viernes, 31 de agosto de 2007

Agosto se cierra

Gran Logia de Austria
Esta puerta masónica de la Gran Logia de Austria está cargada de símbolos que desconozco y que me encantaría saber descifrar. Fue Cristina quien nos la descubrió cuando nos llevó a pasear por las estrechas callejuelas del centro de Viena, mostrándonos una ciudad próxima y agradable muy alejada de los fastos imperiales.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Si esto es un libro

En ushmm.org podemos leer que "el Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático burocráticamente organizado de aproximadamente seis millones de judíos por el gobierno nazi y sus colaboradores. Holocausto es una palabra de origen griega, que significa sacrificio por fuego. Los nazis, que tomaron el poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una raza superior y que los judíos, considerados inferiores, no merecían vivir. Durante el Holocausto, los nazis también tuvieron en su mira a otros grupos por razón de su percibida inferioridad racial: los romas (gitanos), los discapacitados, y algunos grupos eslavos (polacos, rusos, y otros). Otros grupos fueron perseguidos por razones políticas, religiosas o de orientación sexual: comunistas, socialistas, testigos de Jehová y homosexuales".

Dos casualidades han hecho que yo dedicara casi todas mis lecturas de agosto a este tema: primero fue la impactante visita (ciclista) al campo de concentración austriaco de Mauthausen, y después la lectura del horrendo y blandengue libro “El niño del pijama a rayas” de un tal John Boyne. A partir de ahí, Estephanus puso a mi disposición su extensa bibliografía sobre la política de exterminio nazi, de la cual he alcanzado a leer:
  1. Días sin retorno. Kressmann Taylor
  2. El comprador de aniversarios. Adolfo García Ortega
  3. Mis memorias. Violeta Friedman
  4. Si esto es un hombre. Primo Levi
  5. La tregua. Primo Levi
  6. Los hundidos y los salvados. Primo Levi
PortadasLibrosHolocaustoTan impactada me ha dejado la lectura de la trilogía de Primo Levi, que creo que estos libros (o al menos Si esto es un hombre) deberían ser de lectura obligada. Levi narra la terrible experiencia de Auswitch buscando la forma más objetiva posible, sin rencor ni espíritu de venganza, consiguiendo una crónica del abismo de una fuerza especial. Además, cuanto más fría es la descripción del terror vivido, más próximo y emocionante resulta el relato. Pero no es por sus características literarias, precisamente, por lo que sugiero su lectura; supongo que es necesario conocer las atrocidades que somos capaces de cometer, para no repetirlas.

jueves, 23 de agosto de 2007

Mejorando lo presente

[ albahaca / almendras / árboles / ausencias / armonía / arquitectos / auswitch / baños / belleza / bicicletas / bienestar / boy / cantos / casa / catarsis / cielo / cocina / compartir / cómplices / charlie / delicias / dormibolismo / dvds / ensaladas / equilibrio / espacio / estephanus / estrellas / fluir / fraternidad / generosidad / hormigueros / irlanda / lager / lectura / liquen / lluvias / libros / menta / mimer / música / nubes / oompasloompas / pasado / paseos / paisaje / piedras / pinocha / plenitud / primolevi / recuerdos / rinaldo / risas / roald / saraband / silencio / sol / sorpresas / suplementos / termomix / tiempo / tranquilidad / tumbetas / vereda / viento / yecla ]

viernes, 3 de agosto de 2007

Palpita, vibra, gime

Durante las próximas semanas estaré donde según Azorín el pueblo fervoroso abre los cimientos de sus templos, talla las piedras, levanta los muros, cierra los arcos, pinta las vidrieras, forja las rejas, estofa los retablos, palpita, vibra, gime en pía comunión con la obra magna. Pero yo no voy a hacer nada de eso. Me conformaré con respirar, disfrutar de la familia y leer en mi rincón favorito:

