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jueves, 19 de agosto de 2021

Ariel, de Sylvia Plath


Sylvia Plath (Boston, 1932 - Londres, 1963)
ARIEL (edición bilingüe)
[Ariel, 1965]
Ilustraciones de Sara Morante
Trad. Jordi Doce
Nórdica, 2020 - 208 págs. - inicio - Bibl. Caudete
— Elegía a la poeta muerta, Aglaia Berlutti
— La extrañeza que soy, Ángel Rupérez
— Una gran heroína clásica, Santos Domínguez
— Sylvia Plath en sus propias palabras, Jordi Doce
[desolador]

Señora Lázaro

Lo he vuelto a hacer.
Cada diez años
lo consigo: 

especie de milagro andante, mi piel
relumbra como la pantalla de una lámpara nazi,
mi pie derecho

es un pisapapeles, mi rostro,
buena tela de lino
judía, sin adornos.

Arráncame el pañuelo,
oh mi enemigo.
¿Inspiro terror?...

¿La nariz, la cuenca de los ojos, la dentadura completa?
Este aliento agrio
se esfumará en un día.

Pronto, pronto la carne
que el sombrío sepulcro se comió
estará en mí como en su casa

y seré una mujer sonriente.
Solo tengo treinta años.
Y, como el gato, siete ocasiones para morir.

Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
aniquilar cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud con sus bolsas de cacahuetes
se arremolina para ver

cómo me desanudan pies y manos:
el gran estriptís.
Damas y caballeros:

estas son mis manos,
mis rodillas.
Puedo ser toda piel y huesos,

pero sigo siendo la misma, idéntica mujer.
La primera vez que ocurrió tenía diez años.
Fue un accidente.

La segunda vez estaba decidida
a llegar hasta el fin y no volver jamás.
Me arrullé hasta cerrarme por dentro

como una concha de mar.
Tuvieron que llamarme y llamarme
y quitarme los gusanos uno a uno como perlas pegajosas.

Morir
es un arte, como todo.
Y yo lo hago excepcionalmente bien.

Tan bien, que parece un infierno.
Tan bien, que parece real.
Supongo que cabría hablar de vocación.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Es bastante fácil hacerlo y estarse quieto.
Es el regreso teatral

a plena luz del día
al mismo sitio, el mismo rostro, el mismo grito zafio y divertido:

“¡Un milagro!”
lo que me deja fuera de combate.
Hay que pagar

por ver mis cicatrices, hay que pagar
para escucharme el corazón:
de veras que funciona.

Y hay que pagar, hay que pagar muchísimo,
por un roce, una palabra
o una pizca de sangre

o un mechón de mi pelo, un jirón de mis ropas.
Y bien, herr Doktor,
y bien, herr Enemigo.

Soy su obra,
su objeto más valioso,
el bebé de oro puro

que se funde en un grito.
Doy vueltas y me abraso.
No crea que subestimo su gran preocupación.

Ceniza, ceniza...,
que usted remueve y tantea.
Carne, hueso, ahí no queda nada...

Una pastilla de jabón,
un anillo de bodas,
un empaste de oro.

Herr Dios, herr Lucifer,
cuidado,
cuidado.

De la ceniza
con el cabello rojo me levanto
y devoro a los hombres como aire.

23-29 octubre de 1962
Lady Lazarus

I have done it again.
One year in every ten
I manage it—

A sort of walking miracle, my skin
Bright as a Nazi lampshade,
My right foot

A paperweight,
My face a featureless, fine
Jew linen.

Peel off the napkin
O my enemy.
Do I terrify?—

The nose, the eye pits, the full set of teeth?
The sour breath
Will vanish in a day.

Soon, soon the flesh
The grave cave ate will be
At home on me

And I a smiling woman.
I am only thirty.
And like the cat I have nine times to die.

This is Number Three.
What a trash
To annihilate each decade.

What a million filaments.
The peanut-crunching crowd
Shoves in to see

Them unwrap me hand and foot—
The big strip tease.
Gentlemen, ladies

These are my hands
My knees.
I may be skin and bone,

Nevertheless, I am the same, identical woman.
The first time it happened I was ten.
It was an accident.

The second time I meant
To last it out and not come back at all.
I rocked shut

As a seashell.
They had to call and call
And pick the worms off me like sticky pearls.

