domingo, 30 de diciembre de 2018

Libros de 2018

    Vila-Matas, grafiti en Salamanca, 2018
  1. Les possessions, de Llucia Ramis
  2. Los asquerosos, de Santiago Lorenzo
  3. Cosas Vivas, de Munir Hachemi
  4. Yo misma, supongo, de Natalia Carrero
  5. Un vespre al Paradís, de Lucia Berlin
  6. Impón tu suerte, de Enrique Vila-Matas
  7. Un nen, de Thomas Bernhard
  8. Mudar de piel, de Marcos Giralt Torrente
  9. Cosas conocidas y extrañas, de Teju Cole
  10. Marx y la muñeca, de Maryam Madjidi
  11. Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue
  12. El laberinto junto al mar, de Zbigniew Herbert
  13. Les formes del verb anar, de Jenny Erpenbeck
  14. La muerte del comendador, de Haruki Murakami
  15. Carbón animal, de Ana Paula Maia
  16. Walt Whitman ya no vive aquí, de Eduardo Lago
  17. Per tenir casa cal guanyar la guerra, de Joan Margarit
  18. El favor de la sirena, de Denis Johnson
  19. Una educación, de Tara Westover
  20. Un estiu, de Francesc Parcerisas (y Gil de Biedma)
  21. El boxeador polaco, de Eduardo Halfon
  22. El hijo del héroe, de Karla Suárez
  23. L’art de portar gavardina, de Sergi Pàmies
  24. Un día en la vida de una mujer sonriente, de Margaret Drabble
  25. Lo que te pertenece, de Garth Greenwell
  26. Llega el rey cuando quiere, de Pierre Michon
  27. El último samurái, de Helen DeWitt
  28. La desaparición de Josef Mengele, de Olivier Guez
  29. El diario de la princesa, de Carrie Fisher
  30. La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, de Esther Meynell
  31. El complot de las damas muertas, de Jessa Crispin
  32. Hombres imprudentemente poéticos, de Valter Hugo Mae
  33. La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick
  34. La uruguaya, de Pedro Mairal
  35. Guerra y trementina, de Stefan Hertmans
  36. La hermana menor, de Mariana Enriquez
  37. Siete cuentos morales, de J.M. Coetzee
  38. Correo literario, de Wislawa Szymborska
  39. La muerte de Napoleón, de Simon Leys
  40. Museo animal, de Carlos Fonseca
  41. Pulse enter para continuar, de Ana Galvañ
  42. El dolor de los demás, de Miguel Ángel Hernández
  43. Papitu, de Carlota Benet
  44. Permagel, d'Eva Baltasar
  45. Clases de chapín, de Eduardo Halfon
  46. El final de la historia, de Lydia Davis
  47. Una vida subterránea, de Laura Freixas
  48. Teoría general del olvido, de José Eduardo Agualusa
  49. La felicidad de los pececillos, de Simon Leys
  50. Ordesa, de Manuel Vilas
  51. Aquella porta giràtoria, de Lluís Foix
  52. Duelo, de Eduardo Halfon
  53. Regreso a Berlín, de Verna B. Carleton
  54. Dalva, de Jim Harrison
  55. La vida de las hormigas, de Maurice Maeterlinck
  56. No sabes lo que me cuesta escribir esto, de Olivia Rueda
  57. El arte de la ficción, de James Salter
  58. Biblioteca bizarra, de Eduardo Halfon
  59. El orden del día, de Éric Vuillard
  60. La ciudad solitaria, de Olivia Laing
  61. Las manos de los maestros, de J.M. Coetzee
  62. Una tomba per a Boris Davidovic, de Danilo Kis
  63. Los gansos de las nieves, de William Fiennes
  64. Saturno, de Eduardo Halfon
  65. La hija de la amante, de A.M. Homes
  66. Tiempos de hielo, de Fred Vargas
  67. Mis premios, de Thomas Bernhard
  68. El arrecife de las sirenas, de Luna Miguel
  69. Chica de campo, de Edna O'Brien
  70. La hija de Joyce, de Annabel Abbs
  71. Läetitia o el fin de los hombres, de Ivan Jablonka
  72. Lo que está y no se usa nos fulminará, de Patricio Pron
  73. Los vivos y los muertos, de Joy Williams
  74. Mejor la ausencia, de Edurne Portela
  75. El eco de los disparos, de Edurne Portela
  76. El club de los mentirosos, de Mary Karr
  77. Joyce, de Edna O’Brien
  78. En la ciudad líquida, de Marta Rebón
  79. Tot sol, d'August Strindberg
  80. Los niños perdidos, de Valeria Luiselli
  81. Diario de 1926, de Robert Walser
  82. Asimetría, de Adam Zagajewski
  83. El ojo castaño de nuestro amor, de Mircea Cărtărescu