Geranios en la Maneta, Yecla[La Maneta, Yecla]

jueves, 2 de agosto de 2007

El territorio de los Nibelungos

Austria es un país silencioso, civilizado y previsible. El Danubio, todavía joven a su paso por tierras austriacas, es un río elegante y poderoso que transita en medio de un paisaje siempre verde, monótonamente verde para quien ame los desiertos. Por sus orillas se pedalea con placidez pues hacia la desembocadura el trayecto es ligeramente cuesta abajo y suele soplar viento a favor. Quizás por eso el recorrido entre Passau y Viena está muy transitado por ciclistas de todo tipo y edad, que viajan solos, en grupo o en familia. En este panorama apacible y falto de emociones, de pronto, atravesando la región donde se cree que vivió la mítica tribu de los Nibelungos, la belleza metálica del encuentro de Atila y Brunilda rompe la monotonía del viajero.

EsculturaNibelungosTulln

sábado, 21 de julio de 2007

What do you want to hear?

JohnnyGuitar1954Johnny: How many men have you forgotten?
Vienna: As many women as you've remembered.
Johnny: Don't go away.
Vienna: I haven't moved.
Johnny: Tell me something nice.
Vienna: Sure. What do you want to hear?
Johnny: Lie to me. Tell me all these years you've waited...
Vienna: All these years I've waited.
Johnny: Tell me you'd have died if I hadn't come back.
Vienna: I would have died if you hadn't come back.
Johnny: Tell me you still love me like I love you.
Vienna: I still love you like you love me.
Johnny: Thanks. Thanks a lot.

miércoles, 18 de julio de 2007

Territorio

Cadaqués, Luis, Elena
"El tiempo tambien es un territorio. A cierta edad el tiempo que te quede por vivir será tu único patrimonio. Mientras seas joven no pasa nada si parte de ese patrimonio lo cedes de buen grado a otra persona, si lo malgastas o, incluso, si permites que cualquier idiota te lo arrebate. La vida te dará todavía algunas oportunidades para recuperarlo. Pero cuando el caudal empiece a agotarse no deberás permitir que nadie interfiera, fiscalice o coarte ese tiempo de tu exclusiva propiedad. Cualquiera puede ser rey de ese territorio invisible, solo que para llegar a dominarlo hay que dar un golpe de estado: si pierdes esa batalla ya no serás nadie. Un día, tal vez a causa de una depresión o porque el dedo de un ángel te haya tocado la frente, tendrás la evidencia del valor del tiempo que te queda antes de disolverte en el espacio. Será lo más parecido a una revelación. De pronto, descubrirás un hecho tan simple como éste: que la vida te pertenece a ti y a nadie más. Debes saber que nadie te va a agradecer el haber cedido la soberanía si no fue por tu gusto y placer. Habrás sido un esposo fiel, un padre ejemplar, una hormiga de oro para la empresa y un ciudadano honorable, pero no serás el tipo que un día decidió ser libre, ya que el tiempo también es la libertad. A partir de una edad no intentes volar en un ala delta ni correr los cien metros lisos a menos que te pongan un féretro en la meta. Hay retos más difíciles que uno debe afrontar cuando ya se divisa un gato negro en la línea del horizonte. Dios creó el tiempo, pero dejó que nosotros hiciéramos las horas. Ese pequeño territorio de cada día será imposible de gobernar si el tiempo no es tuyo y no eres tú quien marca las horas para regalarlas y compartirlas con esa clase de personas que te hacen crecer por dentro. Esa dádiva también será tu salvación. Estas cosas le decía el Maestro al discípulo mientras paseaban una noche muy oscura por una ciudad abandonada. Al llegar a una plaza el discípulo creyó que había salido la luna llena sobre los tejados, pero sólo era la esfera iluminada del reloj de una torre, donde también había una veleta oxidada en forma de gallo. En ese momento sonaron doce campanadas y el maestro le hizo obervar al discípulo que aquel reloj no tenía agujas ni números. Su esfera parecía la córnea de un ojo que les miraba en la oscuridad. El tiempo también es el silencio, de modo que a una edad lo más sabio a veces es callar, pero nunca obedecer, dijo el Maestro. El gallo oxidado de la veleta cantó anunciando la madrugada."