Dying
Is an art, like everything else.
I do it exceptionally well.

I do it so it feels like hell.
I do it so it feels real.
I guess you could say I’ve a call.

It’s easy enough to do it in a cell.
It’s easy enough to do it and stay put.
It’s the theatrical

Comeback in broad day
To the same place, the same face, the same brute
Amused shout:

‘A miracle!’
That knocks me out.
There is a charge

For the eyeing of my scars, there is a charge
For the hearing of my heart—
It really goes.

And there is a charge, a very large charge
For a word or a touch
Or a bit of blood

Or a piece of my hair or my clothes.
So, so, Herr Doktor.
So, Herr Enemy.

I am your opus,
I am your valuable,
The pure gold baby

That melts to a shriek.
I turn and burn.
Do not think I underestimate your great concern.

Ash, ash—
You poke and stir.
Flesh, bone, there is nothing there—

A cake of soap,
A wedding ring,
A gold filling.

Herr God, Herr Lucifer
Beware
Beware.

Out of the ash
I rise with my red hair
And I eat men like air.

lunes, 18 de febrero de 2019

La campana de cristal, de Sylvia Plath


Sylvia Plath (Boston, 1932 - Londres, 1963)
LA CAMPANA DE CRISTAL
[The Bell Jar, 1963]
Trad. Elena Rius
Edhasa, 218 - 384 págs. - inici

- Jenn Díaz en JotDown.
- Juan Flores en Revista de Letras.
[desolador]

«Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento.
   De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente.
  Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.» (págs. 125-126)



«Sabía que debía estarle agradecida a la señora Guinea, sólo que no podía sentir nada. Si la señora Guinea me hubiera dado un pasaje a Europa, o un viaje alrededor del mundo, no hubiera habido la menor diferencia para mí, porque dondequiera que estuviera sentada —en la cubierta de un barco o en la terraza de un café en París o en Bangkok— estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado.» (pág. 291)

viernes, 23 de julio de 2021

Recuerdos de mi inexistencia, de Rebecca Solnit

Records de la meva inexistència

Rebecca Solnit (San Francisco, 1961)
RECUERDOS DE MI INEXISTENCIA
[Recollections of My Nonexistence, 2020]
Trad. Antonia Martín
Lumen, 2021 - 288 págs. - inicio - fragment

— "Las mujeres vivimos en un océano de violencia...", Elena Hevia
— Audibilidad, credibilidad y relevancia, E. M. G. Pastor
— Diversos parabienes
[repetitivo]

«Podían hacerte un poco de daño —con insultos y amenazas que te recordaban que no estabas a salvo ni eras libre ni poseías ciertos derechos inalienables—, o más daño con una violación, o más con una violación acompañada de secuestro, tortura, cautiverio y mutilación, y más aún con el asesinato, y la posibilidad de la muerte planeaba siempre sobre las otras agresiones. Podían borrarte un poco para que hubiera menos de ti, para que tuvieras menos seguridad, menos libertad, o podían socavar tus derechos e invadir tu cuerpo para que fuera cada vez menos tuyo; podían suprimirte del todo, y ninguna de esas posibilidades parecía especialmente remota. Todas las cosas malas que les pasaban a las otras mujeres porque eran mujeres podían ocurrirte a ti por ser mujer. Aunque no te mataran, mataban algo de ti: tu sensación de libertad, de igualdad de confianza en ti misma.» (págs. 62)
«Casi veinte años más tarde, en mi libro sobre el caminar cité a Sylvia Plath, quien a los diecinueve manifestó: "Haber nacido mujer es mi tragedia. [...] Sí, mi deseo ferviente de alternar con obreros, marineros y soldados, con los parroquianos de los bares (de ser un personaje anónimo de la obra para escuchar y observar) resulta imposible porque soy una chica, una mujer, siempre expuesta al peligro de una agresión. El irreprimible interés que me inspiran los hombres y su vida a menudo se confunde con el deseo de seducirlos, o se interpreta como una invitación a la intimidad. Pero, por Dios, yo solo quiero hablar con todas las personas que sea posible y profundizar todo lo que sea capaz. Me gustaría poder dormir a cielo abierto, viajar al oeste, pasear libremente por las noches". Al leer el pasaje mucho después de incluirlo en el libro me pregunté quién habría sido Sylvia Plath si hubiera tenido las llaves de la ciudad, como se decía antes, y de las colinas y de la noche, y hasta qué punto su suicidio en la cocina cuando tenía treinta años tal vez se debiera en parte al confinamiento de la mujer a los espacios y delimitaciones domésticos.» (págs. 119-120)

viernes, 19 de noviembre de 2021

Llamada perdida, de Gabriela Wiener


Gabriela Wiener (Lima, 1975)
LLAMADA PERDIDA
Sexto Piso, 2015 - 180 págs. - Bibl. Sant Antoni

