viernes, 10 de diciembre de 2021

¿Eres mi madre?, de Alison Bechdel


Alison Bechdel (Lock Haven, Pensilvania, 1960)
¿ERES MI MADRE?
Un drama cómico

[Are you my mother?, 2012]
Trad. Rocío de la Maya
Reservoir Books, 2012 - 292 págs. - inicio - Bibl. Gracia

— Una novela gráfica casi poética, Jesús Jiménez
— Increíble y cruda sinceridad, Un libro al día
— La relación madre hija como quizás nunca antes se ha contado, Gerardo Vilches
[descubrimiento tardío]

«Si has leído la primera novela gráfica de Alison Bechdel, Fun Home. Una familia tragicómica, puedes obviar este texto de contraportada para sumergirte inmediatamente en la lectura de uno de los libros del año. Si, por el contrario, todavía no has leído a Alison Bechdel, estás de enhorabuena, pues en este nuevo relato gráfico Bechdel ha superado un talento artístico que ya le ha valido un sinfín de premios y aplausos por parte de la crítica y de los lectores. En ¿Eres mi madre? Bechdel nos describe la relación con su madre, una mujer muy especial: lectora voraz, amante de la música, apasionada actriz amateur y esposa infeliz a causa de la homosexualidad de su marido, una mujer cuyas aspiraciones artísticas crecieron coincidiendo con la infancia de Alison. Con un estilo conmovedor a la vez que agudo, Bechdel busca respuestas a su infancia en este maravilloso recorrido por su vida.» (CONTRAPORTADA)


(del principio)

El Test de Bechdel, o The Rule, es un método para evaluar la brecha de género:
1. Que en la obra aparezcan dos personajes femeninos con nombre. No vale Camarera 1 o Chica 3.
2. Esos personajes femeninos han de compartir alguna escena e interactuar entre ellas.
3. Y que en sus conversaciones no se refieran a un hombre.


lunes, 6 de diciembre de 2021

Huaco retrato, de Gabriela Wiener


Gabriela Wiener (Lima, 1975)
HUACO RETRATO
Random House, 2021 - 160 págs. - inicio

— El peso del apellido o el peligro de la disolución,
    Sònia Hernández
— La gran voz descolonial de la literatura en lengua
    castellana
, Nadal Suau
— Ágil y voluntariamente contradictorio, Carlos Pardo
— Sobre el racismo diario, Carmen Naranjo
— Descolonizar nuestra mirada, Celia Torres
[cuántas cosas]

«Si hay algo que hicimos bien fue alquilar este gris local industrial y adaptarlo como una casa. Teníamos poco tiempo en lo de ser tres pero ya intuíamos que en uno de esos pisitos de Madrid este zafarrancho iba a ser inviable. La habitabilidad es relativa aquí, le faltan muchísimas cosas para ser una casa pero tiene lo principal, espacio para salir corriendo cuando hace falta, por ejemplo. Las cuatro habitaciones, el sótano, un patio, han sido respiraderos en cada crisis. Y nos cuesta 500 euros al mes, algo que podemos pagar entre los tres sin tener que autoexplotarnos demasiado. En algunas esquinas tejen las arañas y una vez se metió un ratón. Trabajamos y dormimos entre estas paredes altas y rugosas de concreto. En ningún otro sitio habría cabido la cama de casi tres metros. Ni la pareja heterosexual de veinte años con una hija que somos Jaime y yo. Ni la joven pareja lésbica que somos Roci y yo. Ni el vínculo extraño y sin nombre que conforman Jaime y Roci. Ni el trío. Ni los fantasmas. Ni los sueños. Ni los infiernos individuales, ni los colectivos. Todo esto junto subsiste en parte por este lugar.» (pág. 141)

viernes, 3 de diciembre de 2021

Cuaderno de urgencias, de Tereixa Constenla


Tereixa Constenla (Arca, A Estrada, Pontevedra, 1968)
CUADERNO DE URGENCIAS
Siruela, 2021 - 212 págs. - inicio

— Muere Alejandro Bolaños Correa, el hombre que nos hizo mejores, Tereixa Constenla
— Me obligaba a relativizar, Cristina Gómez
— El dolor bien entonado, Sergio del Molino
— El luto como género literario, J. Rodrígez Marcos
[estupenda literatura de duelo]

