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sábado, 28 de diciembre de 2024

Fitópolis, de Stefano Mancuso


Stefano Mancuso (Catanzaro, Italia, 9/05/1965)
FITÓPOLIS, LA CIUDAD VIVA
[Fitópolis, la città vivente, 2023]
Trad. David Paradela López
Galaxia Gutenberg, 2024 - 168 págs. - inicio
— La ciudad o la vida, Q. Castillo Cerezuela
— Los árboles enfrían el ambiente, El Asombrario & Co
— Las plantas son un aire acondicionado gratis, Raquel Nogueira
[ojalá]

«En pocas décadas, la humanidad ha experimentado una revolución en sus hábitos ancestrales. Sin que nos demos cuenta, nuestra especie ha pasado de habitar cada rincón de la Tierra, inmersa en la naturaleza, a vivir en una parte verdaderamente ínfima de las tierras emergidas del planeta: la ciudad. Una revolución sólo comparable a la transición de cazadores-recolectores a agricultores que se produjo hace 12.000 años. Es cierto que en términos de acceso a los recursos, eficiencia, defensa y difusión de las especies esta transformación es ventajosa. Pero también nos expone a un riesgo terrible. Nuestro éxito urbano requiere, de hecho, un flujo continuo y exponencialmente creciente de recursos y energía, que sin embargo no son ilimitados. Además, el calentamiento global puede cambiar definitivamente el entorno de nuestras ciudades y constituir precisamente esa mutación fatal de las condiciones de las que depende nuestra supervivencia. Por eso se ha vuelto vital devolver la naturaleza a nuestro hábitat. Las ciudades del futuro, ya sean construidas desde cero o renovadas, deben transformarse en fitópolis, lugares donde la relación entre plantas y animales se acerque a la relación armoniosa que encontramos en la naturaleza. No hay nada de mayor importancia que esto para el futuro de la humanidad.» (CONTRAPORTADA)

domingo, 18 de abril de 2021

La planta del mundo, de Stefano Mancuso


Stefano Mancuso (Italia, 1965)
LA PLANTA DEL MUNDO
[La pianta del mondo, 2021]
Trad. David Paradela López
Galaxia Gutenberg, 2021 - 176 págs. - inicio

- Los sapiens somos mucho más estúpidos que las plantas, Ismael Marinero
- La inteligencia de las plantas
- Otros secretos de las plantas
[más sobre el apasionante mundo vegetal]

«La idea de los árboles de la libertad caló hondo en el espíritu patriótico de la población francesa y su presencia se difundió enseguida por todo el país. [...] Debían ser, pues, árboles majestuosos y perfectamente sanos que poseyeran, además, una serie de características añadidas. Según el abate Grégoire, el árbol perfecto debe cumplir los siguientes requisitos:
  1. Debe ser lo bastante fuerte para resistir el clima más frío, o de lo contrario un invierno riguroso lo haría desaparecer del suelo de la República.
  2. Debe elegirse entre los árboles de mayores dimensiones y que se eleven hasta una altura de entre 24 y 40 metros, pues la fuerza y la magnificencia de un árbol inspira una sensación de respeto que se relaciona de forma natural con la cosa que simboliza.
  3. Su circunferencia debe ocupar una determinada porción de terreno.
  4. La extensión de su sombra debe ser tal que los ciudadanos puedan resguardarse de la lluvia y el calor bajo sus acogedoras ramas.
  5. Debe vivir muchos años, y, puesto que no puede ser eterno, ha de elegirse al menos entre aquellas especies cuya vida se prolonga varios siglos.
  6. Es preciso, en fin, que crezca aislado en todas las regiones de la República.
Es evidente que no todos los árboles cumplen semejantes requisitos y que pocos poseen la magnificencia necesaria para encarnar de forma digna la grandeza de la Revolución. El abate Grégoire no tiene ninguna duda: solo hay una especie que reúna las condiciones necesarias. El árbol de la libertad por excelencia tiene que ser un roble. » (págs. 23-24)