— Lo fuerte estriba en su mirada, Nadal Suau
— Prosa atrayente como pocas, Fondo Lector
— Tiene oficio y artificio, Billar de letras
[valiente (incluyendo las miradas sobre Isabel Allende
y Corín Tellado)]

«Este fin de semana llegaremos a los cuarenta grados en Madrid. En medio del sopor leo Verano, las memorias ficcionadas de Coetzee, y me detengo en esta frase: "La presteza con que se retira uno del trabajo creativo para dedicarse a una actividad mecánica". "Es un tema a explorar", dice el escritor. Y pienso en las veces en que me ha sorprendido la facilidad con que uno convierte la escritura o el arte en un compromiso eludible y la tontería más rutinaria —colgar ropa en un cordel o mandar un mail burocrático— es un acto perfecto. Lo que más me intriga es ese instante en que ese desplazamiento del foco del deseo se vive sin dolor. En el alegre abandono y no en la obligada página en blanco surge el "tema a explorar", el recuerdo, la literatura. Como ahora, que recuerdo mi edición de 1999 de Cartas de cumpleaños, el poemario de Ted Hughes sobre Sylvia Plath que Jaime me regaló el día que cumplí veinticinco años. Hay una graciosa dedicatoria: "Para Gabriela, los poemas del esposo a la esposa. Ted y Sylvia... Nosotros respiramos". Me pasé años, quizá demasiados, obsesionada con ese matrimonio de escritores y (de una manera secreta, culpable, juvenil y estúpida) deseé casarme con un poeta brillante, guapo e infiel, y consumirme en los celos y en la destrucción para escribir poemas estremecedores. He cumplido algunos de mis sueños. Antes del libro de Hughes yo quería ser Plath, la mártir. Después de leer este detallado canto al dolor y a la poesía de una vida en común, sólo quise escribir, escribir y respirar, y si fuera estrictamente necesario, cometer un crimen. Cuando Sylvia y Ted se encontraron, señala Andreu Jaume en el magnífico prefacio a la nueva edición de las cartas, "sus mitos personales se sometieron a una tensión nueva y se interrogaron en otro espejo". Cuando dos escritores se casan, se casan también sus fantasmas. Y es para siempre.» (págs. 112-113)

martes, 6 de marzo de 2018

Chica de campo, de Edna O'Brien


Edna O'Brien (Irlanda, 1930)
CHICA DE CAMPO
[Country Girl, 2012]
Trad. Regina López Muñoz
Errata Naturae, 2018 - 424 págs. - inicio

— Conociendo a Edna con Lola Galán
— Ana, decepcionada
[mis expectativas también eran demasiado altas]

«Aquel invierno conocí al director de cine Jack Garfield, que me mandó una cesta de Fortnum & Mason con manjares que yo jamás había probado; áspic de jamon, foie gras, jalea de membrillo, quesos y unas trufas rellenas de brandy de cerezas y kirsch. Aquel invierno, T.P. McKenna me invitó a una fiesta que daba Sam Peckinpah, aunque no llegué a conocer al anfitrión, cosa nada extraña en las fiestas de los sesenta [...]
  Aquel invierno me compré un gorro de cosaca de astracán gris clarísimo, y uno o dos hombres me besaron, pero yo no estaba preparada para besar a nadie, todavía estaba congelada.
  Aquel invierno Sylvia Plath se quitó la vida, dejando unos poemas de una sinceridad fulgurante y homicida. Su marido, Ted Hughes, escribió en un libro dedicado a ella un poema en el que el Marido es la sombra de la Dama, pero las sombras se intercambian los papeles en la vida, como a veces ocurre en los versos de amor cortés, Estuve con Sylvia una sola vez, después de una lectura de poemas en el Queen Elizabeth Hall; me la presentó Robert Graves, y percibí en ella algo hostil y severo. Sin embargo, con el paso del tiempo y mis adversidades crecientes, sus poemas preñados de la presencia de la muerte y la de los hijos, me parecieron la voz misma de mi alma. Sentía que sólo por leerlos sería capaz de soportar todos los reveses de la vida, gracias a sus palabras perfectamente colocadas, perfectamente pulidas, la belleza, la gravedad de sus imágenes: “Lirios, lirios”. “La luna [...] mirando fijamente desde su caperuza de hueso”.» (págs. 374-375)