«El 31 de agosto de 2018 murió el periodista Álex Bolaños, que también era mi marido y el padre de mi hija. Tenía cuarenta y siete años. Durante tres años, vivimos zarandeados por un carrusel de catástrofes tras ser diagnosticados ambos de cáncer. Nos convertimos en enfermos y cuidadores. Nos atrincheramos detrás del amor. Pero el amor no elimina las células tumorales ni sube las defensas. Cuando Álex falleció, empecé a escribir un diario de nuestra vida sin él en el que deposité un poco de todo: la gestión burocrática de la muerte, el abismo de la pérdida, la curiosidad hacia los médicos que le trataron, la responsabilidad sobre el duelo de nuestra hija, sus reflexiones sobre la enfermedad, mis lecturas sobre catástrofes ajenas, la añoranza de lo que fue y, finalmente, la saudade por lo que no será. Rastreé en mi cementerio de diarios y recuperé cuadernos de nuestros viajes y textos que nos habíamos intercambiado durante el tiempo que compartimos. Necesitaba poner por escrito todo lo que acabábamos de vivir antes de que se borrase su frescura, pero también caminar hacia atrás, al tiempo de despreocupación y placer que, ahora lo sabía, habían sido las horas de felicidad. Poseída por ese pensamiento mágico que a veces llega con la muerte, escribí también para hacer a Álex un poco inmortal, como yo deseé tantas veces que fuera » (CONTRAPORTADA)

jueves, 2 de diciembre de 2021

El colibrí, de Sandro Veronesi


Sandro Veronesi (Florencia, 1959)
EL COLIBRÍ
[Il colibri, 2019]
Trad. Pau Vidal
El Periscopi, 2020 - 344 pàgs. - Bibl. Gracia

— Emocionante, Mey Zamora
— Una cuestión privada, Javier Aparicio Maydeu
— Luminoso mensaje de optimismo y esperanza,
    Andrés Seoane
[no]

«Aquesta és la història d'en Marco Carrera, oftalmòleg italià tocat per la tragèdia, la nostàlgia i l'esperança. La seva vida es veu marcada per grans amors, pèrdues atroces i coincidències fatals que amenacen d'arrossegar-lo en un remolí cada cop més profund. Però en Marco persisteix i lluita per mantenir-se dret i entomar les cartes marcades que li brinda el destí. El colibrí és una novel·la irònica, brillant i sensible, d'una bellesa absoluta. Sandro Veronesi es consagra com un dels narradors italians més hàbils i profunds dels últims temps i ens ofereix un personatge tan vívid i captivador que està destinat a acompanyar-nos de per vida.» (CONTRAPORTADA)

martes, 30 de noviembre de 2021

Bluets, de Maggie Nelson


Maggie Nelson (San Francisco, 1973)
BLUETS
[Bluets, 2009]
Trad. Lawrence Schimel
Tres Puntos, 2021 - 112 págs. - inicio
L'altra editorial, 2021 - trad. Míriam Cano - inici

— "Famous blue raincoat", Leonard Cohen
— El azul nunca termina, Andrea Aguilar
— La Central lo recomienda
— Seis fragmentos de Bluets
[sorprendente]

«[145] En alemán, estar azul (blau sein) significa estar borracho. Antes, el delirium tremens era llamado "diablillos azules" como en my bitter hours of blue-devilism [mis horas amargas de diablillos azules] (Burn, 1787). En Inglaterra, la "hora azul" es la happy hour (la hora feliz de los bares). Joan Mitchell (pintora abstracta de primer orden, expatriada americana que vivía en la casa de Monet en Francia, cromófila y borracha empedernida, de lengua malvada y creadora del que probablemente es mi cuadro favorito de todos los tiempos, Les Bluets, que pintó en 1973, el año en que nací) encontraba en verdor de la primavera increíblemnte molesto. Pensaba que era una mala influencia en su trabajo. Hubiera preferido vivir siempre en "l'heure de bleu". Su íntimo amigo Frank O'Hara la comprendía. Ah, daddy, I wanna stay drunk many days [Ay, papi, quiero permanecer borracha durante muchos días], escribió, y lo hizo.» (pág. 66)

Les Bleuets de Joan Mitchell
Les Bleuets (1973) de Joan Mitchell (États-Unis, 1925 - France, 1992)

sábado, 27 de noviembre de 2021

Sobre nosotras, sobre nada, de Rosa Belmonte y Emilia Landaluce


Rosa Belmonte
Emilia Landaluce
SOBRE NOSOTRAS, SOBRE NADA
La esfera de los libros, 2021 - 216 págs. - inicio

— La risa en el drama, Esperanza Ruiz
— Rosa y Emilia hablan con C. Villar
— Federico, Isabel, Alaska, Rosa y Emilia
[diver]

