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martes, 14 de febrero de 2023

Cap al far, de Virginia Woolf


Virginia Woolf (1882-1941)
CAP AL FAR
[To the Lighthouse, 1927]
Trad. Xavier Pàmies
Pròleg Maria Callís Cabrera
Bernat Metge Universal, 2022 - 272 págs.

[virginia me cuesta]

«Publicada el 5 de maig de 1927, Cap al far és una de les novel·les cabdals de l’anomenat modernisme literari, al costat de l’Ulisses de James Joyce o A la recerca del temps perdut de Marcel Proust. En aquesta novel·la, Woolf retrata tres moments diferents dels estius que la família Ramsay passa a l’illa escocesa de Skye, entre els anys 1910 i 1920, per reflexionar sobre la complexitat de les relacions humanes, la naturalesa de l’art, el paper de la dona dins de la família, la càrrega mental o la subjectivitat de l’individu, i ho fa amb la seva veu poètica tan singular, amb aquest torrent de pensament que caracteritza els monòlegs interiors dels seus personatges.
    Escrita en forma de pensaments i observacions, la narració es desenvolupa a través de perspectives canviants de cadascun dels personatges; uns monòlegs interiors que flueixen com un riu de consciència sense fi, amb una veu poètica i evocadora.
    Cap al far és considerada, per la major part de la crítica i dels especialistes, la millor novel·la de Virginia Woolf i un dels llibres més importants del segle XX: la Modern Library l’ha situat la número 15 a la seva llista de les 100 millors novel·les de llengua anglesa del segle XX, i la revista TIME la va incloure entre les cent millors novel·les de llengua anglesa des del 1923.» (CONTRAPORTADA)

martes, 27 de enero de 2026

La mort de la Virginia, Leonard Woolf


Leonard Woolf (Reino Unido, 1880-1969)
LA MORT DE LA VIRGINIA
[Virginia's death, 1969]
Trad. Marta Pera Cucurell
Cal Carré, 2025 - 192 págs. - inicio´- Bibl. Maragall

— “Una de las muertes más bien escritas que he leído”, Sívia Soler
— Una carta de suicidio, piedras y un adiós, TF
— Una depresión desesperada, C. Puppo
[pero no]

«Vint anys després del suïcidi de Virginia Woolf, el marit escriu un relat dels seus últims mesos de vida que, llegit avui, encara ens emociona. S’han instal·lat a Rodmell, a la vall del riu Ouse, i hi fan una vida ordenada: treballen al matí, dinen, passegen a la tarda, juguen a botxes, fan el sopar, llegeixen, escolten música, se’n van a dormir. De vegades, fan excursions o reben visites i les persones que els acompanyen ens són tan properes com si les tinguéssim totes aquí, al nostre costat.
    La calma d’aquells dies contrasta amb els bombardejos i l’amenaça d’una invasió nazi. La II Guerra Mundial i la salut mental fràgil de l’esposa fan que el marit confessi que aquells «dies de catàstrofe precipitada i alhora en càmera lenta van ser els més terribles i angoixants de la meva vida». Però tots dos procuren viure la catàstrofe amb naturalitat, sense fer-ne gaire cas. ¿No és el que fem nosaltres amb les catàstrofes individuals o col·lectives que ens trasbalsen?
    Als records vívids del marit, els acompanyen tres contes de Virginia Woolf. Són La fascinació de l’estany, Un poble de mar i El llegat. Llegint-los s’entén per què els hem aplegat aquí. Al primer, hi sentim el desesper de la veu de la noia que s’havia ofegat al llac. I és que de vegades la literatura, com Cassandra, ens avisa del que vindrà.» (CONTRAPORTADA)
Querido: Creo que voy a enloquecer de nuevo. Siento que no podemos atravesar otro de esos tiempos horribles. Y esta vez no me recuperaré. Comienzo a escuchar voces y no puedo concentrarme. Así que voy a hacer lo que creo que es lo mejor.
    Tú me has dado la mayor de las felicidades posibles. Has sido, en todos los sentidos, todo lo que alguien puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que llegó esta enfermedad. Y ya no puedo seguir peleando. Sé que estoy arruinando tu vida, Lina que sin mí podrás trabajar. Y lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto con propiedad. No puedo leer.
    Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo... e increíblemente bueno. Quiero decirlo, aunque todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera salvarme solo podrías haber sido tú. Todo se ha marchado de mí, salvo la certeza de tu bondad. Y no puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas puedan ser más felices de lo que nosotros hemos sido. V.

lunes, 11 de febrero de 2019

Una habitación propia, de Virginia Woolf


Virginia Woolf (1882-1941)
UNA HABITACIÓN PROPIA
[A room of one's own, 1929]
Trad. Laura Pujol
Austral, 2017 - 160 págs.

[sí, pero (me cuesta)]