martes, 31 de diciembre de 2019

Libros de 2019

  1. Ahir, Agota Kristof
  2. Lectura fácil, Cristina Morales
  3. Chilean Electric, Nona Fernández
  4. El encargo, Javier Melero
  5. Hiere, negra espina, de Claude Louis-Combet
  6. Testimonio materno, Elena Soriano
  7. El reino, Gonzalo M. Tavares
  8. Paraguas en llamas, Jordi Mestre
  9. Canto jo i la muntanya balla, Irene Solà
  10. Europa Automatiek, Cristian Crusat
  11. Contra Amazon, Jorge Carrión
  12. Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo, A. G. Porta
  13. El pasajero, Ulrich-Alexander Boschwitz
  14. La peor parte, de Fernando Savater
  15. El colgajo,Philippe Lançon
  16. El buen soldado, de Ford Maddox Ford
  17. De Profundis, de José Cardoso Pires
  18. Corazón giratorio, Donald Ryan
  19. Mirarse de frente, Vivian Gornick
  20. Volverse Palestina, Lina Meruane
  21. El amigo, Sigrid Nunez
  22. La revolución de las flâneuses, Anna Maria Iglesia
  23. Mi cuerpo también, Raquel Taranilla
  24. Manifiesto incierto, Frédéric Pajak
  25. Todos llevan máscara, Laura Freixas
  26. Desierto sonoro, Valeria Luiselli
  27. Susan Sontag, la entrevista completa de 'Rolling Stone', Jonathan Cott
  28. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibuleac
  29. Aquí y ahora, Miguel Ángel Hernández
  30. Sigo aquí, Maggie O'Farrell
  31. Un día en la vida de un editor, Jorge Herralde
  32. Abecedario de las muñecas, Camilla Grudova
  33. El coste de vivir, Deborah Levy
  34. Cosas que no quiero saber, Deborah Levy
  35. Mi padre, el pornógrafo, Chris Offutt
  36. El Director, David Jiménez
  37. A mí no me iba a pasar, Laura Freixas
  38. El increíble viaje de las plantas, de Stefano Mancuso
  39. Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado
  40. Zuleijá abre los ojos, Guzel Yájina
  41. La noche fenomenal, Javier Pérez Andújar
  42. La biblioteca en llamas, Susan Orlean
  43. Retrato del futbolista adolescente, Valentín Roma
  44. Mi marido es de otra especie, Yukiko Motoya
  45. El frío, Thomas Bernhard
  46. El aliento, Thomas Bernhard
  47. Otra vida por vivir, Theodor Kallifatides
  48. Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar
  49. Claus y Lucas, Agota Kristof
  50. El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre, Atsushi Nakajima
  51. Cárdeno adorno, Katharina Winkler
  52. Teoria King Kong, Virginie Despentes
  53. Diario de la caída, Michel Laub
  54. Zami. Una biomitografía, Audre Lorde
  55. Iluminada, de Mary Karr
  56. Un occidental en Japón, Donald Keene
  57. La dependienta, Sayaka Murata
  58. Distraídos venceremos, Andrea Valdés
  59. Esta bruma insensata, Enrique Vila-Matas
  60. Los antepasados, Mary Ann Clark Bremer
  61. Una pena en observación, C.S.Lewis
  62. Papeles Falsos, Valeria Luiselli
  63. Cuaderno [...] duelo, Miguel Ángel Hernández
  64. Sita, Kate Millet
  65. La analfabeta, Agota Kristof
  66. Tierra de mujeres, María Sánchez
  67. Sujeto elíptico, Cristian Crusat
  68. Cabinet d´amateur, una novela oblicua, Enrique Vila-Matas
  69. Desembalo mi bibiblioteca, Walter Benjamin
  70. Conviene tener un sitio adonde ir, Emmanuel Carrère
  71. Desde esta colina, Sue Hubbell
  72. América, Manuel Vilas
  73. Mi vida en la carretera, Gloria Steinem
  74. La campana de cristal, Sylvia Plath
  75. Feliz final, Isaac Rosa
  76. Una habitación propia, Virginia Woolf
  77. La única historia, Julian Barnes
  78. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, Maya Angelou
  79. Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino
  80. Una curiosidad insaciable, Richard Dawkins
  81. El monarca de las sombras, Javier Cercas
  82. Relato de mi vida, Thomas Mann
  83. Claudio López de Lamadrid, editor
  84. Conversaciones entre amigos, Sally Rooney
  85. Saliendo de la estación de Atocha, Ben Lerner
  86. Mamá, Luis Antonio de Villena