«¿De qué va este libro? De nada. Solo pretendíamos contar cosas divertidas sobre nosotras. Agarrar un tema y hacer dos versiones. Por ejemplo, escribir sobre nuestra educación (y, por tanto, sobre nuestras infancias); o sobre nuestras madres (y, por tanto, sobre nuestras infancias). Vaya, que la intención no es hacernos un Kurosawa y contar lo mismo desde puntos de vista distintos, sino contar cosas distintas a dos voces con la única ligazón del tema. ¿Por qué hacer el libro juntas y no cada una por su lado? Porque somos muy gandulas y así escribiríamos menos.
    Escribimos para divertir. Solo queríamos que el resultado fuera gracioso. No somos John Cusack en Balas sobre Broadway. No nos creemos artistas. No escribimos para trascender. Ni porque lo necesitemos. No entendemos a los que dicen que necesitan escribir. A no ser que sea para ganar dinero. Escribimos porque nos dedicamos a ello en los periódicos. Y porque nos da la gana. Hemos reordenado el puzle de nuestras historietas. Las hemos alargado, hemos añadido alguna más. Pese a haber tardado tanto que algunos han creído que el libro era tan quimérico como Plegarias atendidas, pese a todo, sigue yendo sobre nada. Sobre nosotras. Sobre nada.» (del Manual de instrucciones e intenciones)

miércoles, 24 de noviembre de 2021

La historia de la nostalgia, de Natàlia Romaní


Natàlia Romaní (Tarragona, 1967)
LA HISTORIA DE LA NOSTALGIA
[L'història de la nostàlgia, 2021]
Trad. Andrés Prieto
Catedral, 2021 - 512 págs.

— Las librerías se vuelven locas
— Jordi Corominas conversa amb Natàlia Romaní
— Trufada de referencias a la alta cultura europea, Julià Guillamon
— A Francisco Javier Torres Gómez le ha gustado
[petardo]

«La Universidad de Pembroke es el punto de inicio de esta historia, el lugar en el que convergen las vidas de Laura, David y Sarah, y donde se origina un conflicto entre la pasión y la lealtad, el amor y la amistad. Relato de ese triángulo, La historia de la nostalgia también es la crónica de un viaje en el que el lector visitará los archivos polvorientos de las casas de Park Slope, Brooklyn, compartirá tertulias en el Café de San Marco de Trieste y recorrerá las carreteras de Croacia y Serbia hasta los confines más remotos del viejo continente, siguiendo el curso del Danubio de la mano de Claudio Magris. Hecha de realidad y ficción, de crónicas, diarios y entrevistas, La historia de la nostalgia traza la geografía sentimental de un territorio y un tiempo perdidos en la memoria, e intenta dar con la manera que nos permita aferrarnos a la vida sin que esta nos someta a su voluntad, pues ¿cómo es posible mantenerse íntegro y noble, bueno, cuando el vendaval de la Historia azota sin piedad?» (CONTRAPORTADA)

martes, 23 de noviembre de 2021

Personajes en un paisaje de infancia, de Bohumil Hrabal


Bohumil Hrabal (Brno, 1914 - Praga, 1997)
PERSONAJES EN UN PAISAJE DE INFANCIA
[Postrizyni, 1976]
Trad. Monika Zgustova
Galaxia Gutenberg, 2020 - 144 págs. - inicio

— Un escritor singular, Francisco Millet Alcoba
— El mundo perdido de Bohumil Hrabal
[no era para mí]

«Bohumil Hrabal nos presenta en esta novela a los administradores de una fábrica de cerveza: Francin y Maryška. Ella es una mujer joven y enérgica, muy hermosa, que hace todo lo que se le ocurre. Ante el terremoto que es su mujer, Francin intenta dirigir con sensatez la fábrica, y manejar como puede los incesantes conflictos con sus accionistas, personajes muy influyentes en la ciudad. Por si todo ello fuera poco, el tío Pepin, personaje desternillante y recurrente en las novelas de Hrabal, se queda a vivir con la pareja provocando incesantes episodios cómicos, para desesperación del bueno de Francin, quien ve amenazada una y otra vez su carrera como administrador, a quien salva, eso sí, la irresistible personalidad de su bella esposa.» (CONTRAPORTADA)

lunes, 22 de noviembre de 2021

Gabo y Mercedes: una despedida, de Rodrigo García


Rodrigo García (Bogotá, 1959)
GABO Y MERCEDES: UNA DESPEDIDA
[A Farewell to Gabo and Mercedes, 2021]
Trad. Marta Mesa
Literatura Random House, 2021 - 112 págs. - inicio

— Fragmentos
— El último adiós, Andrés Seoane
— Una fuerza irresistible, Carolina A. Miranda
— La eternidad es amarilla, Jorge F. Hernández
— A Deborahlibros le ha gustado
[a mí también]