Manuel Vicent - El País - 11/9/2005

lunes, 16 de julio de 2007

Los lectores que fuimos

CortázarFumandoYPensando
En la exposición “Los libros de Cortázar” que acabo de ver en el Centro Cultural de la Fundación del Círculo de Lectores, he leído: “Los libros guardan las huellas de los lectores que fuimos”. Y he sabido que Julio Cortázar escribía notas en los libros que leía, subrayaba párrafos, opinaba sobre el texto, ponía señales, doblaba páginas y, además, guardaba en ellos cosas como recortes de periódicos, dibujos, entradas a museos o flores prensadas.

Y ahora también sé que Cortázar no era bibliólatra, pero amaba los libros que había leído con placer. Pensaba que los libros eran objetos para comunicarse, más que objetos en sí. Según su viuda, Aurora Bernárdez, “para él, leer era como mantener un diálogo privilegiado con el autor.” Él hablaba con los autores de los libros que leía con un lápiz siempre en la mano.

Esta deliciosa exposición finaliza con la historia que dice que durante un viaje en tren de Cortázar y su mujer por Italia, Julio arrancaba las páginas del libro que iba leyendo para pasárselas a su mujer, y que ella, una vez leídas, las lanzaba por la ventanilla para aligerar peso.

sábado, 14 de julio de 2007

Millás

JuanJosEMillAs   Caminaba por la calle escuchando en la radio una entrevista a JJ Millás, cuando he caído fulminada por estas palabras:
"Aprender a leer es aprender a leerse"

miércoles, 11 de julio de 2007

El inconcebible universo

"[...] Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”
El Aleph (fragmento), 1949. J. L. Borges
BosqueJapónOtoño

domingo, 8 de julio de 2007

Necrófila/Infófoba

Podríamos decir que el domingo pasado dos raros planetas entraron en contacto en Nueva York. A pesar de tener distintos orígenes y arrastrar diferentes trayectorias, no colisionaron: la blogquímica consiguió ponerlos en la misma órbita. Pero no. Lo que de verdad pasó ese domingo en Nueva York es que se juntaron dos extraños. Y aun teniendo diferentes opiniones sobre temas tan vitales como el exceso de información [inutil] que nos ahoga, o el final de la vida [terrestre] que nos espera, la blogfrenia aguda que les aqueja funcionó y fue como si se conocieran de toda la vida. Y, como resultado, aquí tenéis esta entrada simultánea. Milagros de la blogsfera.

PabloYElenaNY2007
- Él -- Ella -
Se declara infómano.Tiene infofobia: ¡estamos infoxicados!
Es necrófobo, pero simpático.Es necrófila: es el futuro, señores.
Está viviendo su sueño americano.Está viviendo un sueño.
Le encanta caminar por Nueva York.No dejaría de hacerlo.
Tiene una maravillosa máquina.Se conforma con esto.
Su blog es muy interesante.Hace lo que puede.
Le apasionan las palabras.Sobre todo leídas.
Es encantador.Está encantada.
Es tauro joven.Es tauro viejo.
Es de Murcia.She too.

jueves, 5 de julio de 2007

I'm in a New York state of mind

Some folks like to get away
Take a holiday from the neighborhood
Hop a flight to Miami Beach
Or to Hollywood
But I'm taking a Greyhound
On the Hudson River Line
I'm in a New York state of mind.

I've seen all the movie stars
In their fancy cars and their limousines
Been high in the Rockies under the evergreens
But I know what I'm needing
And I don't want to waste more time
I'm in a New York state of mind.

It was so easy living day by day
Out of touch with the rhythm and blues
But now I need a little give and take
The New York Times, The Daily News.

It comes down to reality
And it's fine with me 'cause I've let it slide
Don't care if it's Chinatown or on Riverside
I don't have any reasons
I've left them all behind
I'm in a New York state of mind.

