sábado, 30 de mayo de 2020

Falso espejo, de Jia Tolentino

Jia Tolentino (Toronto, 1988)
FALSO ESPEJO
Reflexiones sobre el autoengaño

[Trick Mirror: Reflections on Self-Delusion, 2019]
Trad. Juan Trejo
Temas de Hoy, 2020 - 384 págs. - inicio
- Jia habla con Begoña Gómez Urzaiz
- A Jorge Carrión también le ha gustado
«Tradicionalmente, los personajes literarios masculinos son escritos y percibidos como emblemas de la condición humana, no sólo como entidades masculinas. Stephen Dedalus, Gregor Samsa, Raskólnikov, Neddy Mirrell (más conocido como el Nadador), el ciego de Carver, Holden Caulfield, Conejo Angstrom, Sydney Carton, Karl Ove Knausgard, etcétera: ninguno de ellos se mueve fuera de los márgenes del viaje del héroe tradicional, en el que sus aventuras le llevan por el mundo, vence a algún enemigo y regresa victorioso. Pero el viaje del héroe, en todas esas historias, proporciona sin embargo el código al que hay que adscribirse o refutar. Más allá de la trama, sobre la trama se cierne la mitologización de uno mismo.
jia_tolentino_by_elena_mudd     Los personajes literarios femeninos, por el contrario, ponen en evidencia el hecho de ser mujer. Se ven condenadas a un universo que funciona alrededor del sexo, la familia y lo doméstico. Sus historias tienen que ver con temas relacionados con el amor y el sentido de obligación; el amor como concepto, según indica la crítica Rachel Blau DuPlessis, que "nuestra cultura utiliza [en el caso de las mujeres] para condensar todo posible Bildung, éxito/fracaso, aprendizaje, educación y transición a la edad adulta". Y también utilizó el término heroína simplemente para aquellas mujeres cuya versión de la feminidad literaria ha quedado atascada. En ocasiones repudian los compromisos, como los personajes suicidas, o Maria Wyeth, que pierde la cabeza en la autopista en Según venga el juego (1970). A veces convierten la opresión en una historia fundacional, como a Lisbeth Salander, personaje fundamental de Los hombres que no amaban a las mujeres (2006), o la Julia de Los magos (2009), heroínas oscuras marcadas por la violación. (Señalaré aquí que ambas series de novelas fueron escritas por hombres; si bien, por supuesto, estos pueden crear y han creado novelas maravillosamente perceptivas sobre mujeres, también parecen bastante propensos a utilizar la violación de un modo reducido y utilitarista.) En algunas ocasiones, esos personajes manipulan las expectativas que genera la narración en su propia ventaja, como sucede con Becky Sharp en La feria de las vanidades (1848), Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó (1936), o Amy Dunne, la sociópata de Perdida (2012). (De nuevo De Beauvoir: "A las mujeres se les ha adjudicado el papel de parásitos y todo parásito es un explotador".) Todas esas mujeres buscan una libertad basica. Pero nuestra cultura entiende la libertad femenina como una erosión y, durante mucho tiempo, no había modo alguno de que una mujer fuese libre y buena al mismo tiempo.» (págs. 152-153)



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