«Que los árboles crean conexiones subterráneas y que, gracias a ello, los tocones pueden seguir viviendo durante años es de dominio general, aunque siempre se había visto como una simple curiosidad botánica: una peculiaridad de las plantas, pero sin valor a escala general. En realidad, nada más lejos: lo que podemos deducir de estos tocones muertos y sus comunicaciones subterráneas es tan novedoso y fascinante que podría cambiar nuestra concepción de lo que es un árbol.
    Con algunas excepciones, siempre se ha considerado a los árboles como individuos aislados: no individuos en el sentido animal de "no divisibles", pero sí organismos vivos separados de los demás y con necesidades y conductas diferentes de las de sus semejantes. [...] En los últimos veinte años se han publicado cientos de investigaciones que nos muestran una realidad en la que los árboles no son seres aislados, sino más bien grandes comunidades interconectadas que, a través de sus sitemas radicales, intercambian nutrientes, agua e información. Comunidades extendidas que a veces incluyen plantas de distintas especies cuya supervivencia se basa en la colaboración más que en la competencia. Una revolución de consecuencias imprevisibles.» (pág. 71)

sábado, 17 de octubre de 2020

La nación de las plantas, de Stefano Mancuso


Stefano Mancuso (Italia, 1965)
LA NACION DE LAS PLANTAS
[La nazione delle piante, 2019]
Trad. David Paradela López
Galaxia Gutenberg, 2020 - 120 págs.

- El hombre que habla con las plantas, JCarrión en NYT
- “No somos mejores que las plantas, como especie somos estúpidos”, JBarranco en LV
[más sobre el apasionante mundo vegetal]

«Las plantas y los animales se separaron hace entre 350 y 700 millones de años, durante un periodo decisivo para la historia de nuestro planeta. De resultas de este alejamiento, la vida siguió avanzando por dos sendas distintas que desembocarían, por un lado, en el nacimiento de las plantas y, por otro, en el de los animales. Las primeras, gracias a su prodigiosa habilidad fotosintetizadora, consiguieron ser energéticamente autónomas y no tuvieron necesidad de desplazarse para buscar alimento. Los segundos, por el contrario, obligados a depredar otros organismos vivos para sobrevivir, quedaron condenados a desplazarse en búsqueda contaste de la misma energía química que las plantas obtienen a partir de la luz solar. Una elección inicial de la cual derivaron organismos sumamente distintos en términos de organización y funcionamiento.
    El hecho de vivir anclado al suelo, sin posibilidad de alejarse del lugar de nacimiento, tiene consecuencias decisivas. Las plantas no huyen ante un depredador; no van en busca de comida; no migran hacia hábitats más agradables. Las plantas no pueden adoptar la principal solución que los animales aplican a la hora de resolver cualquier dificultad: el movimiento. Pero, si no pueden escapar, ¿cómo se las arreglan para enfrentarse a los depredadores? El truco está en no tener ningún órgano fundamental simple o doble, y, en lugar de ello, distribuir por todo el cuerpo las funciones que los animales concentran en órganos especializados. Los animales ven con los ojos, oyen con los oídos, respiran con los pulmones, razonan con el cerebro, etc. Las plantas ven, oyen, respiran y razonan con todo el cuerpo. Concentración frente a distribución: una diferencia clave cuyas implicaciones para la vida animal resulta difícil intuir a primera vista.» (págs. 49-50)


domingo, 4 de agosto de 2019

El increíble viaje de las plantas, de Stefano Mancuso


Stefano Mancuso (Italia, 1965)
EL INCREIBLE VIAJE DE LAS PLANTAS
[L'incredibile viaggio delle piante, 2018]
Trad. David Paradela López
Galaxia Gutenberg, 2019 - 144págs. - inicio
[¿por qué esas acuarelas blandengues
en lugar de imágenes ad hoc?]