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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Les possessions, de LLucia Ramis

biblioteca
Llucia Ramis (Palma, 1977)
LES POSSESSIONS
Anagrama, 2018 - 240 pàgs - inici
LAS POSESIONES
Libros del Asteroide, 2018 - 224 págs. - inicio
[interessant exercici de maduresa]
«Mon pare no era un d'aquells comentaristes als diaris online. A en Marcel l'exasperava que qualsevol tengués l'opció de deixar escrit el seu xarlatanisme als articles, ja fossin seus o dels altres, sota la mateixa capçalera dels diaris.
    -Permetre que qualsevol publiqui el que li doni la gana al web d'un mitjà seriós és posar a la mateixa altura el periodista que el psicòpata de torn. Un ha complert amb el codi deontològic, se suposa que ha contrastat la informació i que és veraç. En principi no hi ha calúmnies ni injúries, en el seu text, perquè podrien denunciar-lo. L'altre ha apuntat el primer que se li ha passat pel cap, fins i tot té dret a insultar o desacreditar el redactor o qui sigui, sense aportar-hi proves que justifiquin aquest atac. Ni tan sols li cal donar el seu nom real, no es responsabilitza del que ha escrit. I aquí tenim periodista i psicòpata, compartint capçalera i espai, confonent el lector. És més, el psicòpata creu tenir els mateixos drets que el periodista, encara que no hagi de complir amb les seves obligacions perquè no cobra. Això no és llibertat d'expressió, és llibertat d'estupidesa, i ho acabarem pagant car, deia.» (pág. 142)
[al·lot :: almanco :: colomassa :: cussa :: crui :: dedins :: devers
:: doblers :: esbucar :: horabaix :: idò :: mamballeta :: me mor ::
més o manco :: pic :: pomot :: qualque :: rancura :: servera :: xaval]

sábado, 22 de diciembre de 2018

Los asquerosos, de Santiago Lorenzo

Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964)
LOS ASQUEROSOS
Blackie Books, 2018 - 222 págs. - portada
[sorprendente]
«Manuel me hablaba mucho de la parra, a la que estaba tomando simpatia en aumento. Entendí que, a falta de personas visibles y tangibles, él focalizaba su sentimiento en cualquier cosa viva que sí tuviera delante. Me preguntaba él sobre las necesidades, apetencias y antojos de la especie. Me informé al respecto y le transmití lo leído. Entre lo que le conté y lo que él iba viendo, la parra cogió en su cabeza una mística gorda y grave de la que él mismo se reía.
    Era la planta todo atenciones. Estaban sus uvas, postre regalado, que iban cobrando dulzor en connivencia con el sol que las regaba. En enero, el resultante de la poda aportó un buen haz de varitas, con el grosor preciso para la transición ígnea de la hojarasca al leño dentro de la chimenea. Recordó haber comido hojas de parra hervidas en un bar libanés de Madrid. Cuando brotaran de las guías, hacia junio, verificaría su coción y su aderezo. Las tomaría a ver qué tal, que seguro que bien, con lo que el árbol amigo devendría en verdulería bien provista.
    Y estaba su sombra, la que recordaba del verano, superior a todas las formas de refrigeración, más fresca contra más calor gritara el sol, de una limpieza clínica, de un sabor líquido, de un olor verdoso comparable a nada. En estaciones frías como la presente, en cambio, la parra se desvestía de follaje, como si ya supiera que debía retirar cortina para que el poco sol emergido pudiera pasar a casa. La parra era una planta doméstica, como lo son el servicial caballo y el cerdo donoso en el reino animal.» (págs. 73-74)