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viernes, 14 de mayo de 2021

Cómo acabar con la escritura de las mujeres, de Joanna Russ



Joanna Russ (Nueva York, 1937 – Tucson, 2011)
CÓMO ACABAR CON LA ESCRITURA DE LAS MUJERES
[How to Suppress Women's Writing, 1983]
Prólogo de Jessa Crispin
Trad. Gloría Fortún
Barret, Dosbigotes, 2018 - 264 págs. - paz

- Cómo ignorar, condenar y menospreciar la obra de las mujeres, Fátima Elidrissi
- La literatura masculina no existe porque es toda, Marta Maldonado
- Once estrategias para que las mujeres no vuelvan a escribir, Lorena G. Maldonado
- "Solo tiene un libro bueno" y otras 10 formas de ridiculizar a las mujeres que escriben, Mónica Zas Marco
[pues eso]

«En Cómo acabar con la escritura de las mujeres la galardonada novelista y ensayista Joanna Russ expone las estrategias sutiles, y no tan sutiles, que la sociedad usa para ignorar, condenar o menospreciar a las mujeres que producen literatura. Publicada originalmente en 1983 y nunca traducida al español, esta obra, tan relevante hoy como entonces, ha motivado a generaciones de lectores con su poderosa crítica feminista. Con un tono sarcástico e irreverente, Russ examina las fuerzas que sistemáticamente impiden un amplio reconocimiento del trabajo creativo de las mujeres. La autora se centra en la literatura escrita en inglés a la hora de analizar los once patrones que se repiten para acabar con la escritura de las mujeres, y es por eso que encontramos nombres de escritoras clásicas y contemporáneas, como las hermanas Brontë, Sylvia Plath, Emily Dickinson, George Eliot, Tillie Olsen, Katherine Mansfield, Rebecca Harding Davis, Anaïs Nin, Sara Teasdale, Anne Sexton, Adrienne Rich, Margaret Cavendish, Mary Shelley, Mary Hogarth, Mary McCarthy, Ursula K. Le Guin, Elizabeth Barrett Browning, Kate Millet, Charlotte Mew, Joan Didion, Susan Sontag, Dorothy Richardson, Alice Sheldon, Christina Rossetti, Amy Lowell, Aphra Behn, Anne Finch, Virginia Woolf, Hilda Doolittle, Marianne Moore, Jane Austen o Jane Anger, entre muchas otras. Si algunas ni siquiera os suenan, Russ os explica por qué.» (PROMO)

Joanna Russ "Muestra indignación sin ser pretencioso, es exhaustivo sin ser aburrido y es serio sin carecer de sentido del humor. Aunque se publicó hace treinta y cinco años no describe un mundo muy diferente al que habitamos en la actualidad", del prólogo de Jessa Crispin, autora de Por qué no soy feminista: un manifiesto feminista.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Relíquia, Pol Guasch


Pol Guasch (Tarragona, 1997)
RELÍQUIA
Anagrama y Anagrama, 2026 - 152 págs. - inici

— Recalar como por un tobogán, Juan Tallón
— Mirar la muerte permite burlarla, Álex Vicente
— Pol Guasch en Página Dos
— Pol habla con Leticia Blanco
— La mirada de la pérdida, Anna Maria Iglesia
— Explicar-se l’inexplicable, Ponç Puigdevall
[íntim, poétic, valent, brillant]