«La función de las semillas consiste en difundir la especie, pero una semilla de 18 kilogramos no parece la solución más adecuada para ello. ¿Por qué, pues, unas semillas tan grandes y pesadas? Por variados que sean los métodos de difusión de las plantas, no existe nada parecido en todo el reino vegetal. Invertir tanta energía y materia en una sola semilla recuerda más a las estrategias reproductivas de los animales superiores que a las de las plantas. [...] Con el fin de cuidar de sus vástagos, la palmera ha desarrollado en sus hojas un sistema de embudos y canales de desagüe destinado a aportarles nutrientes y agua.
    El sistema funciona así: la lluvia que cae sobre las hojas va a parar por medio de dichos canales, a la base de la planta. Al deslizarse por la copa, el agua arrastra consigo los residuos de distintas sustancias nutritivas —heces animales, polen y materia vegetal muerta— y los deposita en la base del tronco, fertilizando así el suelo con fosfatos y nitratos. De este modo, en la zona inmediatamente aledaña a la planta, la concentración de fósforo y nitrógeno es mucho más alta. En esta situación, la estrategia más conveniente para garantizar la supervivencia de los retoños es que las semillas caigan lo más cerca posible de la planta madre. Justo lo contrario de lo que ocurre en otras especies.
    Es probable que los antepasados de la Lodoicea maldivica se sirvieran de los animales para dispersar sus semillas. De pronto, cuando las Seychelles se separaron de la India hace unos sesenta y cinco millones de años, la palmera se encontró sin vectores que propagaran sus semillas. A partir de entonces, estas cayeron al suelo y ahí se quedaron. Por consiguiente, la planta tuvo que adaptarse para crecer a la sombra de sus progenitores. Se formaron bosques muy densos consistentes únicamente en cocos de mar, que expulsaron a otras especies vegetales no adaptadas a la sombra. Una de las consecuencias de esta adaptación sedentaria fue que, al caer tan cerca de la planta madre, la recién nacida debía competir con sus propios progenitores, así como con el resto de las semillas germinadas en los alrededores. Dadas estas circunstancias, cuanto mayor fuera la semilla, mayores serían sus reservas energéticas y, por tanto, también sus posibilidades de supervivencia. Y así se resolvió el problema de las megasemillas: una mezcla de evolución isleña y cuidados parentales. Rumphius se habría sentido satisfecho.» (págs. 76-78)

jueves, 14 de diciembre de 2017

El futuro es vegetal, de Stefano Mancuso


Stefano Mancuso
EL FUTURO ES VEGETAL
Trad. David Paradela López
Galaxia Gutenberg, 2017 - 240 págs. - fragmento
[más sobre el apasionante mundo vegetal]

«Una planta no es un animal. Esta afirmación puede parecer la quintaesencia de la banalidad, pero me he dado cuenta de que nunca está de más recordarlo. Lo cierto es que nuestra idea de una vida compleja e inteligente corresponde a la vida animal, y como, inconscientemente, no encontramos en las plantas las características típicas de los animales, las catalogamos como seres pasivos (es decir, «vegetales»), negándoles cualquiera de las capacidades típicas de los animales, desde el movimiento a la cognición. Es por eso que, cuando vemos una planta cualquiera, debemos recordar que estamos observando algo que está construido a partir de un modelo completamente distinto del modelo animal. Un modelo tan diferente que, comparados con él, los alienígenas del cine de ciencia ficción no son más que simpáticas fantasías infantiles.