martes, 18 de diciembre de 2018

Yo misma, supongo, de Natalia Carrero

sin cocer
Natalia Carrero (Barcelona, 1970)
YO MISMA, SUPONGO
:Rata_, 2016 - 175 págs.
[no, pero a Rubén sí]
«En ocasiones, sin pretenderlo, he imitado a mi madre, me he encontrado haciendo como ella, desde ella, que es toda silencio, elocuencia reconcentrada. Y he tratado de comprender ese desierto de palabras que es lo único, tan inmenso, que me ofrece [...] Imito a mi madre de forma natural, sin pensarlo, pues procedo de su misma materia. A menudo me encuentro en el lugar donde ella ha pasado sus años de casada-sometida y triste por no haber hecho nada mejor con su vida. Descubro que yo también puedo amar y amo, además de nuestro estado de moribundas, de almas impasibles, al hombre que dice que no servimos para nada, que no nos enteramos de nada ni somos nada. Es el marido y el padre que cada día llega a casa más cabrón y rabioso por su incompetencia para encontrar trabajo, para no dejarse explotar y, sin embargo, explotar él nuestras vidas que en algún momento debieron ser tersas y redondeadas, no estos sacos de ilusiones pinchadas que chirrian aire embrutecido.
      Llegamos a Aribau con Gran Vía [...]» (págs. 19-21)

domingo, 16 de diciembre de 2018

Cosas vivas, de Munir Hachemi

Munir Hachemi Guerrero (Madrid, 1989)
COSAS VIVAS
Periférica, 2018 - 160 págs. - inicio
"Toda la realidad es un libro al que buscamos sentido"
[me encantó]
«Siempre pensé que contar aquello que realmente ocurrió sería una tarea más sencilla que la de escribir ficción (al fin y al cabo la realidad es más minuciosa que la más prolija de las invenciones), pero me encuentro con que no es así. La realidad no tiene la obligación de ser interesante —tampoco la memoria—; la literatura sí. Mis recuerdos no desalojan los espacios que hacen falta para un detalle misterioso o la sorpresa. Podría desodenarlos, es cierto, pero si lo hiciera de algún modo también estaría faltando a la verdad. Creo que Borges reflexionó de forma análoga en Funes el memorioso, el relato de un tipo que no es capaz de olvidar y que por lo tanto tampoco es capaz de pensar (no digamos ya de inventar). El relato de Borges —como todo buen relato fantástico— desconoce el rigor. Hace tiempo jugué a corregirlo y escribí un microrelato llamado La memoria de Ireneo, por el que luego me darían un premio. Lo reproduzco de memoria:
La memoria de Ireneo era vasta y minuciosa. Todo empezó el día en que se cayó de una tapia. Cuando despertó recordó la caída con precisa nitidez. Al instante siguiente recordó que recordaba, y al siguiente que recordaba que recordaba, y quedó así, atrapado en un hecho, en un recuerdo, en un instante denso y anodino e infinito.
    Borges, claro, no estaba por el realismo. Se habría reído de la cita de aquel escritor francés, creo que era Aragon, Louis Aragon, que dijo algo como "nadie más que yo puede saber el sacrificio y el abandono que supone hacer literatura realista" (qué lindo ahí el verbo hacer). De hecho, El Aleph no es sino un chiste acerca de o contra la literatura realista y el escritor realista encarnado en un tal Carlos Argentino Daneri. No me interesa sustraerme a las críticas de Borges, pero no soy un escritor realista; primero porque no soy un escritor, no soporto que me llamen tal cosa, segundo porque el sufijo -ista siempre supone algún grado de artificio.» (págs. 45-46)

