando el tiempo empieza a correr más deprisa. El tiempo ya no se encuentra con obstáculos, todo está fijado, el tiempo fluye a través de nuestras vidas, los días desaparecen a toda velocidad, antes de suspirar hemos llegado a los cuarenta años, a los cincuenta, a los sesenta... El sentido requiere plenitud, la plenitud requiere tiempo, el tiempo requiere resistencia. El conocimiento es igual a distancia, el conocimiento es estancamiento y enemigo del sentido. La imagen que tengo de mi padre de aquella tarde de 1976 es, en otras palabras, doble: por un lado lo veo como lo veía entonces, con los ojos del chaval de ocho años, imprescindible y aterrador, por otra parte lo veo como a alguien de mi misma edad, a través de cuya vida sopla el tiempo, llevándose consigo pedazos de sentido cada vez más grandes.» (pp. 17-18)
 Karl Ove Knausgård (Noruega, 1968)
 La muerte del padre
 (Min kamp, 2009)
 Traducción Kirsti Baggethun y
                  Asunción Lorenzo
 Anagrama, 2012
 504 págs. (me sobraron 480)


martes, 13 de mayo de 2014

Yu Hua: El passat i els càstigs

«La fúria del mestre de càstigs es va extingir de cop. No va respondre al moment, sinó que va caure en un somieig vast, profund i plaent. Corbs carregats de records li volaven davant del rostre. Va comptar mentalment els càstigs infligits com si fossin un feix de bitllets. Va explicar al desconegut que, de tots els càstigs que havia dut a terme, els més emocionats havien estat el 9-1-1958, l'1-12-1967, el 7-8-1960 i el 20-9-1971.

Era evident que les quatre dates que havia apuntat el mestre de càstig tenien un significat que transcendia els simples números que les formaven. Transmetien una profusa olor de sang. El mestre li va fer saber al desconegut que: el 9-1-1958 el desmembrament s'havia fet amb carros tirats per cavalls, i els membres esquinçats del 9-1-1958 havien saltat en l'aire com volves de neu a l'hivern. Pel que fa a l'1-12-1967, havia executat una castració, tallant dos testicles promi- nents, així que l'1-12-1967 no havia tingut ni un raig de sol, però aquella nit la lluna havia estat frondosa com les males herbes. El 7-8-1960 tampoc no havia escapat al seu destí, i amb una serra rovellada li havia tallat la cintura. Però el més memorable va ser el 20-9-1971. Va excavar un forat a terra, on va enterrar el 20-9-1971, només deixant-li el cap a fora. A causa de la pressió de la terra, tota la sang li havia pujat amunt. Així que el mestre li va rebentar el crani i una columna de sang en va sortir disparada. La font de sang del 20-9-1971 havia estat d'una esplendor rutilant.» (pp. 88-89)

 Yu Hua (余华) (Hangzhou, 1960)
 El passat i els càstigs
(往事与刑罚, 1996)
 Trad. Carla Benet Duran
 Pròleg Carles Prado-Fonts
 Males Herbes, 2013

domingo, 11 de mayo de 2014

Nosaltres no som d'eixe món

«Ausias March en el poema Veles e vents enumera los vientos favorables y adversos, que encontrará en los dudosos caminos de la mar durante la travesía de regreso a Valencia, su patria, desde algún lugar de Italia. El poeta también describe el peligro de la tempestad, que pondrá a hervir el mar como una cazuela al horno.

Raimon ha cantado este poema de amor, azar y muerte de Ausias March con una inspiración extraordinaria. Raimon ha sido durante toda la travesía de su vida, con vientos casi siempre contrarios, un resistente imbatible de la lengua y la cultura catalana, un artista que ha puesto su talento al servicio de la propia identidad. La canción Diguem no fue su grito de rebeldía, que se inició durante la dictadura franquista y que a lo largo de los años se ha ido adaptando como una protesta ritual a cualquier fanatismo de uno u otro bando que nos ha golpeado.

El espíritu del no es el que educa al niño contra cualquier capricho, el que afirma la personalidad del adolescente frente a la primera tentación, el que hace libre al joven ante cualquier estupidez, el que impide al viejo bajar los brazos ante la adversidad.
Ahora mismo en Cataluña el proceso hacia la independencia es esa cazuela al horno que Ausias March encontró de regreso a la patria y en torno a esa tempestad gira la rosa enloquecida de los vientos.

