lunes, 9 de abril de 2018

La ciudad solitaria, de Olivia Laing

Olivia Laing (Reino Unido, 1977)
LA CIUDAD SOLITARIA
Aventuras en el arte de estar solo

[The Lonely City, Adventures in the Art of Being Alone, 2017]
Trad. de Catalina Martínez Muñoz
Capitán Swing, 2017 - 288 págs. - bibl. vila de gracia

[un recorrido por la soledad propia y de Edward Hopper, Andy Warhol, David Worjnarowicz, Henry Danger y Klaus Nomi en Nueva York, que a Maira Herrero le ha gustado mucho, y lo explica]
«Josh Harris era un emprendedor en Internet, el chico del puro que simboliza los excesos de Silicon Alley, el nombre con que se conoce a las industrias digitales que proliferaron en Nueva York a finales del siglo XX. En 1986, cuando tenía veintiséis años, fundó la empresa Jupiter Communications, la primera compañía de investigación de mercado en Internet. En 1988, la empresa salió a bolsa y Harris se hizo millonario. Seis años más tarde fundó una red de televisión pionera en Internet, Pseudo, que ofrecía numerosos canales de entretenimiento para todos los gustos y distintas subculturas, desde el hip hop y el juego a canales eróticos: la misma panoplia de comunidades que hoy sigue colonizando la Red.
    Años antes de que existieran las redes sociales, antes de Facebook (2004) y Twitter (2006), antes de Grindr (2009), ChatRoulette (2009), Snapchat (2002), MySpace (2003) y Second Life (2003), por no hablar de la banda ancha que los hizo viables, Harris comprendió que el atractivo más poderoso de Internet no iba a ser el intercambio de información, sino el espacio de relación que ofrecía. Previó desde el principio que abriría el apetito de entretenimiento interactivo y que la gente estaría dispuesta a pagar mucho dinero para participar en el mundo virtual.
    Lo que intento decir es que Harris predijo la función social de Internet, que intuyó en cierto modo el poder de la soledad como fuerza motriz. Comprendió la intensidad del anhelo de contacto y atención, además de sus contrapartidas: el miedo a la intimidad y la necesidad de pantallas de todas clases. Como dice en el documental We Live in Public: «Si tengo determinado estado de ánimo y estoy bloqueado con mi familia o mis amigos, el remedio para mí son los mundos virtuales», una afirmación que hoy parece obvia, pero que en 1990 hizo gracia y causó perplejidad, cuando no se tachó directamente de ridícula.» (pág. 206)


Klaus Nomi interpreta The Cold Song, de Henry Purcell

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