Las plantas no se nos asemejan en nada; son organismos distintos, una forma de vida cuyo último antepasado común con los animales se remonta a seiscientos millones de años, la época en que la vida, recién salida de las aguas, empezaba a conquistar la tierra firme. Plantas y animales se separaron en ese momento para seguir cada cual un curso distinto. Mientras que los segundos se organizaron para desplazarse por la tierra, las primeras se adaptaron al entorno arraigándose en el suelo y empleando como fuente de energía las inagotables emisiones luminosas del sol. A juzgar por su éxito, nunca hubo elección más acertada: hoy en día, no existe un solo rincón del planeta que los vegetales no hayan colonizado, y su grado de difusión con respecto al total de seres vivos es aplastante. Existen varios cálculos —muy variables, no es fácil medir el peso de la vida— acerca de la cantidad de biomasa vegetal de la Tierra, pero ninguna atribuye a las plantas una cantidad inferior al 8o %. En otras palabras: al menos el 8o % del peso de todo lo que vive en la Tierra se compone de vegetales. Un porcentaje que da la medida, única e indiscutible, de su extraordinaria capacidad adaptativa.

Palmera junto a la casita de Yecla
La elección inicial de permanecer ancladas al suelo condicionó las sucesivas modificaciones del cuerpo de las plantas, el cual evolucionó adoptando soluciones tan distintas de las de los animale que para nosotros resulta poco menos que incomprensible. El resultado final es que las plantas no tienen cara ni articulaciones ni, en general, una estructura reconocible que las aproxime a los animales, y eso hace que sean prácticamente invisibles. Las consideramos una parte más del paisaje: vemos lo que comprendemos, y no comprendemos más que lo que es similar a nosotros. Esto es lo que determina la alteridad de las plantas.

Palmeras de la calle Atenas. Barcelona
¿En qué sentido el modelo vegetal se aparta del modelo animal? ¿Qué características tienen las plantas que las hacen tan lejanas e incomprensibles? Una primera, y enorme, diferencia es que las plantas, al contrario que los animales, no poseen órganos individuales o dobles a cargo de las funciones principales del organismo. Para una planta que vive arraigada al suelo, sobrevivir a los ataques de los depredadores representa un problema mayúsculo: puesto que no puede huir, como haría cualquier animal, su única posibilidad de supervivencia reside en resistirse a la depredación, en no doblegarse a ella. Esto es fácil de decir, pero muy difícil de lograr. Para cumplir este milagro es necesario poseer una constitución distinta de la de los animales. Hay que ser una planta y carecer de puntos débiles evidentes, o, cuando menos, tener menos puntos débiles que los animales. Los órganos, por ejemplo, son un punto débil. Si una planta tuviera un cerebro, dos pulmones, un hígado, dos riñones y demás, estaría destinada a sucumbir ante el primer depredador —por minúsculo que fuera, como un insecto— que atacase uno de estos puntos vitales y mermara su funcionalidad. Por eso las plantas no disponen de los mismos órganos que los animales, y no porque, como podríamos pensar, no sean capaces de llevar a cabo las mismas funciones. Si las plantas tuvieran ojos, orejas, cerebro y pulmones, nadie dudaría que fueran capaces de ver, oír, calcular y respirar. Pero como no poseen los mismos órganos que nosotros, necesitamos hacer un esfuerzo con la imaginación para comprender sus refinadas capacidades.

Precioso olmo en invierno. Avenida de la Feria, Yecla
En general, las plantas distribuyen por todo el cuerpo las funciones que en los animales se concentran en órganos específicos. La clave esta en descentralizar. Con los años hemos descubierto que las plantas respiran con todo el cuerpo, que oyen con todo el cuerpo, que calculan con todo el cuerpo y así sucesivamente. Distribuir todas las funciones lo más posible es el único modo para sobrevivir a la depredación, y las plantas han sabido hacerlo tan bien que pueden permitirse que les extirpen grandes porciones del cuerpo sin que ello mengüe su funcionalidad. El modelo vegetal no prevé la presencia de un cerebro que ejerza un control central o imparta órdenes a los órganos que de él dependen. En cierto sentido, su organización es el símbolo de la modernidad: poseen una estructura modular, colaborativa, distribuida y sin centros de mando, capaz de soportar perfectamente depredaciones catastróficas y continuas.» (pág. 133-35)