«Deu anys després de la mort del seu pare, el narrador d’aquest llibre decideix escriure-la. Amb l’ombra del suïcidi que priva el dol, es pregunta: és possible trobar les paraules d’un comiat que no es va produir? Així, aquest relat personal i íntim esdevé una recerca per entendre com es forgen els vincles familiars, a què condemna el silenci, on s’amaga la veritat d’una història.
    Però l’escriptura falla, i l’autor recorre a les biografies d’escriptors que es van suïcidar i a les seves darreres notes per reconstruir un adeu possible, temptatiu. Serà només amb una narració polifònica i coral que podrà tornar als racons oblidats de la pròpia vida, allà on la memòria es torna buit.
    Relíquia es transforma, aleshores, en una crònica familiar que conté una reflexió sobre l’arribada a l’escriptura i el sentit de la creació; un text sobre la mort i l’absència que condueix als moments més relluents de l’amistat i l’amor. Amb un estil contingut, sense revolts, Pol Guasch ha bastit un llibre delicat i vital: una elegia fulgurant.» (CONTRAPORTADA)
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viernes, 8 de marzo de 2019

Algunas de ellas

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jueves, 8 de marzo de 2018

El arrecife de las sirenas, de Luna Miguel


Luna Miguel (Madrid, 1990)
EL ARRECIFE DE LAS SIRENAS
La Bella Varsovia / Poesía, 2017 - 84 págs. - más Luna
[delicadeza y provocación]

UNA SEMANA DE VIDA
«no eres humano. tus orejas pequeños milímetros cómo van a ser humanas. no es humana tu manera de respirar. o ese corazón agitado que nació de un corte en el vientre. corte que no es humano. no es humana esta manera de nacer. esta manera de mecer. esta manera de querer milímetro a milímetro, miniatura a miniatura, piel a piel-pequeña entre mis pechos. me dijeron que eras persona, pero eres pez. u oso. o perro relamiéndose los dedos al sol. no eres humano ni persona: eres ictericia, pezonera y pinza, ojos indecisos que miran con asombro. no eres humano: sólo eres hueso baba. hueso suave. hueso enamorado de llanto y de calor.» (pág. 70)

Unas pocas, Luna Miguel, EL CULTURAL, 7/04/2017

«Marta Sanz, o Sylvia Plath, o Mary Shelley, o Ingeborg Bachmann, o Virginia Woolf, o María Llopis, o Clara Janés, o Yolanda Castaño, o Caitlin Moran, o Virginie Despentes, o Amélie Nothomb, o Natalia Ginzburg, o Chika Sagawa, o Silvina Ocampo, o Gloria Fuertes, o Sara Mesa, o Ruth Llana, o Chantal Maillard, o Cristina Rivera Garza, o Maria Mercè Marçal, o Isla Correyero, o Emma Cline, o Anne Carson, o Yasmina Reza, o Lucy K. Shaw, o Safo,o Jenn Díaz, o JK Rowling, o Alice Munro, o Svetlana Alexievich, o Catalina Stanislav, o Carmen Laforet, o Lisa Dierbeck, o Angela Carter, o Alejandra Pizarnik, o Elena Medel, o Joyce Mansour, Carson McCullers, o Elena Garro, o Iris Murdoch, o Joan Didion, o Simone de Beauvoir, o Belén Gopegui, o Jane Austen, o Sara Torres, o Montserrat Roig, o Elvira Lindo, o Anne Sexton, o Emilia Pardo Bazán, o Sharon Olds, o Emily Witt, o Milena Busquets, o Marie Darrieussecq, o Dorothy Parker, o María Sánchez, o Margaret Atwood, o Rosalía de Castro, o Isabel Escudero, o Luciana Peker, o Laura Fernández, o Forough Farrojhzad, o Emily Dickinson, o Gioconda Belli, o Carmen Martín Gaite, o Patti Smith, o Daniela Camacho, o Emily Berry, o Valeria Luiselli, o Ana María Matute, o Julianne Pachico, o Natalia Litvinova, o Elena Ferrante, o Fatena Al-Gurra, o Claudia Apablaza, o Chimamanda Ngozi Adichie, o Agatha Christie, o Dorothy M. Johnson, o Roxane Gay, o Lara Moreno, o Andrea Wulf, o Gabby Bess, o Amalia Bautista, o Delphine de Vigan, o Lucía Baskaran, o Mina Loy, o Ida Vitale, o Lola Nieto, o Alfonsina Storni, o Elvira Navarro, o Susan Sontag, o Diane di Prima, o Tálata Rodríguez, o Anaïs Nin, o Nina Yargekov, o Sara Herrera Peralta, o Donna Tartt, o Selva Almada, o Valérie Mréjen, o Lila Azam, o Tracy K. Smith… O la que tú quieras, vaya. Pero cuando hables de literatura, cita a una mujer de vez en cuando, ¿vale? Gracias.»