It was so easy living day by day
Out of touch with the rhythm and blues
But now I need a little give and take
The New York Times, The Daily News.

It comes down to reality
And it's fine with me 'cause I've let it slide
Don't care if it's Chinatown or on Riverside
I don't have any reasons
I've left them all behind
I'm in a New York state of mind.

I'm just taking a Greyhound on the Hudson River Line
'Cause I'm in a New York state of mind.

New York state of mind, Billy Joel


[He vuelto, pero sigo colgada de estas nubes de Nueva York]

viernes, 29 de junio de 2007

¿Cuándo empieza un viaje?

¿Cuándo sientes que te apetece ir a algún sitio o cuándo por fin te decides? O quizás cuando empiezas los preparativos y, además, vas buscando toda clase de información que ayude a hacer el viaje más interesante. Otro momento importante es cuando comienzas a darle vueltas a los libros que te llevarás. Éste es un aspecto vital pues siempre hay largas esperas en aeropuertos, aviones y hoteles para los cuáles una buena lectura es el antídoto perfecto. Y mejor aun si esos libros, además, hablan de los lugares que vas a visitar. Hacer el equipaje, en cambio, es algo siempre desagradable pues ahí te juegas muchas cosas. El dilema entre no llevar nada que sobre, pero sí todo lo necesario incluyendo posibles eventualidades, es a veces insoportable.

Quizás todas estas cosas forman parte del previaje, o de lo que también podríamos llamar viaje virtual. El viaje real empieza a materializarse en el taxi que te lleva al aeropuerto: ahora ya has salido de casa y en adelante las cosas no dependerán de ti. [Por cierto, otra genialidad del Roto: “Cuando ya había vencido el miedo a los aviones, me entró pánico a los aeropuertos”.] Bueno, todo esto sólo era para decir que, aunque este viaje empezó hace bastantes días, si todo va bien mañana llegaremos a Nueva York.


ManhattanFromRockefellerCenter

lunes, 25 de junio de 2007

De lo contrario, Auster sería él

La semana pasada Paul Auster y Enrique Vila-Matas se encontraron en el Instituto Cervantes de Nueva York donde conversaron y leyeron fragmentos de sus obras. Buscando la noticia en la red he encontrado este artículo que Vila-Matas escribió hace un par de años.

AusterVilaMatasICervantesNYDe lo contrario, Auster sería yo - Enrique Vila-Matas

"Si me encuentro con una entrevista con Paul Auster, la leo inmediatamente. Es un autor que siempre me aporta ideas. Pero eso sí, nunca puedo terminar esas entrevistas que le hacen, porque me entran tales ganas de ponerme a escribir que debo dejar la lectura. En la que acabo de dejar de leer para ponerme a escribir estas líneas, le preguntan por los muchos autores que han influido en su trabajo y le citan a Cervantes, Dickens, Kafka, Beckett y Montaigne. Son precisamente los autores que forman el eje central de la novela que ando yo en estos días terminando. "Los llevo a todos conmigo", dice Auster, "llevo a docenas de escritores conmigo, pero no creo que mi trabajo se parezca a ninguna de sus obras. No estoy escribiendo sus libros, sino los míos".

Yo estoy seguro de que podría decir exactamente lo mismo. "Los llevo a todos conmigo" es una frase que viene a corroborar esa sensación que tiene Auster —que tengo yo también, con perdón— de que cuanta más experiencia de la soledad tiene uno, más paradójicamente vive la sensación de que esa experiencia no es precisamente de ostracismo o de aislamiento, sino de apertura hacia los demás. "Es sorprendente que no podamos comenzar a comprender nuestra relación con los demás hasta que estamos solos. Y cuanto más solo está uno, cuanto más se hunde en la soledad, más profundamente siente esa relación", dice Auster.