martes, 31 de diciembre de 2019

Libros de 2019

  1. Ahir, Agota Kristof
  2. Lectura fácil, Cristina Morales
  3. Chilean Electric, Nona Fernández
  4. El encargo, Javier Melero
  5. Hiere, negra espina, de Claude Louis-Combet
  6. Testimonio materno, Elena Soriano
  7. El reino, Gonzalo M. Tavares
  8. Paraguas en llamas, Jordi Mestre
  9. Canto jo i la muntanya balla, Irene Solà
  10. Europa Automatiek, Cristian Crusat
  11. Contra Amazon, Jorge Carrión
  12. Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo, A. G. Porta
  13. El pasajero, Ulrich-Alexander Boschwitz
  14. La peor parte, de Fernando Savater
  15. El colgajo,Philippe Lançon
  16. El buen soldado, de Ford Maddox Ford
  17. De Profundis, de José Cardoso Pires
  18. Corazón giratorio, Donald Ryan
  19. Mirarse de frente, Vivian Gornick
  20. Volverse Palestina, Lina Meruane
  21. El amigo, Sigrid Nunez
  22. La revolución de las flâneuses, Anna Maria Iglesia
  23. Mi cuerpo también, Raquel Taranilla
  24. Manifiesto incierto, Frédéric Pajak
  25. Todos llevan máscara, Laura Freixas
  26. Desierto sonoro, Valeria Luiselli
  27. Susan Sontag, la entrevista completa de 'Rolling Stone', Jonathan Cott
  28. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibuleac
  29. Aquí y ahora, Miguel Ángel Hernández
  30. Sigo aquí, Maggie O'Farrell
  31. Un día en la vida de un editor, Jorge Herralde
  32. Abecedario de las muñecas, Camilla Grudova
  33. El coste de vivir, Deborah Levy
  34. Cosas que no quiero saber, Deborah Levy
  35. Mi padre, el pornógrafo, Chris Offutt
  36. El Director, David Jiménez
  37. A mí no me iba a pasar, Laura Freixas
  38. El increíble viaje de las plantas, de Stefano Mancuso
  39. Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado
  40. Zuleijá abre los ojos, Guzel Yájina
  41. La noche fenomenal, Javier Pérez Andújar
  42. La biblioteca en llamas, Susan Orlean
  43. Retrato del futbolista adolescente, Valentín Roma
  44. Mi marido es de otra especie, Yukiko Motoya
  45. El frío, Thomas Bernhard
  46. El aliento, Thomas Bernhard
  47. Otra vida por vivir, Theodor Kallifatides
  48. Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar
  49. Claus y Lucas, Agota Kristof
  50. El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre, Atsushi Nakajima
  51. Cárdeno adorno, Katharina Winkler
  52. Teoria King Kong, Virginie Despentes
  53. Diario de la caída, Michel Laub
  54. Zami. Una biomitografía, Audre Lorde
  55. Iluminada, de Mary Karr
  56. Un occidental en Japón, Donald Keene
  57. La dependienta, Sayaka Murata
  58. Distraídos venceremos, Andrea Valdés
  59. Esta bruma insensata, Enrique Vila-Matas
  60. Los antepasados, Mary Ann Clark Bremer
  61. Una pena en observación, C.S.Lewis
  62. Papeles Falsos, Valeria Luiselli
  63. Cuaderno [...] duelo, Miguel Ángel Hernández
  64. Sita, Kate Millet
  65. La analfabeta, Agota Kristof
  66. Tierra de mujeres, María Sánchez
  67. Sujeto elíptico, Cristian Crusat
  68. Cabinet d´amateur, una novela oblicua, Enrique Vila-Matas
  69. Desembalo mi bibiblioteca, Walter Benjamin
  70. Conviene tener un sitio adonde ir, Emmanuel Carrère
  71. Desde esta colina, Sue Hubbell
  72. América, Manuel Vilas
  73. Mi vida en la carretera, Gloria Steinem
  74. La campana de cristal, Sylvia Plath
  75. Feliz final, Isaac Rosa
  76. Una habitación propia, Virginia Woolf
  77. La única historia, Julian Barnes
  78. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, Maya Angelou
  79. Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino
  80. Una curiosidad insaciable, Richard Dawkins
  81. El monarca de las sombras, Javier Cercas
  82. Relato de mi vida, Thomas Mann
  83. Claudio López de Lamadrid, editor
  84. Conversaciones entre amigos, Sally Rooney
  85. Saliendo de la estación de Atocha, Ben Lerner
  86. Mamá, Luis Antonio de Villena


