lunes, 9 de marzo de 2020

La ley del menor, de Ian McEwan

Ian McEwan (Reino Unido, 1948)
LA LEY DEL MENOR
[The Child Act, 2014]
Trad. Jaime Zulaika
Anagrama, 2015 - 216 págs. - inicio
[creíble]
«Hacia el final de la cena, cuando ya habían agotado los temas más seguros, se instauró un silencio amenazador. Habían perdido el apetito, no probaron los postres ni consumieron la mitad del vino. Una tácita recriminación mutua les turbaba. La insolente escapada de él perduraba en el pensamiento de ella; en el de Jack, supuso, su exagerada reacción ofendida. Con un tono forzado, él empezó a hablarle de una conferencia sobre geología a la que había asistido la noche anterior. Versó sobre el hecho de que la secuencia de estratos de roca sedimentaria podía leerse como un libro de la historia de la tierra. Como conclusión, el conferenciante se permitió algunas especulaciones. Dentro de cien millones de años, cuando gran parte de los océanos se hubiesen hundido en el manto de la tierra y no hubiera en la atmósfera dióxido de carbono suficiente para sustentar a las plantas y la superficie del planeta fuese un desierto rocoso sin vida, ¿qué pruebas de la existencia de nuestra civilización encontraría un geólogo extraterrestre que nos visitara? A unos pocos centímetros por debajo del suelo, una gruesa línea oscura en la roca nos separaría de todo lo que había habido previamente. Condensados en esa capa fuliginosa de unos quince centímetros estarían nuestras ciudades, vehículos, carreteras, puentes, armas. Además, toda clase de compuestos químicos que no existían en el anterior registro geológico. El cemento y el ladrillo se erosionarían con tanta facilidad como la piedra caliza. Nuestro mejor acero se convertiría en una mancha ferrosa que se desmenuzaba. Un examen microscópico más detallado quizá revelase una preponderancia de polen procedente de las monótonas praderas que habíamos creado para alimentar a una gigantesca población de ganado. Con suerte, Ian McEwan el geólogo podría encontrar huesos fosilizados, incluso nuestros. Pero los animales, incluidos todos los peces, apenas representarían una décima parte del peso de todas las ovejas y vacas. Se veía obligado a concluir que estaba contemplando el comienzo de una extinción masiva en la que la variedad de la vida había empezado a disminuir.»


El veredicto (Richard Eyre, 2018)

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