martes, 6 de febrero de 2018

El club de los mentirosos, de Mary Karr


Mary Karr (Texas, 1955)
EL CLUB DE LOS MENTIROSOS
[The Liar's Club, 1995]
Trad. Regina López Muñoz
Errata Naturae y Periférica, 2017 - 520 págs. - inicio
The Truth Keeps You Young, L.Dunhan, The Paris Review
[saber contar]

[Eduardo Lago dixit:] «Mary Karr (Grove, Texas, 1955) tenía cuatro años cuando su padre, al final de su jornada laboral en la refinería de petróleo donde trabajaba, se la llevaba con él a los antros donde quedaba para beber, jugar a las cartas e intercambiar historias con sus amigos, broncos texanos excombatientes de la Segunda Guerra Mundial [y ese era el club de los mentirosos]. Después de Texas vendrían otros paisajes: las drogas y el surf en California; la escena punk durante los años del college, en Minnesota; Vermont, donde cursó un máster en escritura creativa y conoció a su futuro marido, poeta como ella. Siguieron el nacimiento de su hijo, Dev, y su primer trabajo, como profesora de la Universidad de Siracusa. En cada uno de estos lugares surgió de manera fragmentaria un entramado que apenas logra ocultar una espiral de episodios aterradores: una violación perpetrada por un compañero de juegos a una edad temprana; la imagen de su madre amenazándola con un cuchillo, presa de un brote psicótico; la sombra aciaga de la depresión; un intento de suicidio; tétricas sesiones en los locales de Alcohólicos Anónimos; la religión, como única salida posible. La búsqueda de una tabla de salvación en la escritura recuerda a la de Sylvia Plath, cuando hacía frente a sus demonios en el terror de la madrugada. El resultado fue un libro de memorias que, conforme al dictamen de la crítica cuando se publicó en 1995, cambiaba las reglas del género. El club de los mentirosos es un libro difícil de caracterizar. Durante un año se mantuvo en la lista de best sellers del New York Times, mientras su autora recibía a diario cientos de cartas desgarradoras escritas por mujeres que le daban las gracias por haber logrado algo que ellas no sabían hacer: contar la crónica de su estancia en el infierno dejando espacio a la esperanza [...]»
The Liar's Club, Penguin Classics

miércoles, 4 de marzo de 2026

Acerca del robo de historias, Gueorgui Gospodínov


Gueorgui Gospodínov (Yambol, Bulgaria, 1968)
ACERCA DEL ROBO DE HISTORIAS
Y OTROS RELATOS

[I drugi istorii, 2001]
Trad. María Vútova
Impedimenta, 2024 - 160 págs. - inicio - Bibl. Maragall

— Cuentos breves y con gancho, Aloma R.
— Noticias de la tradición oral, Gonzalo Torné
— Afilada sátira posmoderna, Zenda libros
[no era para mí]

«El alma de un cerdo que narra su propio sacrificio el día de Navidad; un encuentro entre dos desconocidos en un aeropuerto; una mujer que ve el pasado con el ojo izquierdo y el futuro con el derecho; viajeros embarcados en trenes nocturnos que cruzan las fronteras de los Balcanes; juegos lingüísticos que conducen a epifanías inesperadas; hombres con muchos nombres y ladrones de historias; rompecabezas, retretes alemanes y viajes metafísicos: todo ello forma parte de la cosmología sorprendente, vitalista y satírica de Gueorgui Gospodínov. Los veintiún relatos reunidos en este título están impregnados de la sátira posmoderna más afilada, sin perder la voluntad cristalina e inagotable de vivir a través de un realismo descarnado.
    Un libro que mezcla la complejidad narrativa de Borges y el lirismo de Sylvia Plath. Una colección de relatos magistrales que ha provocado que la crítica y el público se rindan a los pies del escritor búlgaro, traducido ya a más de veinte idiomas y Premio Booker Internacional 2023.» (CONTRAPORTADA)