«Os he dicho durante el transcurso de esta conferencia que Shakespeare tenía una hermana; pero no busquéis su nombre en la vida del poeta escrita por Sir Sydney Lee. Murió joven... y, ay, jamás escribió una palabra. Se halla enterrada en un lugar donde ahora paran los autobuses, frente al «Elephant and Castle». Ahora bien, yo creo que esta poetisa que jamás escribió una palabra y se halla enterrada en esta encrucijada vive todavía. Vive en vosotras y en mí, y en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama. Pero vive; porque los grandes poetas no mueren; son presencias continuas; sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne. Esta oportunidad, creo yo, pronto tendréis el poder de ofrecérsela a esta poetisa. Porque yo creo que si vivimos aproximadamente otro siglo —me refiero a la vida común, que es la vida verdadera, no a las pequeñas vidas separadas que vivimos como individuos— y si cada una de nosotras tiene quinientas libras al año y una habitación propia; si nos hemos acostumbrado a la libertad y tenemos el valor de escribir exactamente lo que pensamos; si nos evadimos un poco de la sala de estar común y vemos a los seres humanos no siempre desde el punto de vista de su relación entre ellos, sino de su relación con la realidad; si además vemos el cielo, y los árboles, o lo que sea, en sí mismos; si tratamos de ver más allá del coco de Milton, porque ningún humano debería limitar su visión; si nos enfrentamos con el hecho, porque es un hecho, de que no tenemos ningún brazo al que aferrarnos, sino que estamos solas, y de que estamos relacionadas con el mundo de la realidad y no sólo con el mundo de los hombres y las mujeres, entonces, llegará la oportunidad y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado. Extrayendo su vida de las vidas de las desconocidas que fueron sus antepasadas, como su hermano hizo antes que ella, nacerá. En cuanto a que venga si nosotras no nos preparamos, no nos esforzamos, si no estamos decididas a que, cuando haya vuelto a nacer, pueda vivir y escribir su poesía, esto no lo podemos esperar, porque es imposible. Pero yo sostengo que vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena.» (págs. 152-153)

martes, 21 de abril de 2009

Las ventajas del azar

A. en en puente de Brooklyn long time ago
Faràs dos trucs i t’obriré la porta
i no em sabré avenir que siguis tu.
Et faré entrar al meu pis, que desconeixes
i que només és fet per subsistir-hi.
Però m’hi trobaràs, qui sap per quin
designi inescrutable. Així que et fiquis
al menjador, veuràs el teu retrat
i els nostres llibres. Sonarà el nocturn.
Fullejaràs potser Virginia Woolf.
Vindré darrera teu, amb el desig
de sentir els teus cabells damunt la galta.
Amb tota la tendresa, et faré asseure
en un dels vells seients que compartíem
(durant els últims temps hi estudiaves
el llarg monòleg d’una dona sola
que tu no vas ser mai). Al teu davant,
espiaré els teus ulls, el dolç somriure
dels teus llavis amables, mig oberts,
i tot acabarà en una abraçada
que serà la primera. No hi haurà
ni passat ni futur. Tot serà lògic.
I aquest poema mai no haurà existit.

Feliu Formosa
Del llibre Cançoner
Harás sonar el timbre un par de veces,
iré a abrirte, y no acertaré a explicarme
tu presencia. Te haré entrar en mi piso
que no conoces y en el que subsisto
tan sólo, pero allí me encontrarás,
quién sabe por qué azar inexplicable.
Ya en la sala de estar, verás tu foto
y nuestros libros. Sonará el nocturno.
Hojearás tal vez Virginia Woolf.
Te seguiré, ansioso de sentir
cómo tu pelo roza mi mejilla.
Te guiaré con ternura infinita
hasta uno de los viejos butacones
que compartimos y en el que estudiaste
el soliloquio de una mujer sola
que tú no fuiste nunca. Frente a ti,
espiaré tus ojos, la sonrisa
de tus labios amables, entreabiertos,
y el abrazo en que vamos a fundirnos
será el primero, fuera del pasado
y del futuro. Todo será lógico.
Y este poema nunca habrá existido.

Traducción de Feliu Formosa
De Hora en limpio

lunes, 2 de marzo de 2026

Como anillo al cuello, Purificació Mascarell


Purificació Mascarell (Xàtiva, 1985)
COMO ANILLO AL CUELLO
LA OPRESIÓN MATRIMONIAL EN LA LITERATURA FEMENINA
Ariel, 2024 - 200 págs. - inicio

— La boda como cárcel, María Palau
— Purificació habla con Andrea Proenza
— Pardo Bazán, Elena Fortún... Escritoras que contaron el matrimonio como historia de terror, Áng. Castellano
— Guía literaria para las asqueadas del matrimonio, Noelia Ramírez
[terrorífico]

«Para millones de mujeres, el pequeño aro que adorna su dedo anular y que según la tradición simboliza el amor, ha constituido, más que un anillo, una argolla vital: el sometimiento impuesto por el matrimonio en forma de esclavitud sexual, cautiverio en el hogar, alienación como madresposas y toda clase de violencias machistas, en la mente y en la piel.
    Aunque el silencio ha borrado la mayoría de los testimonios, muchas escritoras han querido relatar esta opresión en sus novelas. George Sand, Mercè Rodoreda, Louisa May Alcott, Emilia Pardo Bazán, Edith Wharton, Elena Fortún o Alice Walker han narrado los abusos dentro de la institución matrimonial.
    En este ensayo comprometido con el arte y la dignidad, Purificació Mascarell traza una constelación de autoras rebeldes frente al poder patriarcal. De la mano de pensadoras como Mary Wollstonecraft, Emma Goldman, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir o Kate Millett, quien afirmó que lo personal es político, Como anillo al cuello viaja por la literatura y el feminismo en busca del reverso del amor romántico. Un rescate de las voces femeninas que se han atrevido a cuestionar el destino reservado a las mujeres: casarse y callar.» (CONTRAPORTADA)
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sábado, 19 de abril de 2008

La hermana de Shakespeare

Virginia Woolf
“Y pensé en aquel anciano caballero, que ahora está muerto, pero que era un obispo, creo, y que declaró que era imposible que ninguna mujer del pasado, del presente o del porvenir tuviera el genio de Shakespeare. (…)

