martes, 21 de agosto de 2018

El complot de las damas muertas, de Jessa Crispin

Jessa Crispin (Kansas, 1978)
EL COMPLOT DE LAS DAMAS MUERTAS
[The Dead Ladies Project: Exiles, Expats
and Ex-countries
, 2015]
Trad. Elvira Herrera Fontalba
Alpha Decay, 2018 - 288 págs. - prólogo
Tarot de propina
[lúcido]
«[...] Pero tenemos que volver a la idea de para qué había vendido su alma al Diablo: el control de su propia vida. No era solo por el miedo omnipresente que cualquier mujer con cerebro en el siglo XIX sentía al pensar que sería encadenada a cualquier cerebro aburrido aristócrata consanguíneo y que el centro de la vida que tendría a partir de entonces se limitaría a lo que entrara y saliera de entre sus piernas. Y no se trataba solo de conseguir el dinero para ser una mujer independiente de modo que pudiera hacer un gran tour por los hoteles y las sociedades de Europa. El sentido de la magia negra es realizarla de modo que pueda hacerse tu voluntad. Es lo contrario del concepto cristiano de HÁGASE TU VOLUNTAD Y NOSOTROS NOS QUEDAREMOS QUIETOS E INTENTAREMOS ADAPTARNOS. Esa era la actitud de los católicos irlandeses tras haber sido despojados de su sistema educativo y de su lenguaje, despojados de cualquier esperanza de prosperidad, despojados de cualquier prueba de que existía algo como el libre albedrío. A eso se aferraban cuando se aferraban a sus iglesias. La magia negra era una forma de decir: Yo no me muevo para el universo, el universo se mueve para mí.

Quizá necesitemos revivir un poco la magia negra ahora que nuestros filósofos y científicos ateos nos han regalado un mundo materialista. De algún modo es ahí donde los calvinistas extremos y los ateos coinciden: en el rechazo del libre albedrío. Para los materialistas, sin embargo, no es Dios el que dirige el espectáculo, sino la dichosa biología. Somos esclavos de nuestros impulsos inconscientes, de nuestro material evolutivo, de nuestro sistema anatómico de hormonas y endorfinas y neurotransmisores. Tu depresión es simplemente el resultado de una química desequilibrada y puedes pensar que elegiste comerte esa ensalada, pero tu sistema —respondiendo al olor del pan que sale flotando de la panadería y a tus niveles de azúcar en la sangre y a tu cerebro confundido por la publicidad que te cuenta que esta es la mejor ensalada porque de algún modo la asocias con la felicidad y con proezas sexuales— ha elegido esa ensalada por ti. Tú no eres más que un saco de carne, vagamente consciente de tu mundo.

Y el amor es solo una sobredosis de hormonas sexuales niveles de endorfinas y la forma en que alguien huele basada en la compatibilidad de vuestros sistemas inmunes unidos para producir una descendencia sana, y la reproducción es solo un instinto biológico implantado en nosotros para asegurar la supervivencia de la especie, etcétera.

Si se me diera a elegir entre una visión del mundo materialista y una práctica de magia negra irracional, elijo la magia negra. Mi primer acto de libre albedrío es elegir creer en el libre albedrío.» (págs. 133-135)
"Imposible resistirse ante el argumento de El complot de las damas muertas, el libro que escribió Jessa Crispin basándose en sus experiencias cuando al cumplir los treinta decidió hacer una pequeña maleta con lo imprescindible y viajar por Europa en busca de sí misma y también de los espíritus de intelectuales que, antes de ella, se habían sentido con ganas de conocer su verdadera identidad y sus prioridades en la vida. Por este motivo emprende un viaje por el Berlín de William James, el Trieste de Nora Barnacle, el Sarajevo de Rebeca West, el sur de Francia con Margaret Anderson, el Galdway de Maud Gonne, la Lausanne de Igor Stravinski, el San Petersburgo en el que recaló W. Somerset Maugham, el Londres de Jean Rhys, la Isla de Jersey con Claude Cahun..." [de lecturafilia].

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