Los otros (incluidos los otros escritores, y de entre éstos sólo los que nos gustan, los que llevamos con nosotros) actúan de un modo extraño que hace que nos resulte imposible aislarnos de ellos. Por lejos que uno se encuentre en un sentido físico (aunque esté en una isla desierta o encerrado en una celda solitaria), descubre que está habitado por otros. Qué lejos esta sensación o esta idea de aquello que le sucedía al siniestro Unamuno, pensador de primer orden pero egotista ridículo, que llegó a sospechar que los otros no existían, que eran sólo una invención suya para evitar la angustia que le provocaría descubrir que estaba solo en el mundo. A veces, estoy hablando con los amigos y me acuerdo de la idea siniestra de Unamuno y juego a verlos como una invención mía. No logro nunca que digan lo que yo quisiera que dijeran, pero sí es cierto que a veces, vistos desde esta forma unamuniana, me parecen formar parte de algún extraño juego teatral y conspirativo, como de trama de película de Mamet.

No hay mayor sentido del desprecio hacia el otro que pensar que lo hemos imaginado. Unamuno miraba hacia lo más profundo de su ser y se encontraba sólo a sí mismo y solo, además, en el mundo. Auster, por lo contrario, hace lo mismo, mira hacia lo más profundo de su ser, y lo que ahí encuentra es algo más que a sí mismo, encuentra el mundo. ¿Leer a Auster es encontrar mi mundo? Todo lo contrario, es encontrar al otro. Y aprender a llevarlo conmigo cuando me encuentro sentado ante mi ordenador, como ahora mismo en esta mañana invernal.

Pero en el fondo es todo un gesto de disidencia hacia Auster el que me haya sentado ante el ordenador y no ante la máquina de escribir. Porque lo que realmente esta mañana me ha empujado a hablar de Auster han sido unas palabras suyas acerca de su necesidad de no abandonar su máquina de escribir: "La tengo desde 1974, ahora ya más de la mitad de mi vida. Nunca se ha estropeado. Todo lo que tengo que hacer es cambiar las cintas de vez en cuando, pero vivo con el temor de que llegue un día en el que no haya más cintas a la venta, y entonces tendré que usar el ordenador y entrar en el siglo xxi."

Esta confesión de amor hacia su máquina me ha llenado de vergüenza, porque me ha recordado la frivolidad (no tuve paciencia para buscar más) con la que me pasé al ordenador hace tres años, cuando di dos vueltas enteras a Barcelona en busca de cintas para mi máquina de escribir y, al no encontrarlas, me di por rendido. No hallé las cintas ni siquiera en una pequeña tienda cercana a la plaza de Urquinaona que resistía al empuje de los avances técnicos de nuestra época y seguía vendiendo cintas y máquinas de escribir: una tienda que yo visitaba con la impresión de que todo aquello era un milagro y sus dueños (lo había deducido por su manera fanática de hablarme de las máquinas Olympia) unos fervorosos defensores del antiguo tecleo eléctrico.

Ignacio Martínez de Pisón, a quien le conté la historia de los dueños de ese comercio (un extraño matrimonio que luchaba contra la modernidad), llegó a escribir un cuento en el que se inventaba que, delante de los vendedores fanáticos de las máquinas Olympia, alguien montaba una tienda de ordenadores, que constituía la ruina de la pequeña tienda resistente. Parecía que iba a ser un cuento profético, pero el matrimonio fanático, temeroso de que ocurriera realmente lo que relataba Martínez de Pisón (debieron leer su cuento), se pasó de la noche a la mañana a los ordenadores y me obligó a hacerlo a mí también, pues nunca he dudado de que esa tienda de máquinas de escribir fue la última de la ciudad.

Más suerte tuvo Paul Auster, que puede seguir fiel a su Olympia, pero eso se debe seguramente a que vive en Nueva York. Que seamos él y yo distintos en esto (y en tantas otras cosas que ahora se me ocurren) me produce un gran alivio, porque me permite seguir estando solo, aunque llevando a todos mis escritores preferidos conmigo y escribiendo no sus libros, sino los míos. De lo contrario, Auster sería yo. Y eso yo no lo podría permitir. Y menos aún los otros."