A pesar de todo no pude dejar de pensar, mirando las obras de Shakespeare en el estante, que el obispo tenía razón cuando menos en esto: le hubiera sido imposible, del todo imposible, a una mujer escribir las obras de Shakespeare en la época de Shakespeare. Dejadme imaginar, puesto que los datos son tan difíciles de obtener, lo que hubiera ocurrido si Shakespeare hubiera tenido una hermana maravillosamente dotada, llamada Judith, pongamos. Shakespeare, él, fue sin duda -su madre era una heredera- a la escuela secundaria, donde quizás aprendió el latín -Ovidio, Virgilio y Horacio- y los elementos de la gramática y la lógica. Era, es sabido, un chico indómito que cazaba conejos en vedado, quizá mató algún ciervo y tuvo que casarse, quizás algo más pronto de lo que hubiera decidido, con una mujer del vecindario que le dio un hijo un poco antes de lo debido. A raíz de esta aventura, marchó a Londres a buscar fortuna. Sentía, según parece, inclinación hacia el teatro; empezó cuidando caballos en la entrada de los artistas. Encontró muy pronto trabajo en el teatro, tuvo éxito como actor, y vivió en el centro del universo, haciendo amistad con todo el mundo, practicando su arte en las tablas, ejercitando su ingenio en las calles y hallando incluso acceso al palacio de la reina. Entretanto, su dotadísima hermana, supongamos, se quedó en casa. Tenía el mismo espíritu de aventura, la misma imaginación, la misma ansia de ver el mundo que él. Pero no la mandaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender la gramática ni la lógica, ya no digamos de leer a Horacio ni a Virgilio. De vez en cuando cogía un libro, uno de su hermano quizás, y leía unas cuantas páginas. Pero entonces entraban sus padres y le decían que se zurciera las medias o vigilara el guisado y no perdiera el tiempo con libros y papeles. Sin duda hablaban con firmeza, pero también con bondad, pues eran gente acomodada que conocía las condiciones de vida de las mujeres y querían a su hija; seguro que Judith era en realidad la niña de los ojos de su padre. Quizá garabateaba unas cuantas páginas a escondidas en un altillo lleno de manzanas, pero tenía buen cuidado de esconderlas o quemarlas. Pronto, sin embargo, antes de que cumpliera veinte años, planeaban casarla con el hijo de un comerciante en lanas del vecindario. Gritó que esta boda le era odiosa y por este motivo su padre le pegó con severidad. Luego paró de reñirla. Le rogó en cambio que no le hiriera, que no le avergonzara con el motivo de esta boda. Le daría un collar o unas bonitas enaguas, dijo; y había lágrimas en sus ojos. ¿Cómo podía Judith desobedecerle? ¿Cómo podía romperle el corazón? Sólo la fuerza de su talento la empujó a ello. Hizo un paquetito con sus cosas, una noche de verano se descolgó con una cuerda por la ventana de su habitación y tomó el camino de Londres. Aún no había cumplido los diecisiete años. Los pájaros que cantaban en los setos no sentían la música más que ella. Tenía una gran facilidad, el mismo talento que su hermano, para captar la musicalidad de las palabras. Igual que él, sentía inclinación al teatro. Se colocó junto a la entrada de los artistas; quería actuar, dijo. Los hombres le rieron a la cara. El director -un hombre gordo con labios colgantes- soltó una risotada. Bramó algo sobre perritos que bailaban y mujeres que actuaban. Ninguna mujer, dijo, podía en modo alguno ser actriz. Insinuó… ya suponéis qué. Judith no pudo aprender el oficio de su elección. ¿Podía siquiera ir a cenar a una taberna o pasear por las calles a la medianoche? Sin embargo, ardía en ella el genio del arte, un genio ávido de alimentarse con abundancia del espectáculo de la vida de los hombres y las mujeres y del estudio de su modo de ser. Finalmente -pues era joven y se parecía curiosamente al poeta, con los mismos ojos grises y las mismas cejas arqueadas-, finalmente Nick Greene, el actor-director, se apiadó de ella; se encontró encinta por obra de este caballero y -¿quién puede medir el calor y la violencia de un corazón de poeta apresado y embrollado en un cuerpo de mujer?- se mató una noche de invierno y yace enterrada en una encrucijada donde ahora paran los autobuses, junto a la taberna del "Elephant and Castle".

Esta vendría a ser, creo, la historia de una mujer que en la época de Shakespeare hubiera tenido el genio de Shakespeare. Pero por mi parte estoy de acuerdo con el difunto obispo, si es que era tal cosa: es impensable que una mujer hubiera podido tener el genio de Shakespeare en la época de Shakespeare. Porque genios como el de Shakespeare no florecen entre los trabajadores, los incultos, los sirvientes. No florecieron en Inglaterra entre los sajones ni entre los britanos. No florecen hoy en las clases obreras. ¿Cómo, pues, hubieran podido florecer entre las mujeres, que empezaban a trabajar, según el profesor Trevelyan, apenas fuera del cuidado de sus niñeras, que se veían forzadas a ello por sus padres y el poder de la ley y las costumbres? Sin embargo, debe de haber existido un genio de alguna clase entre las mujeres, del mismo modo que debe de haber existido en las clases obreras. De vez en cuando resplandece una Emily Brönte o un Robert Burns y revela su existencia. Pero nunca dejó su huella en el papel. Sin embargo, cuando leemos algo sobre una bruja zambullida en agua, una mujer poseída de los demonios, una sabia mujer que vendía hierbas o incluso un hombre muy notable que tenía una madre, nos hallamos, Una habitación propiacreo, sobre la pista de una novelista malograda, una poetisa reprimida, alguna Jane Austen muda y desconocida, alguna Emily Brontë que se machacó los sesos en los páramos o anduvo haciendo muecas por las carreteras, enloquecida por la tortura en que su don la hacía vivir.”