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Un vespre al paradís, de Lucia Berlin

Lucia Berlin (1936-2004)
UN VESPRE AL PARADÍS
[Evening in paradise: more stories]
Trad. Josefina Caball i A. Torrescasana
l'altra editorial, 2018 - 272 pàgs. - inici
[millor rellegir Manual per a dones de fer feines]
«Renoi, com s'omple aquest centre de desintoxicació quan plou. Estic fart de quedar-me al carrer, sabeu? La meva senyora i jo hem anat a les grades...s'hi està bé, és tranquil i hi ha molt espai. Llavors ha començat a ploure i ella s'ha posat a plorar. Jo tota l'estona li preguntava: "¿Què et passa reina? ¿Què passa?". Sabeu què ha dit finalment? "Totes les burilles es mullen". I li he pegat. Ella s'ha posat feta una fúria i els polis se l'han endut cap a la garjola i a mi m'han portat aquí. Puc aguantar sense beure. El problema és que quan estic sobri començo a pensar. Els alcohòlics pensen més que la majoria de la gent, és la veritat. Bec perquè no em vinguin les paraules al cap. Merda, ¿què passaria si jo fos bateria? L'última vegada que vaig ser aquí hi havia un número de Psycology Today que parlava dels borratxos dels barris baixos. Demostrava que els alcohòlics pensaven més. Deia que treien puntuacions més altes als tests que les persones normals i que també tenien més retentiva. Només hi havia una cosa en què tenien mala puntuació, una cosa que eren incapaços de fer bé, però no recordo quina.» (DIA DE PLUJA, pág. 232)

sábado, 8 de diciembre de 2018

Impón tu suerte, de Enrique Vila-Matas

«Partiremos de unas palabras de Coetzee que esta misma mañana pensé que debería grabar en una de las vigas de madera del techo de mi estudio, porque resumen a la perfección lo que pensaba yo mismo justo precisamente cuando las estaba leyendo. Ya se sabe: las citas tienen un interés especial, ya que uno es incapaz de citar algo que no sean sus propias palabras, quienquiera que las haya escrito: “Tengo que admitir que pierdo la paciencia leyendo ficción que no intenta hacer algo que no se ha intentado hacer nunca antes, preferiblemente con la ficción misma como forma de expresión”.
Dicho lo mismo con variantes: 1) no puedo estar más harto de tanta literatura anclada en tiempos de Maricastaña cuando hablaban las calabazas; 2) no me dedico a la no ficción, ni al realismo negro ni sucio, ni a la maldita autoficción; el espacio en el que siempre me moví es simplemente el de la ficción, sin más. La ficción es ficción, pero como tal tiene más posibilidades de acercarse a la verdad que cualquier representación de la realidad. Con esta convicción he trabajado a lo largo de los años en mi obra narrativa, no moviéndome jamás del territorio de la literatura como invención, alejado de las histórias verídicas o, como se dice ahora, de las historias basadas en hechos reales y que, como diría Nabokov, son un insulto al arte y a la verdad.
En las orillas de mi obra narrativa, llevo tiempo escribiendo una obra paralela –artículos, conferencias, ensayos– que suele ensamblarse bien con el mundo de mis ficciones. De hecho, hubo ya desde primera hora, un trasvase continuo entre esa obra paralela y la narrativa y ahora, si no fuera una tanto osado afirmarlo, diría que son lo mismo. Pues, como bien observó el editor de Una vida absolutamente maravillosa, llevo a cabo desde hace tiempo un genuino mestizaje en que la novela, el ensayo, el artículo y la conferencia abjuran de sus límites para explorar un territorio liminar y, al mismo tiempo, bien custodiado y reconocible.
Haber insinuado que son lo mismo me ha traído a la la memoria un texto que escribí sobre un grave colapso físico por el que tuve que ser ingresado en mayo de 2006. Ese episodio de hospitalización aparece narrado como ficción en uno de mis cuentos de Exploradores del abismo (2007) y como fragmento de vida en Dietario voluble (2008), empleando exactamente las mismas palabras en un libro como en otro, solo que en uno el gran percance se leía como si fuera una muy verosimil ficción y en el otro como un texto autobiográfico.
Enrique en Nápoles
¿Y por qué hice esto? Por ver qué pasaba. Por ver qué ocurría cuando llevabas a cabo algo que no sabías por qué lo hacías ni qué buscabas ahí y ni tan siquiera si, en el campo de la escritura, lo había intentado alguien antes. Por buscar nuevos sentidos a las combinaciones de ideas. Por la atracción que sentía por los ready-made en literatura. Por tratar de imponer mi suerte y abrazar mi felicidad, por orientarme hacia el peligro y tratar de que algunos lectores me vieran y les atrajera el mundo que les proponía y que confiaba que no llegara a poder nunca explicarles, supongo que pensando en aquello que decía John Ashbery de que siempre fue complicado ser un buen artista y al mismo tiempo saber explicar de un modo inteligente cómo era tu arte.»
De Por ver qué pasaba, prefacio de Enrique Vila-Matas a la primera edición de Impón tu suerte (Círculo de Tiza, 2018) convertido en epílogo de la segunda edición. · la biblia literaria de un hereje ·
· guía de lecturas sumergidas ·
· un festival de lucidez literaria ·
[por eso queremos tanto a enrique]