«Mi padre se quejaba de que una de las cosas que más odiaba de la muerte era el hecho de que sería la única faceta de su vida sobre la que no podría escribir. Todo lo que había vivido, presenciado y pensado estaba en sus libros, convertido en ficción o cifrado. "Si puedes vivir sin escribir, no escribas", solía decir. Yo estoy entre aquellos que no pueden vivir sin escribir, por eso confío en que me perdonaría. Otra de sus afirmaciones que me llevaré a la tumba es "No hay nada mejor que algo bien escrito". Esa resuena de forma particular, a medida que tomo conciencia de que cualquier cosa que escriba sobre sus últimos días puede llegar a publicarse fácilmente, sin importar su calidad. En el fondo sé que voy a escribir y a mostrar estos recuerdos de una u otra forma. Si tengo que hacerlo, recurriré incluso a otra cosa que nos decía: "Cuando esté muerto, hagan lo que les dé la gana".» (SOLAPA)

viernes, 19 de noviembre de 2021

Llamada perdida, de Gabriela Wiener


Gabriela Wiener (Lima, 1975)
LLAMADA PERDIDA
Sexto Piso, 2015 - 180 págs. - Bibl. Sant Antoni

— Lo fuerte estriba en su mirada, Nadal Suau
— Prosa atrayente como pocas, Fondo Lector
— Tiene oficio y artificio, Billar de letras
[valiente (incluyendo las miradas sobre Isabel Allende
y Corín Tellado)]

«Este fin de semana llegaremos a los cuarenta grados en Madrid. En medio del sopor leo Verano, las memorias ficcionadas de Coetzee, y me detengo en esta frase: "La presteza con que se retira uno del trabajo creativo para dedicarse a una actividad mecánica". "Es un tema a explorar", dice el escritor. Y pienso en las veces en que me ha sorprendido la facilidad con que uno convierte la escritura o el arte en un compromiso eludible y la tontería más rutinaria —colgar ropa en un cordel o mandar un mail burocrático— es un acto perfecto. Lo que más me intriga es ese instante en que ese desplazamiento del foco del deseo se vive sin dolor. En el alegre abandono y no en la obligada página en blanco surge el "tema a explorar", el recuerdo, la literatura. Como ahora, que recuerdo mi edición de 1999 de Cartas de cumpleaños, el poemario de Ted Hughes sobre Sylvia Plath que Jaime me regaló el día que cumplí veinticinco años. Hay una graciosa dedicatoria: "Para Gabriela, los poemas del esposo a la esposa. Ted y Sylvia... Nosotros respiramos". Me pasé años, quizá demasiados, obsesionada con ese matrimonio de escritores y (de una manera secreta, culpable, juvenil y estúpida) deseé casarme con un poeta brillante, guapo e infiel, y consumirme en los celos y en la destrucción para escribir poemas estremecedores. He cumplido algunos de mis sueños. Antes del libro de Hughes yo quería ser Plath, la mártir. Después de leer este detallado canto al dolor y a la poesía de una vida en común, sólo quise escribir, escribir y respirar, y si fuera estrictamente necesario, cometer un crimen. Cuando Sylvia y Ted se encontraron, señala Andreu Jaume en el magnífico prefacio a la nueva edición de las cartas, "sus mitos personales se sometieron a una tensión nueva y se interrogaron en otro espejo". Cuando dos escritores se casan, se casan también sus fantasmas. Y es para siempre.» (págs. 112-113)

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Lo que quiero decir, de Joan Didion


Joan Didion (Sacramento, California, 1934)
LO QUE QUIERO DECIR
[Let Me Tell You What I Mean, 2021]
Trad. Javier Calvo
Prólogo de Elvira Navarro
Por qué escribo, Joan Didion (1976)
Literatura Random House, 2021 - 144 págs. - fragmento

— Joan Didion, antes del mito, Inés Martín Rodrigo
— Una recomendación de Laura Barrachina
— La voz del dolor, Marta Ailouti
— Artículos tempranos, Aloma Rodríguez
[un refrito muy interesante]

«Cuando digo que me pasé exactamente diez años sin escribir más relatos no quiero decir que no escribiera nada de nada. De hecho, escribía todo el tiempo. En cuanto me marché de Berkeley, empecé a ganarme la vida escribiendo. Fui a Nueva York y escribí textos de marketing para Vogue y textos promocionales para Vogue (la distinción entre ambas categorías era clara pero recóndita [...]), y después ya pasé a escribir artículos para Vogue. [...]
    Es fácil quitarle importancia a esta clase de "escritura", y la menciono de forma específica porque yo no le quito ninguna importancia: fue en Vogue donde aprendí en cierto modo a sentirme cómoda con las palabras, una forma de contemplar las palabras ya no como espejos de mi propia incapacidad, sino como herramientas, juquetes, armas que utilizar de forma estratégica en la página. En un destacado de, digamos, ocho líneas, donde las líneas no pueden superar los veintisiete caracteres, no es solo que cada palabra cuente, sino también cada letra. En Vogue se aprendía deprisa —o no durabas nada— a jugar con las palabras, a pasar un par de subordinadas poco manejables por la máquina de escribir y sacarlas transformadas en una frase simple compuesta exactamente de treinta y nueve caracteres. Éramos expertos en sinónimos. Éramos coleccionistas de verbos.» (pág. 65)