Virginia Woolf (Gran Bretaña, 1882-1941)
Una habitación propia, 1929
Traducción de Laura Pujol
Seix Barral, Biblioteca Formentor, 2002

viernes, 5 de junio de 2015

M. Ángeles Cabré: A contracorriente
Escritoras a la intemperie del siglo XX

Pizarnik, Woolf, Némirovsky, Dinesen, Arendt, Morante, McCullers, Rodoreda
«En su Diario, Pizarnik escribió: "Antonio Requeni [su amigo y vecino] me ruega que le explique mis versos. Sonrío tristemente. ¿Y a mí, quién me los puede explicar?". Quizás hubiera en ellos algo de ignoto, de profecía ("mi Casandra chic", la llamaba Mugica Laínez).
  Alejandra se suicidó con una sobredosis de Seconal junto a un ejemplar de Niebla, de Unamuno, que pidió prestado a un amigo; esa nivola, que no novela, en la que Augusto, el protagonista, quiere suicidarse y no puede. Un gesto literario, tal como le corresponde a Alejandra. Se fue con su letra pequeña, su pequeña estatura y sus inusuales palabras: "Yo no sé hablar como todos. Mis palabras son extrañas y vienen de lejos. Me iré y no sabré volver". Ya dijo Hölderlin que la poesía era un juego peligroso. Lo fue también para esta poeta de alas temblorosas pero alto vuelo.»
M. ÁNGELES CABRÉ
A contracorriente
Escritoras a la intemperie del siglo XX

Ed. Elba, 2015

lunes, 6 de abril de 2026

Querida amiga, desde mi vida te escribo a tu vida, Yiyun Li


Yiyun Li (Pekín, 1972)
QUERIDA AMIGA, DESDE MI VIDA
TE ESCRIBO A TU VIDA

[Dear friend, from my life I write to you in your life, 2017]. Trad. Virginia Higa
Chai Editora, 2024 - 176 págs. - inicio

— Sobre vida, muerte y libros, Glady Juria
— Sobre el tiempo, el presente, el pasado y el futuro, Aloma Rodríguez
— Cuando el autor desaparece en la ficción, Tomás Villegas
[no era para mí]

«“Durante años he tenido la creencia de que todas mis preguntas serán respondidas por los libros que estoy leyendo. Los libros, sin embargo, solo llevan a otros libros”. En Querida amiga, desde mi vida te escribo a tu vida Yiyun Li entrelaza memorias y relatos personales con un recorrido por los escritores que la acompañaron durante su vida. Con la idea de que “cualquier mente joven tiene que enamorarse de un libro alguna vez para aprender a leer”, la autora relata sus primeras lecturas, cómo llegó a esos autores y los efectos que tuvieron en ella. También disecciona su manera de leer, en la que los diarios y cartas de escritores tienen un rol fundamental: “He abandonado muchas novelas que me aburrieron pero nunca he dejado a la mitad el recorrido de un escritor en cartas o diarios”.
    Yiyun Li parece preguntarse por la escritura y la lectura como una forma de indagar sobre cuestiones fundamentales: ¿por qué se resiste a escribir sobre su madre?, ¿cuáles son las implicancias de abandonar la lengua materna en la escritura y en los recuerdos?, ¿de qué sirven los relatos que armamos sobre nosotros mismos?, Este, sí: A la natura les coses simplement creixen, Yiyun Li ¿es posible establecer un límite entre la ficción y la escritura autobiográfica?, ¿es escribir una forma de evitar el contacto o un intento por establecer un diálogo?
    Acompañada de escritores como Katherine Mansfield [de quien toma el título del libro], Virginia Woolf, Søren Kierkegaard y Philip Larkin, la autora plantea preguntas que se replican hasta el infinito para condensar quizás una única certeza: que la literatura puede ser un consuelo en medio del dolor y el sufrimiento.» (CONTRAPORTADA)

martes, 27 de marzo de 2012

La sargento Margaret y el placer

Libros al peso en Barcelona, frente al Palau de la Música
«(…) En “Código Best Seller” (temas de hoy, 2010) de Sergio Vila-Sanjuán –libro que te recomiendo- el prólogo lo escribe José Antonio Marina. En la página 16 escribe el filósofo que los best sellers activan las tres clases diferentes de deseos de la persona: de placer, de socialización y de ampliación de posibilidades.
   Te cito, a partir de ahora, textualmente:
   “El primer gran deseo es la búsqueda de placer: ¿Qué placer se busca en el best seller? Ante todo, el que acompaña a nuestra necesidad de escuchar historias, por eso suelen ser libros en los que pasan muchas cosas. En segundo lugar, a nuestra necesidad de emocionarnos. Ya lo dijo Virginia Woolf: “A la gente le gusta sentir”, por eso los best sellers usan mecanismos eficaces para suscitar emociones universales: (…) Por último acudimos a esos libros –como a la TV o al cine- para huir del aburrimiento, para divertirnos, para descansar, entretenernos, matar el tiempo, y por eso deben captar la atención inmediatamente, “interesarnos” (-inter-esse- es meternos en medio del asunto)”
   Yo (como mujer que soy, dirán algunos) tengo una mente muy complicada, de lo cual me alegro. Tan complicada es mi cabeza que hay días que necesito sentimientos en vena, que vayan directos al lugar dentro de mi cerebro que procesa los placeres. Esos días no quiero pensar, no quiero razonar. Esos días no quiero leer dos veces la misma frase. Esos días necesito que me complazcan con rapidez. Me gusta la literatura y me gusta leer. Mucho. Por eso soy omnívora. No tengo prejuicios y busco el placer. Unos días ese placer puede venir de un libro de Dostoievski y otros de un libro de María Dueñas. Los prejuicios –tú lo sabes bien, no hace falta que te lo diga- son el cáncer del amante de la literatura.
   Hay que comer de todo como nos decían nuestras madres cuando no queríamos terminar las judía verdes de la cena (…)»
Libros al peso en Barcelona, frente al Palau de la Música
[venta de libros al peso frente al Palau de la Música de Barcelona]

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Juan Tallón y sus cien espléndidos Libros peligrosos