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lunes, 30 de diciembre de 2024

Libros de 2024

 














    diciembre 10
  1. Fitópolis, Stefano Mancuso
  2. Morderse la lengua, María Leach
  3. La pedorreta que delató a la Mofeta, María Leach
  4. Viajes a tierras inimaginables, Dasha Kiper
  5. Hambre, Roxane Gay
  6. Objetos a los que acompaño, Carlos Risco
  7. Los hechos de Key Biscayne, Xita Rubert
  8. Ritual de duelo, Isabel de Naverán
  9. Vida de Horacio, Mercedes Halfon
  10. Cabeza de serpiente, Patrick Radden Keefe
    noviembre 10
  11. Tinta invisible, Javier Peña
  12. Ejercicios de inmovilidad, Sònia Hernández
  13. Autocienciaficción para el fin de la especie, Begoña Méndez
  14. Patos, Kate Beaton
  15. Bajo la mirada del dragón despierto, Mavi Doñate
  16. Una forta abraçada, Sandro Rosell
  17. Un tigre a París, Cristina Rivas
  18. Siempre adelante, Valentín Fuster
  19. Paciencia, Daniel Clowes
  20. Los vulnerables, Sigrid Nunez
    octubre 8
  21. El mejor libro del mundo, Manuel Vilas
  22. El planeta de los hongos, Naief Yehya
  23. La última frase, Camila Cañeque
  24. Reina del grito, Desirée de Fez
  25. Cuatro cuentos cuánticos, Javier Argüello
  26. Kubrick en casa, Vicente Molina Foix
  27. La otra guerra, Leila Guerriero
  28. Triste tigre, Neige Sinno
    septiembre 8
  29. Pensión Lobo, Ramón Lobo
  30. Internament, Mònica Ramoneda Rueda
  31. Los seres queridos, Berta Dávila
  32. Fortuna, Hernán Díaz
  33. Cuanta más gente se muere, más ganas de vivir tengo,
    Maruja Torres
  34. Pérdidas de risa, Sílvia Abril
  35. La edad de oro, Wang Xiaobo
  36. Sé mía, Richard Ford
    agosto 10
  37. Mi madre es un río, Donatella di Pietrantonio
  38. La classe de grec, Han Kang
  39. Un inmenso azul, Patrik Svensson
  40. La travessia infinita, Adam Martín
  41. No hi queda ningú, Brais Lamela
  42. Mi madre y yo, Ovidio Parades
  43. El necrófilo, Gabrielle Wittkop
  44. Qué locura enamorarme yo de ti, Gabriela Wiener
  45. La viajera de noche, Laure Adler
  46. Cauterio, Lucía Lijtmaer
    julio 11
  47. Pequeño hablante, Andrés Neuman
  48. La Central, Élisabeth Filhol
  49. Las despedidas, Jacobo Bergareche
  50. Una estela salvaje, Kathryn Schulz
  51. El ojo de Goliat, Diego Muzzio
  52. Tarántula, Eduardo Halfon
  53. Un legado, Rosa Regàs (y Lidia Penelo)
  54. Digue'm boig, Roger de Gracia
  55. Soy una tonta por quererte, Camila Sosa Villada
  56. El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza
  57. La terra dura, Anna Punsoda
    junio 10
  58. Un detalle menor, Adanía Shibli
  59. La mala costumbre, Alana S. Portero
  60. El Palacio de la Luna, Paul Auster
  61. Madre de corazón atómico, Agustín Fernández Mallo
  62. Un dietari sentimental, Júlia Bacardit