martes, 4 de diciembre de 2018

Un nen, de Thoma Bernhard

Thoma Bernhard (Austria, 1931 - 1989)
UN NEN
[Ein Kind, 1982]
Trad. Clara Formosa Plans
El Gall Editor, 2012 - 119 págs. - inici
[furiós, magnètic, aterridor]
«Això és Brahms, sentia i això és Beethoven, això és Mozart. Jo no els diferenciava. Vaig entrar al tercer curs de l'escola primària, per anar a l'escola tenia un quart d'hora de camí a través del centre de la ciutat, al davant en diagonal hi ha la presó encara avui, un edifici espantós, envoltat d'un mur de tres metres d'altura i amb unes finestres de reixes gruixudes, que en el fons són només uns forats quadrats. Així la visita diària a l'escola tenia la seva part demoníaca. Aquí no hi tenia només un mestre, sinó uns quants, per a cada matèria n'hi havia un de diferent. Com austríac m'era difícil resistir. Estava completament en mans de les burles del meus companys d'escola. Els fills dels burgesos amb els seus vestits cars em castigaven, sense que jo sabes per què, amb el seu menyspreu. Els mestres no m'ajudaven, al contrari, de seguida van aprofitar l'avinentesa per als seus atacs de fúria. Estava tan desemparat com no ho havia estat mai abans. Entrava a l'escola tremolant i en tornava a sortir plorant. Quan anava a l'escola, anava al patíbul, i la meva decapitació definitiva es retardava sempre, cosa que era una situació angoixant. No vaig trobar ni una sola persona entre els companys d'escola de qui hagués pogut fer-me'n amic, jo m'hi apropava, ells em refusaven. Estava en una situació espantosa. A casa era incapaç de fer els meus deures, fins i tot dins el meu cervell, tot en mi estava paralitzat. Que la meva mare em tanqués no servia de res. M'asseia allà i no podia fer res. Així vaig començar a dir-li mentides, dient-li que tenia els deures fets. Fugia corrents a la ciutat i anava plorant i angoixat pels carrers i els carrerons i buscava refugi als parcs i als terraplens del tren. Si pogués morir-me!, era el meu pensament constant. » (pàg. 82)
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