«A la vuelta de unas pocas entradas, cualquier lector advertirá que Ribeyro es uno de los grandes representantes del arte supremo del fracaso. Esa retórica es peligrosa, pero bella. Si te acercas demasiado a ella, como en el fuego, te expones no tanto a quemarte, que es un accidente, como a arrojarte al fuego mismo, que es una adicción. El fracaso funciona en algunos autores como vicio. Vicio en el sentido de que, po ejemplo, Flaubert decía que era vicio la tristeza. Es fácil entrar y dificilísimo salir. Ribeyro partía cada día, a través del diario, a la busca del fracaso, para narrarlo. Esa prosa, en la que el autor sale derrotado ante la vida, deja horas de lectura que nunca olvidarás. Y cuando alguien habla de diarios, y cita a Gombrowicz, Kafka, los hermanos Goncourt, Piglia, Jünger, Gide, Renard, Tolstoi, Cheever, Pizarnik, Trapiello, Pla, Bioy Casares, tú propones a Ribeyro. Amas a todos los demás, pero en Ribeyro te rebozas, como si te tirases sobre la nieve recién amanecida, pues te gusta cómo se encamina diariamente a la derrota y la convierte en una pieza de arte.» (pág. 167)

[los cuerpos del delito]
· Bandoleros, João Gilberto Noll
· Viaje al fin de la noche, L.F. Céline
· El desierto de los tártaros, Dino Buzzati
· Acerca de la naturaleza, Parménides
· Pedro Páramo, Juan Rulfo
· Mientras agonizo, William Faulkner
· Diarios, Alejandra Pizarnik
· Las armas secretas, Julio Cortázar
· Cecil Taylor, César Aira
· El gran Gatsby, F.Scott Fitzgerald
· Trilogía USA, John Dos Passos
· La vida instrucciones de uso, Georges Perec
· Bouvard y Pécuchet, Gustave Flaubert
· El halcón maltés, Dashiell Hammett
· El extranjero, Albert Camus
· Cuentos reunidos 1 y 2, Roberto Fontanarrosa
· El mejor de los mundos, Quim Monzó
· El temor del cielo, Fleur Jaeggy
· Jakob von Gunten, Robert Walser
· Bartleby y compañía, Enrique Vila-Matas
· Cuentos, Ernest Hemingway
· Ficciones, Jorge Luis Borges
· Crímenes ejemplares, Max Aub
· Extraños en un tren, Patricia Highsmith
· Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski
· La señora Dalloway, Virginia Woolf
· El amante de lady Chatterley, DH Lawrence
· La mujer de tu prójimo, Gay Talese
· Discurso del método, René Descartes
· Caja de herramientas, Fabio Morábito
· Vive o muere, Anne Sexton
· Diarios, John Cheever
· Catedral, Raymond Carver
· No hay bestia tan feroz, Edward Bunker
· El Coronel Chabert, Honoré de Balzac
· El oficio de vivir, Cesare Pavese
· Léxico familiar, Natalia Ginzburg
· Pregúntale al polvo, John Fante
· El guardián entre el centeno, J.D. Salinger
· Conversación en La Catedral, Vargas Llosa
· El astillero, Juan Carlos Onetti
· El proceso, Franz Kafka
· Ángeles derrotados, Denis Johnson
· Dog Soldiers, Robert Stone
· Compañía K, William March
· Las muertas, Jorge Ibargüengoitia
· En busca del tiempo perdido, Marcel Proust
· Juicio universal, Giovanni Papini
· Dinero, Martin Amis
· American Psycho, Bret Easton Ellis
· La novela luminosa, Mario Levrero
· 2666, Roberto Bolaño
· La pasión según G. H., Clarice Lispector
· La noche que llegué al Café Gijón, F. Umbral
· Últimas tardes con Teresa, Juan Marsé
· El día del Watusi, Francisco Casavella
· Submundo, Don DeLillo
· Correr, Jean Echenoz
· Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
· Madrid, 1921. Un dietario, Josep Pla
· La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro
· Tres historias europeas, Lolita Bosch
· A esmorga, Eduardo Blanco Amor
· Trilce, César Vallejo
· Muntaner, 38, José Antonio Garriga Vela
· Las confesiones, Jean-Jacques Rousseau
· El mal de Portnoy, Philip Roth
· Crítica de la razón pura, Immanuel Kant
· Diarios, Iñaki Uriarte
· Una vida de Pierre Menard, Michel Lafon
· Monsieur Teste, Paul Valéry
· Blonde, Joyce Carol Oates
· Jerusalén, Gonçalo M. Tavares
· La conciencia de Zeno, Italo Svevo
· El hombre sin atributos, Robert Musil
· Los domingos de Jean Dézert, La Ville Mirmont
· Ejercicios de estilo, Raymond Queneau
· Mi Nueva York, Brendan Behan
· La conjura de los necios, J. Kennedy Toole
· Bella del Señor, Albert Cohen
· Crash, J. G. Ballard
· Casi invisible, Mark Strand
· El legado de Humboldt, Saul Bellow
· El Día de la Independencia, Richard Ford
· Pájaros de América, Lorrie Moore
· Los otros caminos, Álvaro Cunqueiro
· Tractatus logico-philosophicus, Wittgenstein
· Cuadernos, Emil Cioran
· Respiración artificial, Ricardo Piglia
· Momentos estelares de la humanidad, St. Zweig
· El estilo del mundo, Vicente Verdú
· Quemar los días, James Salter
· La ruina del cielo, Luis Mateo Díez
· Verdes valles, colinas rojas, Ramiro Pinilla
· Crónica de una muerte anunciada, G. Márquez
· La conquista del aire, Belén Gopegui
· La trilogía de Nueva York, Paul Auster
· Desgracia, J. M. Coetzee
· Velocidad de los jardines, Eloy Tizón
· Algo supuestamente divertido que nunca
  volveré a hacer
, David Foster Wallace