  63. Si este no es mi hogar, no tengo un hogar, Lorrie Moore
  64. Cremo!, Maria Nicolau
  65. Marieta de l'ull viu, Maria Petit / Maria Xinxó
  66. Exodus, Deborah Feldman
  67. Unorthodox, Deborah Feldman
    mayo 8
  68. Puro glamour, Aloma Rodríguez
  69. Kilómetro 101, Maxim Ósipov
  70. El afuera, Margarita García Robayo
  71. La invención de la soledad, Paul Auster
  72. Cuchillo, Salman Rushdie
  73. Fucking New York, Laura Calçada
  74. Vivir peor que nuestros padres, Azahara Palomeque
  75. Polilla, Alba Muñoz
    abril 12
  76. Solito, Javier Zamora
  77. El nervio óptico, María Gainza
  78. La situación y la historia, Vivian Gornick
  79. La familia grande, Camille Kouchner
  80. Crónica de una sociedad intoxicada, Joan-Ramon Laporte
  81. Cuaderno azul, Laía Argüelles Folch
  82. La trenza, Laetitia Colombani
  83. Salir de la noche, Mario Calabresi
  84. Estuve aquí y me acordé de nosotros, Anna Pacheco
  85. Violència en tres actes, Jenn Díaz
  86. Ensayo general, Milena Busquets
  87. L'Odissea, Lara Williams
    marzo 12
  88. Coloquio de las quiltras, Lina Meruane
  89. McGlue, Ottessa Moshfegh
  90. El hombre que cayó a la tierra, Walter Tevis
  91. Materials de construcció, Eider Rodríguez
  92. La paz de las colmenas, Alice Rivaz
  93. Volver al mundo, JÁ González Sainz
  94. Listas, guapas, limpias, Anna Pacheco
  95. El infinito placer de las matemáticas, Sandro Maccarrone
  96. Baumgartner, Paul Auster
  97. Ocàs i fascinació, Eva Baltasar
  98. Cómo ordenar una biblioteca, Roberto Calasso
  99. Ocho entrevistas inventadas, Enrique Vila-Matas
    febrero 10
  100. Un relato corto que es un poco largo, Manuel Valdés
  101. Los hijos dormidos, Anthony Passeron
  102. El descontento, Beatriz Serrano
  103. La llamada. Un retrato, Leila Guerriero
  104. No era pecat, Leopoldo Pomés
  105. Veinte, veintiuno, Laia Jufresa
  106. La Única. María Casares, Anne Plantagenet
  107. Memoria del silencio, Jesús Quintero
  108. Llegiu atentament aquest prospecte, Karen Havelin
  109. Éramos otros, de Andrés Trapiello
    enero 13
  110. La tardor em sobta, Francesc Parcerisas
  111. El impulso nómada, Jordi Esteva
  112. El radiofonista, Gaspar Hernández
  113. Reserva de Musgo, Robin Wall Kimmerer
  114. Basura, Sylvia Aguilar Zéleny
  115. Guía de la Rambla de Tobarrillas, A. Ortuño y FJ Carpena
  116. Los vagabundos de la cosecha, John Steinbeck
  117. El último telesilla, de John Irving
  118. Sigo sin saber de ti, Peter Orner
  119. L'imitador de veus, Thomas Bernhard
  120. Diarios, A ratos perdidos 5 y 6, Rafael Chirbes
  121. Mi gato Autícko, Bohumil Hrabal
  122. Detrás del telón, Ana María Moix


y así fue:
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