En unas recientes declaraciones Raimon ha tratado de matizar su postura frente a este proceso; se ha declarado no indepen- dentista; ha analizado los argumentos a favor y en contra, no por nada, más bien porque le gustaría probar primero cómo está de sal esa cazuela de pasiones que hierve ahora. Ha sido suficiente esta duda metódica, propia de un intelectual com- prometido consigo mismo, de un artista más allá de la política rudimentaria, para que los talibanes de la independencia, en plena berrea de celo, se hayan abatido sobre él bajo el amparo del anonimato de las redes sociales para ensuciar una trayectoria intachable. Debe quedar claro que antes de llegar a la política, primero se requiere una integridad moral, después una libertad intelectual, luego una rebeldía social. Finalmente, se podrá alcanzar o no la independencia, pero esta no se librará de la miseria si está asentada en el fanatismo.»
Ara que som junts
diré el que tu i jo sabem
i que sovint oblidem:
Hem vist la por
ser llei per a tots.
Hem vist la sang
-que sols fa sang-
ser llei del món.
No, jo dic no,
diguem no.
Nosaltres no som d'eixe món.
Hem vist la fam
ser pa
dels treballadors.
Hem vist tancats
a la presó
homes plens de raó.
No, jo dic no,
diguem no.
Nosaltres no som d'eixe món.
Raimon : al vent : la pedra : som : a cops (edigsa, 1962)
Letra y música: Raimon (1963)

jueves, 8 de mayo de 2014

Salvatores Satta: El día del juicio

«Todo se recogía en casa, todo se trabajaba en casa, y por dicho motivo había en torno a la corte unas rústicas casillas, cada una de las cuales tomaba el nombre de los dones de la tierra que custodiaba, la casilla del aceite, la casilla del trigo, la casilla de la fruta, y además estaba la casilla del horno, que era como un altar, o una tumba etrusca, con los cedazos, los tamices, las paneras, sas canisteddas (los cestos, pequeños y grandes, de hoja de palmera), colgados de las paredes. Para cocer el pan venían mujeres de la vecindad; porque el trabajo era mucho y había que amasar, aplanar la masa en anchas láminas, pasarlas una a una a la mujer que se sentaba junto a la boca del horno, con las puntas del pañuelo atadas sobre la cabeza, el rostro iluminado en la sombra. Ésta ponía las láminas sobre una pala lisa y delgada, de las que fabricaban en invierno los pastores de Tonara, inmovilizados por la nieve, y bajaban a venderlas a Nuoro en la primavera, sobre sus flacos caballos; introducía la pala en el horno y con el calor la lámina se convertía, si estaba bien hecha, en una inmensa bola, que era pasada a otra mujer, sentada con las piernas cruzadas delante de un banquillo, que con un cuchillo la recortaba a lo largo de los bordes, para obtener dos obleas humeantes que poco a poco se quedaban rígidas, se ponían crujientes, e iban a engrosar las altas pilas de donde pasarían luego al aparador. De la profundidad de cuántos milenios había llegado aquel pan sólo Dios lo sabe; tal vez lo habían traído los hebreos que habían sido expulsados de África, por los siglos de los siglos. El trabajo tenía la solemnidad de un rito, también porque se prolongaba hasta la mañana, y las últimas horas traían el silencio; los chiquillos expiaban por la angosta portezuela, se tostaban al calor, se embriagaban con el perfume del pan y de los sarmientos ardientes del lentisco, extasiados con los guiños de las llamas sobre las paredes ahumadas, pero también un poco intimidados por aquellas mujeres trabajadoras, que eran criadas. Éstas veían con ojos regocijados a los hijos del amo, y, como en un juego de manos, en pocos segundos preparaban un pan redondo, en forma de anillo, que sumergían rápidamente en agua, donde chirriaba como un hierro candente, y salía de ella brillante y terso como un espejo: glaseado, se decía exactamente. Era un momento de alegría para ellas y para los chiquillos, que se sentían unidos por aquella cosa inefable y sin amos que es la vida. » (pp. 77-78) CERDEÑA
[Sardegna - Sardigna - Sardìnnia
   Sardenya - Saldìgna - Sardhìgna]

EL DÍA DEL JUICIO
SALVATORE SATTA (1902-1975)
(Il giorno del giudizio, Adelphi, 1979)

Prólogo de George Steiner
Traducción de Joaquín Jordá
Anagrama. Barcelona, 2010