martes, 31 de diciembre de 2019

Libros de 2019

  1. Ahir, Agota Kristof
  2. Lectura fácil, Cristina Morales
  3. Chilean Electric, Nona Fernández
  4. El encargo, Javier Melero
  5. Hiere, negra espina, de Claude Louis-Combet
  6. Testimonio materno, Elena Soriano
  7. El reino, Gonzalo M. Tavares
  8. Paraguas en llamas, Jordi Mestre
  9. Canto jo i la muntanya balla, Irene Solà
  10. Europa Automatiek, Cristian Crusat
  11. Contra Amazon, Jorge Carrión
  12. Me llamo Vila-Matas, como todo el mundo, A. G. Porta
  13. El pasajero, Ulrich-Alexander Boschwitz
  14. La peor parte, de Fernando Savater
  15. El colgajo,Philippe Lançon
  16. El buen soldado, de Ford Maddox Ford
  17. De Profundis, de José Cardoso Pires
  18. Corazón giratorio, Donald Ryan
  19. Mirarse de frente, Vivian Gornick
  20. Volverse Palestina, Lina Meruane
  21. El amigo, Sigrid Nunez
  22. La revolución de las flâneuses, Anna Maria Iglesia
  23. Mi cuerpo también, Raquel Taranilla
  24. Manifiesto incierto, Frédéric Pajak
  25. Todos llevan máscara, Laura Freixas
  26. Desierto sonoro, Valeria Luiselli
  27. Susan Sontag, la entrevista completa de 'Rolling Stone', Jonathan Cott
  28. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana Tibuleac
  29. Aquí y ahora, Miguel Ángel Hernández
  30. Sigo aquí, Maggie O'Farrell
  31. Un día en la vida de un editor, Jorge Herralde
  32. Abecedario de las muñecas, Camilla Grudova
  33. El coste de vivir, Deborah Levy
  34. Cosas que no quiero saber, Deborah Levy
  35. Mi padre, el pornógrafo, Chris Offutt
  36. El Director, David Jiménez
  37. A mí no me iba a pasar, Laura Freixas
  38. El increíble viaje de las plantas, de Stefano Mancuso
  39. Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado
  40. Zuleijá abre los ojos, Guzel Yájina
  41. La noche fenomenal, Javier Pérez Andújar
  42. La biblioteca en llamas, Susan Orlean
  43. Retrato del futbolista adolescente, Valentín Roma
  44. Mi marido es de otra especie, Yukiko Motoya
  45. El frío, Thomas Bernhard
  46. El aliento, Thomas Bernhard
  47. Otra vida por vivir, Theodor Kallifatides
  48. Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar
  49. Claus y Lucas, Agota Kristof
  50. El poeta que rugió a la luna y se convirtió en tigre, Atsushi Nakajima
  51. Cárdeno adorno, Katharina Winkler
  52. Teoria King Kong, Virginie Despentes
  53. Diario de la caída, Michel Laub
  54. Zami. Una biomitografía, Audre Lorde
  55. Iluminada, de Mary Karr
  56. Un occidental en Japón, Donald Keene
  57. La dependienta, Sayaka Murata
  58. Distraídos venceremos, Andrea Valdés
  59. Esta bruma insensata, Enrique Vila-Matas
  60. Los antepasados, Mary Ann Clark Bremer
  61. Una pena en observación, C.S.Lewis
  62. Papeles Falsos, Valeria Luiselli
  63. Cuaderno [...] duelo, Miguel Ángel Hernández
  64. Sita, Kate Millet
  65. La analfabeta, Agota Kristof
  66. Tierra de mujeres, María Sánchez
  67. Sujeto elíptico, Cristian Crusat
  68. Cabinet d´amateur, una novela oblicua, Enrique Vila-Matas
  69. Desembalo mi bibiblioteca, Walter Benjamin
  70. Conviene tener un sitio adonde ir, Emmanuel Carrère
  71. Desde esta colina, Sue Hubbell
  72. América, Manuel Vilas
  73. Mi vida en la carretera, Gloria Steinem
  74. La campana de cristal, Sylvia Plath
  75. Feliz final, Isaac Rosa
  76. Una habitación propia, Virginia Woolf
  77. La única historia, Julian Barnes
  78. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, Maya Angelou
  79. Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino
  80. Una curiosidad insaciable, Richard Dawkins
  81. El monarca de las sombras, Javier Cercas
  82. Relato de mi vida, Thomas Mann
  83. Claudio López de Lamadrid, editor
  84. Conversaciones entre amigos, Sally Rooney
  85. Saliendo de la estación de Atocha, Ben Lerner
  86. Mamá, Luis Antonio de Villena


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viernes, 14 de mayo de 2021

Cómo acabar con la escritura de las mujeres, de Joanna Russ



Joanna Russ (Nueva York, 1937 – Tucson, 2011)
CÓMO ACABAR CON LA ESCRITURA DE LAS MUJERES
[How to Suppress Women's Writing, 1983]
Prólogo de Jessa Crispin
Trad. Gloría Fortún
Barret, Dosbigotes, 2018 - 264 págs. - paz

- Cómo ignorar, condenar y menospreciar la obra de las mujeres, Fátima Elidrissi
- La literatura masculina no existe porque es toda, Marta Maldonado
- Once estrategias para que las mujeres no vuelvan a escribir, Lorena G. Maldonado
- "Solo tiene un libro bueno" y otras 10 formas de ridiculizar a las mujeres que escriben, Mónica Zas Marco
[pues eso]

«En Cómo acabar con la escritura de las mujeres la galardonada novelista y ensayista Joanna Russ expone las estrategias sutiles, y no tan sutiles, que la sociedad usa para ignorar, condenar o menospreciar a las mujeres que producen literatura. Publicada originalmente en 1983 y nunca traducida al español, esta obra, tan relevante hoy como entonces, ha motivado a generaciones de lectores con su poderosa crítica feminista. Con un tono sarcástico e irreverente, Russ examina las fuerzas que sistemáticamente impiden un amplio reconocimiento del trabajo creativo de las mujeres. La autora se centra en la literatura escrita en inglés a la hora de analizar los once patrones que se repiten para acabar con la escritura de las mujeres, y es por eso que encontramos nombres de escritoras clásicas y contemporáneas, como las hermanas Brontë, Sylvia Plath, Emily Dickinson, George Eliot, Tillie Olsen, Katherine Mansfield, Rebecca Harding Davis, Anaïs Nin, Sara Teasdale, Anne Sexton, Adrienne Rich, Margaret Cavendish, Mary Shelley, Mary Hogarth, Mary McCarthy, Ursula K. Le Guin, Elizabeth Barrett Browning, Kate Millet, Charlotte Mew, Joan Didion, Susan Sontag, Dorothy Richardson, Alice Sheldon, Christina Rossetti, Amy Lowell, Aphra Behn, Anne Finch, Virginia Woolf, Hilda Doolittle, Marianne Moore, Jane Austen o Jane Anger, entre muchas otras. Si algunas ni siquiera os suenan, Russ os explica por qué.» (PROMO)

Joanna Russ "Muestra indignación sin ser pretencioso, es exhaustivo sin ser aburrido y es serio sin carecer de sentido del humor. Aunque se publicó hace treinta y cinco años no describe un mundo muy diferente al que habitamos en la actualidad", del prólogo de Jessa Crispin, autora de Por qué no soy feminista: un manifiesto feminista.

sábado, 26 de septiembre de 2020

¿Qué estás mirando?, de Will Gompertz


Will Gompertz (Kent, Gran Bretaña, 1965)
QUÉ ESTAS MIRANDO?: 150 AÑOS DE ARTE MODERNO EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS
[What Are You Looking At?: 150 Years of Modern Art in the Blink of an Eye, 2012]
Trad. Federico Corriente Basús
Taurus, 2017 - 480 págs. - inicio

- Guía de los movimientos de arte moderno
- Piensa como un artista, Will Gompertz
[formidable (pero en mi cabeza no cabe tanta información)]

«Hay quien dice que cuando Virginia Woolf escribió "En torno a diciembre de 1910 cambió el carácter humano" en su célebre ensayo de 1923 Mr. Bennet and Mrs. Brown, estaba aludiendo a la exposición de Fry de 1910. La vida, realmente, sí había cambiado para él. Había organizado la exposición de las Grafton Galleries tras haber sido despedido como conservador del Metropolitan de Nueva York después de una discusión con el entonces director, el financiero John Pierpont Morgan (conocido como J.P. Morgan), que era quien le había contratado. Hasta ese momento, la relación profesional había sido mutuamente beneficiosa: el ojo de Fry y el dinero de Morgan iban de la mano. Fue entonces cuando Fry descubrió la vanguardia parisina, lo que le cambió no solo a él, sino su manera de entender el arte. Dejó su labor como conservador del arte del pasado y centró sus esfuerzos en el arte del presente. en 1909 publicó su Essay on Aesthetics, en el que describe el posimpresionismo como "el descubrimiento del lenguaje visual de la imaginación".

Ahora, en el orden general de las cosas, esta afirmación carece de sentido, dado que la mayor parte del arte anterior al impresionismo era también invención. ¿Se puede decir que el techo de la Capilla Sixtina que pintó Miguel Ángel no es "el lenguaje visual de la imaginación"? Sin embargo, en el contexto de un movimiento artístico que se había desarrollado a partir de la adherencia estricta del impresionismo a la objetividad y a la cotidianidad, sí tiene sentido. A su manera, cada uno de los cuatro posimpresionistas (Fry incluyó a Matisse y a Picasso en su exposición de 1910, pero bajo las categorías, al menos temporalmente, del fauvismoy el cubismo) descubrió una poderosa poción artística cuando combinaron lo fundamental de los principios del impresionismo con "el lenguaje visual de la imaginación".» (pág. 78)

miércoles, 18 de marzo de 2026

Relíquia, Pol Guasch


Pol Guasch (Tarragona, 1997)
RELÍQUIA
Anagrama y Anagrama, 2026 - 152 págs. - inici

— Recalar como por un tobogán, Juan Tallón
— Mirar la muerte permite burlarla, Álex Vicente
— Pol Guasch en Página Dos
— Pol habla con Leticia Blanco
— La mirada de la pérdida, Anna Maria Iglesia
— Explicar-se l’inexplicable, Ponç Puigdevall
[íntim, poétic, valent, brillant]

«Deu anys després de la mort del seu pare, el narrador d’aquest llibre decideix escriure-la. Amb l’ombra del suïcidi que priva el dol, es pregunta: és possible trobar les paraules d’un comiat que no es va produir? Així, aquest relat personal i íntim esdevé una recerca per entendre com es forgen els vincles familiars, a què condemna el silenci, on s’amaga la veritat d’una història.
    Però l’escriptura falla, i l’autor recorre a les biografies d’escriptors que es van suïcidar i a les seves darreres notes per reconstruir un adeu possible, temptatiu. Serà només amb una narració polifònica i coral que podrà tornar als racons oblidats de la pròpia vida, allà on la memòria es torna buit.
    Relíquia es transforma, aleshores, en una crònica familiar que conté una reflexió sobre l’arribada a l’escriptura i el sentit de la creació; un text sobre la mort i l’absència que condueix als moments més relluents de l’amistat i l’amor. Amb un estil contingut, sense revolts, Pol Guasch ha bastit un llibre delicat i vital: una elegia fulgurant.» (CONTRAPORTADA)
:: Anne Sexton :: Miyó Vestrini :: Marina Tsvetàieva :: Alejandra Pizarnik :: Robert E. Howard :: Viola Garvin :: Sylvia Plath :: Nicholas Hugues :: Assia Wevill :: John Berryman :: Marguerite Duras :: Clarice Lispector :: Delphine de Vigan :: John Kennedy Toole :: Henri Roorda :: Jaques Rigaut :: David Foster Wallace :: Virginia Woolf :: Arthur Cravan :: Hart Crane :: Yukio Mishima :: Serguei Iessenin :: Dylan Thomas :: Lucia Berlin :: Terry Kutz ::

martes, 6 de agosto de 2024

La viajera de noche, de Laure Adler


Laure Adler (Caen, Francia, 1950)
LA VIAJERA DE NOCHE
[La voyageuse de nit, 2022]
Ariel, 2022 - 192 págs. - inicio

— La vejez, instrucciones de uso, Lola Galán
— Je suis vieille et je vous emmerde
— Le privilège de l'âge
[sí]

«Actualmente cumplir años se ha convertido en una desgracia o, como mínimo, en un proceso que la sociedad rechaza y silencia. Frente a esta realidad, esta hermosa obra nos revela no solo los estereotipos y prejuicios que rodean la edad madura, sino el valor que pueden tener el sentimiento de finitud y la experiencia de lo vivido.
    Entremezclando experiencias personales, anécdotas y referencias a autores como Herman Hesse, Annie Ernaux, Elias Canetti, Marguerite Duras, Virginia Woolf, Roland Barthes y un largo etcétera, este libro nos muestra que, si sumar años está visto como una fatalidad, saber envejecer es una posibilidad e incluso un privilegio. No hay duda de que la vejez supone una aceptación, tal vez un desdoblamiento de uno mismo —te ves distinto de lo que has sido—, pero esta aceptación pasa por mantener el deseo de vivir.
    La viajera de noche no es una guía para envejecer bien, es un grito contra la invisibilidad y el rechazo a los que se exponen los viejos y, sobre todo, las viejas, así como una invitación a oponerse a la exigencia de la sociedad contemporánea de que nos hagamos mayores en silencio y de forma disimulada. Como dijo Simone de Beauvoir: La vejez es una cuestión de civilización. ¡Continuemos con la batalla!» (CONTRAPORTADA)

miércoles, 22 de enero de 2025

Póquer de ases, Manuel Vicent


Manuel Vicent (Villavieja, Castellón, 1936)
POQUER DE ASES
Ilustraciones de Fernando Vicente
Punto de Lectura, 2011 - 320 págs. - inicio

:: territorio 2005 :: moléculas 2008 :: navegar 2008 :: esclavos 2008 :: enter 2011 :: diguem no 2014 :: cormoranes 2018 :: exilios 2021 :: mientras viva ::
[arqueológico]

«La vida es un caos entre dos silencios, según Samuel Beckett; ningún sabor es comparable al del pecado, dice Graham Greene; para Joseph Conrad el mar es una moral; el ciego Borges solo vislumbra la luz del ámbar; las páginas de Dorothy Parker liberan un humo de lejanas fiestas junto con el jazz, los martinis y las franelas blancas de Scott Fitzgerald; la culpa te convertirá en el escarabajo de Kafka mientras Bioy Casares se seduce a sí mismo ante el espejo y Virginia Woolf se adentra en el río con el abrigo cargado de piedras. En este libro no hay retratos sino radiografías de grandes escritores contemporáneos. En ellas, si se miran al trasluz, como las placas de rayos X, aparecerá todo lo que nuestra memoria debe a su genio.» (CONTRAPORTADA)
MIENTRAS VIVA, Manuel Vicent, El País, 18/06/2023
«Llegó la muerte sigilosamente de madrugada y con una certera puñalada se llevó al ser que más queríamos. Qué artera ha sido la muerte, que en vez de dármela a mí eligió solo herirme en ese punto que más me podía doler. Nunca hay suficientes lágrimas a la hora de enterrar a un hijo. Ningún dolor puede ser tan profundo. Sé muy bien que con el tiempo todo se desvanece, pero, mientras viva, ni el tiempo ni la muerte podrán arrebatarme nunca el amor que sentía por mi hijo y el que él me regalaba con su furiosa alegría de vivir. La gloria es la única inmortalidad que está en poder de los humanos. “No consientas ―dice Isócrates― que toda tu naturaleza sea destruida a la vez; por el contrario, ya que te tocó en suerte un cuerpo mortal, intenta dejar el recuerdo inmortal de tu espíritu”. Cuando empezó a ejercer de corresponsal en La Habana, mi hijo me pidió algunos consejos. Le dije: ”Mauri, no uses adjetivos en los que podrías verte involucrado y desprotegido. El verbo es la acción con que se definen los hechos. Así lo han usado siempre los grandes periodistas. El prestigio de un corresponsal consiste en estar bien informado. Sé leal, solidario y generoso con los compañeros. Por lo demás, hazme el favor de no vivir tan deprisa”. Eso es lo que pasó, que el fuego de su vida encontró demasiado pronto sus cenizas. Vuela ahora mi pensamiento hacia los días felices del pasado, a los veranos compartidos con los amigos en que salíamos juntos a navegar. Esta vez la quilla partirá en dos su memoria y las olas batirán con ella los costados del barco. Llegará el otoño y su silueta se confundirá con una de las hojas doradas arrastrada por el viento y luego se irán alejando su voz y sus risas hasta perderse en la niebla de un extraño aeropuerto donde se embarcan solo las almas y allí ante la última aduana le diré: buen viaje, Mauri. Llámame en cuanto llegues a La Habana.»